Empleo digno vs. trabajo decente y “de emergencia”
En los modelos económicos vigentes, el empleo se trata fundamentalmente como tema desde la perspectiva social. Las prioridades estratégicas de las políticas de los gobiernos se limitan a generar ocupaciones “de emergencia”, mientras que las prioridades económicas se focalizan en el crecimiento que, a su vez, se vincula con la explotación de recursos naturales y la captación de capital financiero.
El reciente proceso electoral boliviano ha vuelto a poner en evidencia que, para la gente, esa concepción no responde a sus demandas de empleo estable y de ingresos dignos, denunciando, una vez más, que la incapacidad estructural de la economía para crear empleo aumenta la insatisfacción con el “cuentapropismo obligado” que se oculta bajo el eufemismo de emprendedorismo.
La persistente precariedad del empleo y la insuficiencia de los ingresos laborales generan los mayores impactos negativos en la calidad de vida, originando conflictos personales, familiares y sociales. En lo político, la incapacidad de crear valor y riqueza social con el trabajo humano, como factor central, limita la capacidad de respuesta de los niveles políticos para proveer los servicios y bienes públicos que la sociedad requiere, con lo que las estructuras públicas pierden credibilidad y se acelera la desinstitucionalización.
Los términos “trabajo”, “empleo” y “ocupación” se usan –equivocada, pero frecuentemente− como sinónimos. Lo mismo sucede con los adjetivos “decente” y “digno” que se usan para calificarlos con el fin de resaltar la necesidad de revertir las múltiples formas de precariedad o de abusos en el ámbito laboral.
El Tesauro OIT –un compendio multilingüe, de la Organización Internacional del Trabajo, que recoge términos sobre trabajo, desarrollo económico y desarrollo social– define “trabajo” como “el conjunto de actividades humanas, remuneradas o no, que producen bienes o servicios en la economía, o que satisfacen las necesidades de una comunidad o proveen los medios de sustento necesarios para los individuos”; y, “empleo” como “el trabajo efectuado a cambio de pago (salario, sueldo, comisiones, propinas, pagos a destajo o pagos en especie) sin importar la relación de dependencia del empleado, es decir, si el empleo es dependiente (asalariado), o independiente (autoempleo)”.
Finalmente, ese compendio define “ocupación”, como “actividades en las que la persona ocupa su tiempo”.
En 1999, la OIT adoptó cuatro objetivos estratégicos que deberían ser intrínsecos al “Trabajo decente”: libertad de sindicalización; garantía de no discriminación; protección contra los riegos laborales y seguridad social; y diálogo social. El Trabajo decente incluye actividades o trabajo no remunerado y connota trabajo fundamentalmente asalariado. Sin embargo, la realidad es que, a escala mundial, en América Latina y, muy particularmente, en Bolivia, la gran mayoría del trabajo se ejecuta por cuenta propia y como el único medio de subsistencia personal y familiar, ante la (total) ausencia de redes de seguridad y de protección social.
En 2001, la Fundación Inaset introdujo el concepto de “Empleo digno” porque, primero, a diferencia del trabajo –que puede o no ser remunerado−, el concepto de empleo implica necesariamente una actividad o trabajo remunerado: condición esencial para que la actividad humana permita generar los ingresos que otorguen a las personas un mínimo grado de autonomía y de autoestima personal en las relaciones económicas en la sociedad y con las estructuras del Estado.
Segundo, más allá del respeto a los derechos de las personas o de la calidad de la legislación para defender esos derechos frente a los empleadores, la producción de bienes y servicios con los que se satisfacen las necesidades de la sociedad, debe también ser fuente de satisfacción y de realización de las personas, y debe expresar las relaciones de respeto y de equidad entre las personas y entre las personas y las instituciones.
Además de los rasgos del Trabajo decente, el concepto de “digno” con el que Inaset califica al empleo deseable para la sociedad, implica conceptos y valores relativos a la satisfacción personal, a la concepción social del desarrollo y, especialmente, a la responsabilidad del Estado de garantizar a las personas el derecho a un empleo digno.
Así, reconoce el derecho de las personas a optar entre oportunidades de empleo que permitan satisfacer las necesidades personales y familiares, y que contribuyan a su realización personal sin comprometer el medio ambiente ni las oportunidades de las generaciones futuras; implica orientar las prioridades sociales y los objetivos de la economía para proteger a las personas contra el “cuentapropismo obligado” que impone la autoexplotación de la fuerza de trabajo en tareas o actividades a las que se ven forzadas por necesidad, y sin opción real de elección.
Y también considera al esfuerzo humano como la fuente primaria de generación de valor e ingresos en la sociedad. Eso implica la vigencia efectiva de criterios de distribución equitativa del ingreso entre los factores que contribuyen a crearlo, superando enfoques primarios que consideran, en un extremo, al trabajo como mercancía sujeta a la oferta y la demanda o, en el otro, a la creación de valor simplemente como una fuente de recaudación fiscal.
El concepto del Empleo digno, en resumen, no sólo establece (cualifica) los rasgos distintivos de las actividades humanas deseables en una sociedad productiva, inclusiva y equitativa, sino que lo considera como el fundamento y la condición necesarias para asegurar el crecimiento sostenido −y socialmente sostenible− de la economía, garantizando la equidad y la distribución de la riqueza, y promoviendo el tránsito desde la cultura rentista centrada en los recursos naturales, hacia la cultura productiva que considera al esfuerzo humano como la fuente de la creación sostenible de riqueza para la sociedad.
En consecuencia, es un concepto central para el cambio del paradigma productivo y del patrón de crecimiento necesario para el desarrollo sostenible.
El autor es coordinador del proyecto del cual toma su nombre esta columna
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