Productores de estupidez
“El pastor y el lobo” es la fábula recurrente del mazismo. La “derecha”, el “golpe” o el “imperio” —no se sabe si romano o galáctico— son, a falta de un pobre animal en vías de extinción, el pretexto para asustar, agrupar y manipular a sus MASas. El resto lo hacen ellas… y lo hacen bien. Protegidos por la Policía y el aparato judicial, se movilizan con todo pagado para amenazar y agredir a los opositores al “Proceso de cambio”, ciudadanos críticos que a lo sumo intentan preservar una democracia en vías de descomposición.
Las “wawas” del MAS, mimadas y respaldadas por los “hermanos” Morales, Arce, Choquehuanca, Sabandija, Ponzoña, Rufián y compañía, desafían a “puño limpio” al “hermano” gobernador de Santa Cruz, piden guerra civil entre “hermanos”, intentan linchar a “hermanos” reporteros de la prensa independiente —“enemiga del pueblo”— y marchan para cercar y dejar sin alimentos a millones de “hermanos” bolivianos.
Esa MASa de descerebrados, ça va sans dire, anhela MAS violencia porque depende y vive de ella: el conflicto justifica su existencia y función al interior de un Estado mendaz extraviado en sus “contradicciones de base” (Chapare et al.). Hombres y mujeres azules compiten en radicalidad para mostrar su eficacia revolucionaria de quien golpea y patea mejor a los “racistas” y “extranjeros”. Lydia Paty, ¿alguien sabe de qué vive esa señora?, demanda la renuncia de Luis Fernando Camacho como si ella fuera una de las que lo eligieron. Flora Aguilar, ejecutiva nacional de las “bartolinas”, declara, respecto al conflicto por el censo: “Todos estamos en alerta y pie de lucha, esto no puede seguir”. ¡Qué macha, qué macha!, exclamaría mi abuela. ¿Todos y no todas? Tal vez se refiere a mineros patriotas que van a tributar el 4,8%, a interculturales acuartelados en Cuatro Cañadas, Pailón y Buena Vista, a encapuchados de San Julián que amenazan con tomar propiedades privadas, a Ponchos Rojos disfrazados de azules, a resignados funcionarios públicos que cuidan sus pegas, o a amas de casa desempleadas. No me sorprendería que incluso los futboleros jubilados del complejo Cala Cala, sabiamente dirigidos, desde la “punta izquierda”, por el incomparable Licopodio Villazón, se plieguen al vergonzoso y peligroso cerco contra Santa Cruz. Todo es posible.
Lo claro, sin embargo, es que la represión y el cerco del “pueblo” boliviano contra el pueblo cruceño no es una actitud espontánea de los “sectores sociales” (SS). Es un plan diseñado y puesto en práctica, aunque usted no lo crea, por el gobierno de Luis Arce Catacora. Sólo así tiene sentido que el Estado movilice a policías en contubernio con vagos que quieren “trabajar” y malvivientes que maltratan a ciudadanos que ejercitan su derecho, bien o mal, a la protesta pacífica. Esta insensata “política de Estado”, además de ilegal, es criminal e inédita en la historia de las dictaduras: terrorismo de Estado dicen algunos. Incluso el mazismo duro, vía Nelson Cox, exrepresentante de la Defensoría del Pueblo, denuncia que desde el Ministerio de Gobierno y el Ministerio de Justicia inducen a la violencia en Santa Cruz. Pide, por otra parte, “hacer una barrida” de todos los jefes de comunicación de ambos ministerios y sus razones son algo que se pierde en las conjeturas de los malintencionados. Tal vez Nadia Cruz, la exdefensora del pueblo, flamante viceministra de Igualdad de Oportunidades, salga a proponer a Evo Morales como mediador del conflicto. ¿Recuerdan quién ordenó no dejar entrar alimentos a las ciudades capitales cuando todos éramos de la “derecha”, “racistas” y “fascistas”? Repito, todo puede pasar.
El Gobierno, mientras tanto, “quiere” negociar y sigue acarreando policías y funcionarios públicos a Santa Cruz. Actitud coherente para prolongar el conflicto y mantener a los “cercadores” en pie de guerra y siempre listos para asustar a los ciudadanos con sus gritos de “guerra civil” u otras boberías. Su argumento —ahora eslogan— es que son muchos. Estoy de acuerdo. Son muchos del MAS los que producen estupidez, pero no los más de Bolivia, sino los menos. Vale.
Columnas de GUSTAVO V. GARCÍA


















