El secuestro de la democracia
Cuando la población aún digería los buenos deseos de paz, unidad y prosperidad del “hermano” presidente Luis Arce Catacora a “los hermanos bolivianos”, un “plan negro” pone en funcionamiento la política perversa del mazismo. Santa Cruz, igual que Pando —con Leopoldo Fernández el 2008— sufre el secuestro de su gobernador Luis Fernando Camacho. Se acabó el Estado de Derecho en la “segunda mejor economía del mundo”. ¿Arce sigue borracho? ¿Por qué se esconde y no dice nada?
La política en el Estado Plurinacional es cada vez más insensata y surrealista. Las dictaduras militares siquiera practicaban el arte del disimulo y operaban en las sombras contra los opositores que reclamaban democracia y derechos humanos. Ayer, Día de Inocentes, un Estado “democrático”, utilizando vehículos encubiertos y agentes encapuchados, ha secuestrado, a plena luz del día, al gobernador cruceño. Un editorial de El Deber informa: “interceptaron su vehículo, lo encañonaron con armas de grueso calibre, lo bajaron a la fuerza, agredieron a su chofer y se lo llevaron con rumbo incierto”. El editorial equipara esa conducta “nada democrática” a lo que se hacía en gobiernos de facto. Se equivoca: así operan los mafiosos en las películas.
El presidente Arce, con ese despropósito, ha demostrado ser tonto, inseguro, abusivo o las tres cosas. Su gobierno, sin otra razón que competir con Evo Morales en “radicalidad”, declara la guerra a la región más próspera del país. La violencia vuelve a Santa Cruz, probablemente el paro indefinido y el bloqueo de caminos. También volverán los cercadores y, de nuevo, habrá muertos y heridos: luto en las familias. Esta vez, sin embargo, por las reacciones en el resto de los departamentos, la violencia puede devorar Bolivia. Tal la estupidez de mazistas que celebran la detención de Camacho acusado en el caso “Golpe I”: fraude según la OEA, la Unión Europea, las Naciones Unidas y, sobre todo, la mayoría de los bolivianos.
Los mazistas, esos cínicos de la “democracia” y la “justicia” —muchos, pero minoría—, fomentan el odio y la represión, increpan y calumnian en tropa a la “derecha” y a sus propios “hermanos” traidores que, en la lógica del (Hu)Evo, al no ser “radicales”, son “vendepatrias”. Les fascina el reino del terror. Quieren violencia, enfrentamientos, también muertos, y la sangre en las calles no los detiene… No hay que caer en sus provocaciones. La violencia es el argumento de los bobos.
La gente de Santa Cruz, de forma espontánea, ha reaccionado con acciones cuestionables, lo cual es comprensible por las circunstancias: está enojada. Pero el que se enoja pierde y la furia popular es el peor de los caminos. Momentos difíciles requieren soluciones razonadas. Hay que probar métodos nuevos de resistencia. Repetir lo que parcialmente fracasó no es aconsejable. Santa Cruz tiene ahora la simpatía de todos los bolivianos que defienden el Estado de Derecho y lo que queda de la democracia. Bolivia ama a Santa Cruz: otra cosa es el Estado centralista. El conflicto no es entre “collas” y “cambas” como quieren hacernos creer. La torpeza del gobierno de “renovadores” ha dividido a la nación entre mazistas y demócratas. Los sectores sociales (SS) —las “wawas” del MAS— mimadas por los “hermanos” Arce, Choquehuanca, Morales, Sabandija, Ponzoña, Rufián y compañía, ya han empezado con sus amenazas y chicotazos contra los “divisionistas” cambas y “croatas”, el nuevo eslogan “revolucionario” que ni ellos mismos creen.
En esta coyuntura difícil —los bolivianos somos especialistas en abrir y cerrar las puertas del caos—, los líderes de la oposición, además de denunciar ante la comunidad internacional el atropello del (des)gobierno del MAS, deben formar un bloque colegiado de defensa de la democracia y, junto con los comités cívicos y otras organizaciones sociales, diseñar un plan de resistencia que incluya un juicio de responsabilidades a los verdaderos golpistas al Estado de Derecho: Luis Arce et al.
El liderazgo debe ser a nivel nacional y con objetivos nacionales. No sólo se trata de liberar a Camacho y a los otros presos políticos. La verdadera secuestrada es la democracia que no responde a ningún dogma social y mucho menos a un proyecto electoral: las garantías constitucionales y la supervivencia de Bolivia están en juego. Esto es lo que hay que hacer entender al resto del país. El conflicto no es entre “Santa Cruz” y “Bolivia”. Bolivia no puede existir sin Santa Cruz. Ahora todos somos Santa Cruz para recuperar Bolivia. Vale.
Columnas de GUSTAVO V. GARCÍA















