El Gobierno, entre copa y Copa
¡MAS de lo mismo!
¿Quiénes esperaban otra cosa?
Al fin de cuentas, es una hechura imperfecta del Jefazo y, como tal, según la tradición político-populista, el que heredera el poder y los destinos de un país por encargo, siempre está condenado a mostrar las reliquias creadas a imagen y semejanza del mentor, al margen de obedecer, está claro.
¡Así es! ¡Árbol que creció torcido durante 14 años, jamás su tronco endereza!
Los delfines son como bobos. Están convencidos de que su horizonte siempre tiene que estar marcado por las huellas del amo. Son timoratos, se estremecen al solo pensar en una idea autónoma e independiente. Tiemblan, sudan, trastabillan. ¡El gran hermano los vigila, siempre!
Son perfectos imitadores. Tratan de emular discursos, acciones y pasiones. Son kitsch, pastiche. Algo parecido a la criatura armada por Victor Frankenstein, en la novela de Mary Shelley.
A casi tres meses de gobierno de Luis Arce Catacora, la regla no se rompe. Hay una vaga idea de que está al mando del país.
Con resultados más político-partidistas que verdadera gestión gubernamental, el Presidente parece que continuara en campaña con el afán de impermeabilizar una administración anquilosada, inerte y poco efectiva. No se vislumbra una política exterior. Su bajo perfil llena los vacíos en temas puntuales y urgentes. Está en otros menesteres menores.
Como el declarar, con agravio, “Día de la Recuperación de la Democracia” al 18 de octubre. Desvirtuando por completo el verdadero rol de los bolivianos en la defensa de la libertad y la democracia.
En tiempos de crisis y de falta de inversión, el Gobierno restituye la exigencia de visas para ciudadanos de Israel y Estados Unidos que pretendan ingresar al país. Al turismo en Bolivia le llueve sobre mojado.
Utiliza el viejo truco de atacar y culpar al antecesor de todos los males habidos y por haber. No le sirve de mucho, los suyos son más contundentes y torpes.
Como el hecho deleznable de hacer campaña política con la llegada de la vacuna Sputnik V. O de la frase lacrimógena: “Hay que aguantar”, y la asfixiante: “El pueblo boliviano puede respirar con tranquilidad”.
¡Vaya afrenta! ¿Así, o más demagógico?
Está claro que, hasta el momento, el Gobierno no ha asumido medidas más drásticas y efectivas mientras la Covid-19 se propaga. Las cifras de infectados y decesos van en aumento y no es para nada cierto que la llegada de la vacuna rusa pondrá fin a la emergencia sanitaria. A todo esto se suma el colapso de las UTI a nivel local y nacional.
En plena pandemia, Arce Catacora, sin pudores, hace gala de su desafinada voz y de sus virtudes como guitarrista en un video de la vergüenza, que delata la irresponsabilidad frente a las medidas de bioseguridad. Sin barbijo, ni distanciamiento físico, no se sabe si es el presidente de Bolivia o un solista en plena guitarreada con amigos, en algún boliche de medio pelo, un viernes de soltero, de esos memorables que se realizaban con premeditación y alevosía, o uno de los jóvenes díscolos del presente que no creen que la Covid-19 mata.
Al son del tema Cunumicita, de don Gilberto Rojas, cualquiera diría que las copas iban y venían: abrazos, besos y aros.
La buena vida y la poca vergüenza, en plena segunda ola de coronavirus, acaso, recordando viejos tiempos, 14 años de vacas gordas. Al final de cuentas, la administración del Jefazo, oscilaba entre esas mieles: copas, whisky, farras, irresponsabilidades, corrupción y más.
Mientras tanto, al interior del masismo hay buenos aires que hay que considerarlos. De frente y de perfil, el MAS ha ingresado a un proceso del día después. Sin la mirada y el poder autoritario del Jefazo, sus huestes van respirando mucho mejor.
Exigen más libertad y autodeterminación, piden su derecho a nombrar a sus líderes, esos que Evo les negó de facto. Y está muy bien que sea así. El MAS debe dejar de ser un feudo y convertirse en un movimiento social diametralmente opuesto al que se les impuso durante 14 años.
El punto de inflexión tiene nombre y apellido: Eva Copa. Ciertamente su expulsión del MAS fue un exabrupto cotidiano, pero, al mismo tiempo, podría significar el inicio de una nueva facción del MAS. Eva, tienta hacia el paraíso de la autogestión, la libertad, nuevos liderazgos y el disenso democrático en una región clave y sustancial para una primavera política al interior de un masismo disidente: El Alto.
“Yo no he traicionado al MAS, el MAS me ha traicionado a mí”. “A Evo le han “envenenado” mucho en Argentina y no creo que yo vuelva al MAS”. Estas frases de la expresidenta del Senado, corroboran a cabalidad una necesidad de refundar el partido y fundir a las elites de poder que profesan la religión del llunkerío en el masismo.
“Yo soy alteña… Los alteños no transamos, tampoco somos llunkus, ganamos nuestro lugar con esfuerzo, con trabajo. No todo el MAS está enfermo, no todo el MAS ansía poder, no todos en el MAS están por cargos, el MAS también está por convicción”, responde Copa –en una entrevista publicada por Página Siete el 3 de enero de 2021– a la pregunta: “Normalmente la gente que se va del MAS, luego vuelve, concerta y transa. ¿Qué va a hacer Eva Copa?
Ella ya es el quiebre al interior del MAS, no solo ideológico y de una nueva apuesta socio-política, sino también, de una visión de género mucho más incluyente, donde se atisban los derechos y la participación activa y efectiva de la mujer.
El autor es comunicador social
Columnas de RUDDY ORELLANA V.


















