El mundo al “verrés”
Cuando “la lucha contra el narcotráfico ha sido nacionalizada”, las ratas cuidan el queso, los lobos a las ovejas, el cóndor vuela sin alas y los árboles orinan a los perros: ¿fábula o chiste? Todo es carnaval en el diario “vivir bien” de esta república quinceañera y plurinacional. La corrupción es legal. La mentira una virtud. El odio un requisito. La ignorancia necesidad y el engaño universal. Cambalache… aún suena en las cloacas y la cortina de humo nunca falla: intercambiar al narcopolicía Dávila por Murillo y Sánchez Berzaín. ¿Cómo llegamos a enlodarnos tanto?
Hay éxitos circunstanciales que son fracasos futuros. Abundan en el “proceso de cambio”. Uno de ellos es haber puesto la justicia en manos de personas que dominan el arte de arrastrarse. Dinero y poder terminaron de prostituir su dignidad. Las consecuencias son atroces y afectan a toda la sociedad, en especial a mujeres amenazadas por asesinos y psicópatas sexuales en libertad por “buen comportamiento” y certificado médico. La (in)justicia pasa: quedan los cadáveres y las familias de las víctimas... ¿Quién responde por esas muertas que nadie puede enterrar?
En su torpeza por calmar la indignación ciudadana, los reformadores malEVOs del Poder Judicial, aquellos que lo repartieron “democráticamente” entre sus militantes, quieren —otra vez— “reformarlo” con una “comisión que investigará la impunidad en 120 feminicidios”. El feminicidio, sin embargo, no se reduce al delito de asesinar a una mujer, independientemente del género de quien lo cometa. Es, sobre todo, la manifestación extrema del abuso y la violencia machista hacia mujeres. Se produce por cualquier tipo de violencia de género, como pueden ser las agresiones físicas, el maltrato sicológico, la violación, la mutilación genital o la maternidad forzada. Imagino que éstos, y otros delitos, van a generar MAS “comisiones” de funcionarios “mazistas” cuyo resultado es previsible: despilfarro de recursos, humo negro y falta de pruebas.
No creo en soluciones rápidas para “enmendar la justicia” ¿es eso posible? Ni comisiones, ni cumbres, ni referéndums van a funcionar. El meollo es la independencia y continuidad del Poder Judicial. Si el presidente Arce quiere dar el primer paso de una reforma real, debe pedir a la bancada del MAS —no al “mazismo” del “Jefazo”— restablecer los dos tercios en la Asamblea. Así, tras arduas negociaciones, los parlamentarios designarían jueces vitalicios en Tribunal Supremo de Justicia y en los tribunales departamentales, con base en la meritocracia. Esto para empezar.
La solución a largo plazo —para cuando estemos muertos y vivan nuestros hijos— es desarrollar una política de Estado e invertir prioritariamente en educación. La crisis de hoy, muchos lo olvidan, es una crisis general de valores donde la corrupción se ha hecho aceptable. No es un fantasma: la vemos y sufrimos cada día. Sus daños son evidentes y su alcance universal. Pero no sólo el MAS: todos somos culpables, en especial los “mazistas”. La estupidez, el conformismo y la cobardía parecen guiar nuestros actos. Estamos perdiendo la capacidad de soñar y actuar en armonía por un futuro mejor y para todos. No queremos darnos cuenta de que el recurso más escaso y valioso que tenemos es el capital humano.
Algunos masistas y la “oposición”, cualquier cosa que signifique eso, tienen una leve ventaja en este proceso de descomposición: la conciencia del desmoronamiento plurinacional y la debilidad de valores éticos e institucionales. Los “mazistas”, en cambio, viven en su paraíso tropical-andino defendiendo la “agenda política” de que “Evo Morales no tiene ninguna relación con el narcotráfico, ni con Dávila ni con otro”.
Y están en su derecho. Sería mucho pedir que las vinchucas luchen contra el mal de Chagas. De modo que es inútil e innecesario esperar que piensen en Bolivia y en el futuro. Son tan tontos —y tantos— que sólo se engañan a sí mismos al contemplarse en el espejo viejo del “Jefazo”: avanzar retrocediendo. El verdadero “golpe”, y en plural, lo están dando ellos: a su Gobierno y a la nación. He aquí el tamaño de la cuadratura de su círculo vicioso: el mundo al “verrés”. Vale.
El autor es economista y filósofo
Columnas de GUSTAVO V. GARCÍA




















