Un Zeca Diablo para Sucupira
Este artículo está dedicado al “ilustre” señor alcalde dadivoso, charlatán, corrupto, conquistador y, por qué no decirlo, locuaz, Odorico Paraguazú, quién, ejerciendo como primera autoridad política de Sucupira, ciudad itinerante que aun con el transcurso del tiempo continúa echando raíces en cualquier lugar de esta Latinoamérica ancha y ajena, supo inmortalizar la deleznable bipolaridad de la política: unas veces bondadosa para ganar votos de incautos y, otras, demagógica, crápula y mentirosa a la hora de rendir cuentas de por qué no se cumplió lo prometido.
¡Sea usted bien amado, su excelencia!
Sin más charlatanerías y parafraseando su elocuente máxima: “Dejemos de lado los entretantos y pasemos a los finalmentes”.
Allá por los años 80, una telenovela brasileña, creada por el escritor bahiano Alfredo Dias Gomes y producida por la Rede Globo, eclipsó la visión de la política latinoamericana, incluyendo a sus artífices, los políticos, se entiende.
O bem amado, no solo exhibió el pedigrí de los que practican “el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados” (Groucho Marx). Sino también de lo terrible que puede ser la palabra en la boca de estas criaturas.
Hace unos días, me inquietó recordar esos grandilocuentes discursos de Odorico, eterno politiquero que lo único que deseaba era inaugurar su obra estrella antes de terminar su mandato –un cementerio común y silvestre donde descansarían los sucupiranos plácidamente– presumirla como una de las más brillantes de su gestión y que, entre otras cosas, según sus delirios de grandeza, lo lanzaría, como una jabalina, hasta el Congreso como senador ilustre, o como candidato a la presidencia.
Para mal de Odorico, nadie se moría en el pueblo y su popularidad se deterioraba terriblemente, pues no había cuándo inaugurase su obra estrella. Entretanto, decide contratar a un sicario, Zeca Diablo, para que hiciera el trabajo sucio y matara a alguien y así inaugurar su camposanto. ¡Sorpresa! Zeca Diablo era un tipo limpio y tenía sus normas, solo mataba a las personas malas, y la única persona malvada en Sucupira era Odorico. Finalmente, Zeca mata a Odorico y el cementerio queda inaugurado por obra y gracia de Dios.
Casi 40 años después, Sucupira y su alcalde no murieron, están más vigentes que nunca, viven en cada espacio demagógico y codicioso de los políticos. Promesas, discursos, propuestas, obras y charlatanería. Todo, reunido en un solo as de voluntades: poder, delincuencia, ambiciones políticas y corrupción.
Viendo pasar propuestas y candidatos a la alcaldía y a la gobernación de esta ¡Oh Cochabamba malquerida! un déjà vu me atravesó la memoria.
Esta ciudad, que se merece días mejores, tiene noches negras que no parecen aclararse. Sus candidatos a alcaldes y gobernadores jamás vislumbraron ni vislumbrarán una ciudad a futuro. Sus proyecciones personales y necesidades de bolsillo, son más fuertes que cualquier interés regional.
El progreso de una ciudad se basa fundamentalmente en indicadores básicos: educación vial, servicios, salud, seguridad ciudadana, normas de urbanidad, transparencia, honestidad y, sobre todo, el cumplimiento de las leyes.
Todos los días se registran agresiones a mujeres y niños, feminicidios, muertes, robos e impunidad. El orden social y su prioridad en esta ciudad están olvidados. No existe un plan maestro que responda a los requerimientos urgentes. En tiempos de pandemia, la demagogia de candidatos a la alcaldía y a la gobernación es bestial.
Los Odoricos proponen grandezas en una villa que, desde hace mucho, está largada de la mano de sus autoridades. Cochabamba no para cabeza. Se ha estancado en su avance como ciudad futura y como eje central de producción y distribución de recursos a nivel nacional.
Los candidatos tienen un problema para cada solución. Objetan, estorban, imponen, rechazan, roban, crean mafias, se farrean la plata y en su resaca invitan a los ciudadanos a ser parte de su inoperancia con un algún eslogan que requiera más inversión para lavar la corruptela.
Cochabamba está postergada sin reclamo. Los entretantos son temas que dan urticaria, generalmente son problemáticos porque provienen del diario vivir y de los ciudadanos de a pie y, eso, a los politiqueros oportunistas, no les da para vivir.
Los entretantos requieren de soluciones efectivas y sin corrupción. En cambio, los finalmentes son improvisados y da mucho para vivir, no requieren más que el añorado “sí” del mandamás para consolidarse.
Los finalmentes son obras estrella que, por lo general, exhiben el rostro sonriente del alcalde o gobernador que tuvo la gracia de inaugurarlos y la bendición de llenar sus bolsillos.
Los Odoricos son muchos para esta Sucupira azotada desde años por un saqueo de recursos económicos. Son muchos sátrapas para una ciudad pequeña, desgastada, abandonada y noble. Son muchos buitres para una presa reducida y atacada sin piedad desde hace más de dos décadas.
Los del pasado, gozan sus fechorías con la billetera llena, la panza obesa y el rostro curtido por el descaro. Los que quieren y anhelan la suerte de los Terceros, Cholangos, Leyes y demás alimañas se frotan las manos para calentarlas y prepararlas para futuras acciones en conjunto.
Esta ciudad necesita Zeca Diablos que hagan cumplir la ley. Que les recuerde a los candidatos a gobernadores y alcaldes que detrás de ellos está el orden, el servicio y la justicia.
"Asumo el cargo de alcalde de esta ciudad con las manos limpias y el corazón desnudo, desnudo espiritualmente de cualquier ambición y de gloria”, dice Odorico Paraguazú. ¡Joder!
El autor es comunicador social
Columnas de RUDDY ORELLANA V.




















