Arboleda de la Melchor, Q.E.P.D.
Querida Arboleda que pueblas la avenida Melchor Urquidi: dicen que los homenajes hay que hacerlos en vida y no cuando los seres queridos han partido al baúl de los recuerdos, por eso hoy te doy las gracias por tu existencia. Por abrigar y alimentar a miles de pájaros e insectos y por tu desinteresada labor en oxigenar al barrio de la Recoleta.
Muchos te odian, no te aprecian y celebran con gusto tu muerte. Entre ellos los corruptos funcionarios de la Alcaldía, los dueños de micros y trufis que a cambio de votos obtienen permisos de circulación y rutas, jamás renuevan sus mortíferas chatarras y nos hacen creer que es transporte público, cuando se trata de una mafia de transportistas privados.
Están asimismo los que creen que progreso es una gran avenida yerma y desolada, porque por allí circularán sus vagonetas, el auto de su hijita y la SUV de su yerno. Creen que árboles más jóvenes nos darán más oxigeno sin entender el proceso vital de un árbol. (Me apena tanta falta de sentido común y respeto por la naturaleza).
Tampoco saben cuán valioso es un grillo o un hornero. Pero son diestros en calcular una vacación en Miami o en Buenos Aires y admirar allá el verdor de sus plazas y avenidas.
Lloraré contigo cuando vea caer tus 150 árboles y al Sombrero de Chola de la América y la avenida donde vives.
Lloraré más fuerte cuando nos aceche el cáncer de piel porque nos hemos quedado sin tus sombrillas vegetales y oxigenadoras.
Pasaré a engrosar las filas de quienes se han rendido ante la deforestación, la corrupción, la informalidad, la precariedad económica y se han entregado a los brazos de la indiferencia y el derrotismo.
Eso sí: celebraré por todo lo alto cuando saquemos del baúl de los recuerdos a los planificadores de Cochabamba que soñaron con una laguna de regatas en la zona sur y miles de áreas verdes, sin ceder a los caprichos politiqueros o al lavado de dólares de narcotraficantes ávidos por hacer circular el dinero mal habido en cientos de edificios, construidos como sea y donde sea.
Habrá alguien que dirá “ese planificador tenía razón”. Ese día levantaré mi copa o cuando de una vez por todas saquemos a los corruptos de sus centros de decisión y poder.
Mientras tanto lloraré sobre tu sepulcro vegetal y confirmaré, una vez más, que el cochabambino es un ser depredador por naturaleza.
Paz en tu tumba. Y en la de los picaflores, horneros, abejas, hormigas, moscardones, libélulas, gorriones, arañas, hormigas y otros seres indefensos que perecerán dentro de poco.
La autora es una ferviente defensora de los árboles
Columnas de MÓNICA BRIANÇON MESSINGER





















