El censo, la paranoia y la ingenuidad
Despuntaba el alba cuando Romelia Lautano se tropezó con su comadre del alma y para entonces el sol se asomaba tímidamente tras una cordillera enorme en cuyas oquedades parecía aún dormitar la noche. Zantusa Soliz no sólo era la madrina eterna de los hijos de Romelia Lautano, también era la guardiana de sus más intrincados secretos. No era que los hijos de Romelia Lautano disfrutaban contarle a su madrina sus secretos mejor guardados, pero sí pasaba que disfrutaban de la afición de la mujer para enterarse de todo cuanto no debía y de tergiversar cuanto oía.
Esta vocación de chismosa, que Zantusa Soliz bien supo perfeccionar en más de 50 años de escuchas indebidas, la llevó a perder contacto con la realidad. Tamaña irracionalidad la había llevado a afirmar un sinfín de ideas, que entre acusaciones mal llevadas y denuncias nunca atendidas se perdían en un mar mezcla de ilusión y verdad.
—Dice que han suspendido el censo —comentó Zantusa Soliz.
—Sí, pero al año ya lo harán —respondió su comadre.
—Para mí que al Gobierno no le estaban saliendo las cosas como querían y por eso lo suspendieron.
—¿Qué insinúa usted, comadre? —le respondió Romelia Lautano.
Zantusa Soliz miró a los costados y con voz suave afirmó: “Fraude, comadre, fraude”. Romelia Lautano entrecerró los ojos. Su comadre, entendiendo que ella dudaba de su argumento, lanzó como mejor pudo las medias verdades que alguna vez escuchó, habló del deficiente estudio cartográfico, del evidente crecimiento de Cochabamba y Santa Cruz en desmedro del altiplano boliviano, de la falta de la pregunta sobre el mestizaje, de las intenciones del Gobierno por mostrar una Bolivia que a ellos les interesa y no la que en verdad existe.
—Usted es una cantamañana —le respondió Romelia Lautano—, parece que se me puso paranoica.
Zantusa Soliz no entendió, no sabía ni remotamente qué significaba aquella palabra, pero como suele pasar en todo lo tomó por un insulto y decidió responder en consecuencia.
—Comadre, ¡me sorprende!, si yo soy “eso que usted dice”, usted peca de ser una ingenua.
Las comadres, tras un par de frases más sobre el clima y la peste, se fueron cada una por su lado, pero ambas ignoraban y sabían, a la vez, que dentro de todo chisme puede haber una verdad y que dentro de toda verdad radica una mentira.
Columnas de RONNIE PIÉROLA GÓMEZ





















