El saqueo del oro
No hay otra forma de denominar a las actividades extractivistas que causan un daño irreparable. Porque estas tareas depredadoras tienen aristas contraproducentes que van a pasar una factura que será difícil de pagar, no sólo en el breve plazo, sino sobre todo en el mediano y largo plazos, es decir, para las nuevas generaciones.
La primera arista nociva tiene que ver con el irrisorio aporte de la minería del oro a las arcas fiscales. Las cifras oficiales revelan que en los últimos cinco años la producción de oro en el país se ha incrementado en un 306 por ciento; tendría que ser una excelente noticia, pero el problema estriba en que estas actividades están controladas por la minería aurífera cooperativizada. Este incremento considerable es el resultado de cotizaciones internacionales al alza, pero también de un aumento de volumen, que pasó de 16,8 a 40,8 toneladas para un quinquenio; en cuanto a valor, la producción minera global del país llega a 5.252 millones de dólares y la del oro, de 2.400 millones de dólares, representa el 46 por ciento, casi la mitad.
El avance de la minería aurífera cooperativizada ha sido prácticamente irrefrenable, si se considera que, por ejemplo, en 2018 controlaba el 37 por ciento del valor de la producción, frente al 57 por ciento del sector privado y al 7 por ciento del área estatal; hoy, las cooperativas han escalado al 58 por ciento, el sector privado ha caído al 36 por ciento, mientras que el área estatal o pública tiene el 6 por ciento. Estas participaciones de mercado son trascendentales, porque de ellas dependen las contribuciones al fisco, tanto en impuestos como en regalías o royalties (el gravamen a la explotación de un recurso natural no renovable). Las cooperativas sólo pagan bajas regalías (43 por ciento) con respecto al aporte privado (52 por ciento), en tanto que han logrado que el Gobierno fije un impuesto de apenas 4,8 por ciento. Es decir, hablamos de un negocio redondo para las cooperativas, bajo las cuales se escudan depredadores chinos, colombianos y de otras nacionalidades.
La segunda arista negativa está vinculada al avasallamiento e invasión de las áreas protegidas. La constitución de parques era una política de Estado para la conservación de la rica biodiversidad nacional, pero el Gobierno, que se autoproclama como defensor de la Madre Tierra, paradójicamente tiende a aprobar y legalizar la depredadora y contaminante minería aurífera en estas reservas – en especial en el Madidi, Cotapata, y Apolobamba-, lo cual marca un giro radical en cuanto a políticas públicas para la protección del patrimonio natural y ambiental.
Como si no fuera suficiente, la tercera arista perjudicial es la contaminación con mercurio. Las dragas de las cooperativas auríferas y el método de amalgamación con mercurio se han convertido en un cóctel explosivo no sólo para el medio ambiente de los ríos del norte del país, sino que ahora se confirma que entrañan, por la contaminación que dejan, serios riesgos para la salud de los habitantes de esas zonas.
¿Cómo es posible que se admita este saqueo del oro nacional, que además sólo causa perjuicios fiscales y ambientales? La respuesta es que los cooperativistas integran el bloque de poder del actual Gobierno. Sin embargo, ya es hora de poner freno a tanta depredación.


















