Sapiens.De animales a dioses
ALICIA CAMPOS SERRANO
Se cumplen ahora 16 años de la primera edición en español, y también en inglés, de uno de los libros de divulgación histórica más exitoso de nuestro tiempo. Sapiens. De animales a dioses. Una Breve historia de la humanidad, del historiador israelí Yuval Noah Harari, ha sido traducido a más de 60 idiomas, ha vendido decenas de miles de ejemplares y ha convertido a su autor en referente intelectual a nivel internacional.
Sapiens ha tenido además secuelas igualmente influyentes como Homo Deus: Breve historia del mañana, 21 lecciones para el siglo XXI; Sapiens: Una historia gráfica, y Nexus: Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA, además de Imparables, para un público infantil.
Escribir una “breve historia de la humanidad” en menos de 500 páginas no deja de ser audaz y temerario, pero también es digno de encomio. Desde la academia olvidamos con demasiada frecuencia que una de nuestras obligaciones con el público que nos sostiene debería ser la divulgación. Pero esto no resulta siempre fácil, ni el resultado es siempre convincente.
El relato que ofrece Harari es una narración absorbente, en muchos momentos provocadora para el lector no especializado, que obliga a adoptar una visión amplia en la consideración de los acontecimientos históricos.
El autor maneja un rico arsenal de conocimientos provenientes de distintas disciplinas además de la histórica. Eso le permite incorporar algunas de las perspectivas teóricas más recientes, en un lenguaje directo y sugerente.
Harari trata de insertar la historia de la humanidad en la historia más amplia de los homínidos y los animales que han convivido con ellos. Y se atreve a indagar en posibles trayectorias futuras.
Todo esto es arriesgado. Cuando alguien habla de tantas cosas y en tan breve espacio, cualquier especialista en una de ellas podrá siempre señalar que el relato no es completo, que se han obviado muchos aspectos y matices, que se simplifican en exceso procesos sociales muy complejos…
Esta crítica no incidirá tanto en esta dirección, no solo porque sería necesario manejar una erudición tan grande como la que el libro despliega, sino porque puede ser algo injusto exigir profundidad en una obra de esta naturaleza.
Sin embargo, aun moviéndonos en el nivel de la mirada amplia, y a pesar de la evidente maestría del autor, hay carencias y limitaciones que no son tan justificables. La primera es la falta de referencias. En un libro que nos habla de tantísimos periodos y espacios, solo hay un capítulo con 20 notas y otro con 10: el resto contienen un número menor.
A menudo se nos afirma que los expertos han llegado a tal o cual conclusión sin que luego se mencione a los autores en cuestión. Ciertamente, un número de citas excesivas agotaría al público general, pero la ausencia de una bibliografía final, con las obras más importantes utilizadas en cada capítulo, desmerece en gran medida el trabajo de Harari.
Solo a posteriori el autor ha proporcionado referencias bibliográficas adicionales en su página web.
Relacionado con esto, a lo largo del libro se transmite la idea de que efectivamente los especialistas han llegado a las conclusiones que se nos van presentando como definitivas.
En general se nos ocultan los intensos debates que se mantienen dentro de las distintas disciplinas sobre muchos de los aspectos y procesos abordados.
Un libro que reflexiona tanto sobre la importancia de la ciencia, ignora así prácticas básicas en las ciencias sociales como la cita de las fuentes o la mención de las controversias existentes.
El trabajo de Harari pareciera a veces querer configurar una “gran teoría” de la historia humana, una interpretación histórica a la manera del ya denostado Estudio de la Historia, de Arnold J. Toynbee (1933-1961), del aún influyente El moderno sistema mundial, de I. Wallerstein (1974), o del más reciente Armas, gérmenes y acero, de Jared Diamond (1998).
Pero otras veces parece una reunión de teorías menos ambiciosas, no siempre coherentes entre sí. En este sentido, se plantean a menudo argumentos de mayor o menor interés que sin embargo no se siguen en capítulos subsiguientes, quedando como hilos sueltos a lo largo de la trama.
Tal vez fuera mejor considerar el libro como un conjunto de ensayos de carácter historicista, algunos francamente entretenidos (como el capítulo sobre el dinero, o sobre las religiones).
Pero no es esa la intención del propio autor, que pretende ofrecer una visión de conjunto.
Para ello entreteje a lo largo del texto una serie de argumentos fuertes como que el curso de la historia humana se ha conformado a partir de tres revoluciones: la cognitiva hace 70.000 años, la agrícola desde hace 12.000 años y la científica de hace 500 años
Estas revoluciones articulan la estructura básica del libro. Pero la naturaleza misma de la revolución cognitiva y de la revolución científica genera muchos interrogantes.
La primera se refiere a un supuesto cambio radical en la manera de funcionar el cerebro humano, hace 70.000 años, que permitió la producción de utensilios elaborados sin que ello supusiera otros cambios fisiológicos.
Una pregunta inmediata que genera esta idea es ¿cómo pudo afectar esta revolución al cerebro de todos los sapiens, que en ese momento ya estaban desperdigados por el continente africano y habían recorrido el sureste asiático hasta llegar a Indonesia y las costas del mar de China?
Por otra parte, se han encontrado indicios de cultura (huesos grabados, por ejemplo) mucho antes de los 70.000 años e incluso entre otros homínidos cercanos, como neanthertales o denisovanos.
La aparición de decoraciones y artefactos cada vez más sofisticados, para diversos usos y en distintos contextos humanos, puede explicarse mejor como producto de una evolución social, de la capacidad humana de adaptación creativa al medio o de procesos de difusión cultural, que de una revolución cerebral.
Llegados a este punto, y a pesar de todo lo dicho, Sapiens sigue siendo un libro recomendable: es entretenido, nos obliga a repensar cosas que sabemos, y se está convirtiendo en parte del acervo de conocimientos de la gente medianamente informada.
Pero su pretensión de encontrar el sentido del ser humano a partir de su historia, sustituyendo en este intento a la religión o la filosofía, puede dejarnos aún más insatisfechas que estas últimas. Mi sugerencia es destejer la trama de los muy distintos niveles que el autor ha entrelazado, y disfrutar de muchas de sus reflexiones y provocaciones como historias separadas.
























