Vergüenza y tragedia
Esta sí que es una noticia trágica para Bolivia, el reconocimiento científico de lo que está en nuestras narices: Estamos entre los países que más deforesta en el mundo. Dolorosamente confirmado. Un reciente estudio sobre la deforestación en el mundo de Global Forest Watch arrojó los siguientes trágicos datos:
1. “El total de pérdida forestal en este país (Bolivia) fue 80% mayor que el récord anterior (en 2016) desde que Global Forest Watch comenzara a monitorear bosques en 2002”. (BBC, citando al informe).
2. “El gobierno boliviano introdujo medidas en los últimos años para promover la expansión de la agricultura, incluyendo un relajamiento de las restricciones en la quema controlada meses antes de los incendios de 2019”. (BBC, citando al informe).
3. “No creo que sea una coincidencia que los incendios se produjeron luego de que el Gobierno relajara las restricciones a la quema de bosques para agricultura”. (Investigadora del informe).
4. “Los autores del informe destacan la pérdida por incendios en 2019 de cerca del 12% del bosque seco chiquitano, el bosque seco tropical más grande del mundo, que se encuentra casi totalmente en Bolivia, fundamentalmente en el departamento de Santa Cruz”. (BBC, citando al informe).
5. “Otro caso destacado por el informe es la pérdida ‘masiva’ de bosque en Bolivia”. (BBC, citando al informe).
6. “De 2002 a 2020, Bolivia perdió 3,02 millones de hectáreas de bosque primario húmedo, lo que representó el 51% de su pérdida total de cobertura arbórea en el mismo período. Es decir, que el área total de bosque primario húmedo en el país disminuyó un 7,4% en este período de tiempo” (Los Tiempos, citando al informe).
7. “De 2001 a 2020, Bolivia perdió 6,11 millones de hectáreas de cobertura arbórea, equivalente a una disminución del 9,5% en la cobertura arbórea desde 2000, lo que implica unas 2,67 gigatoneladas de emisiones de dióxido de carbono”. (Los Tiempos, citando al informe).
8. “De 2001 a 2019, el 74% de la pérdida de cobertura arbórea ocurrió en áreas donde los principales impulsores de la pérdida resultaron (ser también quienes se empeñan) en la deforestación”. (Los Tiempos, citando al informe).
¡Y ahora sucede que hasta llegamos a ocupar el cuarto lugar entre los países que más bosque ha perdido en el mundo y somos el segundo en América Latina! ¡Y ello con una pequeña población de menos de 12 millones de almas humanas!
¿No es una verdadera vergüenza y una tragedia?
No obstante, a pesar de semejante trágica noticia, nuestros gobernantes y administradores públicos de todos los niveles autonómicos, partidos e ideologías, probablemente seguirán ocupados y preocupados por su militarista pugna por el poder, repartiendo cargos a sus parientes, amiguitos y soldados, en las luchas libres del Parlamento, viendo la manera de medrar lo más posible de sus cinco minutos de poder.
A pesar de semejante tragedia, como si nada, seguramente continuarán insistiendo en meternos cemento hasta el occipucio y arrancando por doquier árboles, bosques y áreas verdes. Como buenos capitalistas salvajes, seguirán avasallando áreas protegidas y quemando bosques, contaminando los ríos con desechos mineros, convirtiendo las fuentes de agua en cloacas, desde los alcaldes que se cargan un corredor verde para poner un distribuidor vehicular, los gobernadores/as que propician la irresponsabilidad ambiental de un tranvía mal planificado e impuesto por capricho caudillista, o los/as presidentes títeres de la plutocracia agroindustrial y loteadora. ¡El común denominador de todos ellos/as se llama extractivismo desarrollista depredador, caduco paradigma que deviene del siglo XIX pero que acá llaman ignorantemente “progreso” y “desarrollo”!
Como trágica confirmación de todo aquello, nuestro Estado no suscribió el acuerdo internacional COP26 para acabar con la deforestación y reducir en 30% las emisiones de metano, lo que augura que el traumado y enfermo modelito depredador continuará vigente.
¿Y será que con semejante tragedia reflexionarán algo los ciudadanos/as que tratan al bien común como el orto? ¿Seguirán comprando con miedo, pegas, dádivas, pan y circo; el silencio, complicidad o indiferencia de muchos/as?
¿Por qué será que semejante tragedia no amerita nunca ninguna movilización de “desagravio”, ni masivas concentraciones, ni marchas aguerridas, menos un paro, a no ser las eternas y aisladas incidencias e indignación de unos pocos/as?
Y ahora sólo faltaba que el Gobernador de Cochabamba culpe de los incendios del Parque Tunari a los ciudadanos/as voluntarios/as que dan su trabajo y vida para ayudar a apagarlos, ante la evidente desidia de la gestión pública en ello. ¿Sabían, señores de la gobernación, que culpar a las mismas víctimas del abuso de poder y/o la ineficiencia en la gestión pública, es una práctica autoritaria propia de las dictaduras de “derecha” de las que ustedes dicen diferenciarse?
La autora es socióloga
Columnas de ROCÍO ESTREMADOIRO RIOJA


















