¿Será posible una unión entre BoA y el LAB?
La aerolínea Boliviana de Aviación (BOA), reconocida como “la aerolínea de los bolivianos” y con 16 años de servicio ininterrumpido, junto al inolvidable Lloyd Aéreo Boliviano (LAB), que por decisiones políticas dejó de volar, pero que este 2025 estaría a punto de cumplir 100 años de historia, podrían convertirse en una sola empresa, noticia que acabo de conocer extraoficialmente
El solo imaginar esta posibilidad emociona a miles de compatriotas. El LAB no fue únicamente un referente nacional, sino también un verdadero pionero de la aviación mundial. Su recuerdo permanece vivo en la memoria de los bolivianos que lo vieron despegar y aterrizar en cada rincón del país y en múltiples destinos internacionales. Fue símbolo de identidad, de orgullo patrio y de una época en la que Bolivia brillaba en los cielos con aeronaves modernas y tripulaciones altamente capacitadas.
Una unión entre BOA y el LAB sería un acontecimiento histórico y un verdadero hito de integración nacional. No hay boliviano que no anhele volver a ver al Lloyd en los cielos, pues durante sus 50 años de operación en la era del jet no registró un solo accidente fatal, consolidando una reputación de seguridad y confianza pocas veces alcanzada en la aviación internacional. Su flota marcó época: los icónicos Boeing 727-100 y 200, los 737-300, los modernos 767-300 ER, el robusto Airbus 310 y los cargueros Boeing 707 que abrieron mercados y conectaron a Bolivia con el mundo.
Por mucho tiempo fuí crítico de BOA por la mala administración, pero en los últimos meses, bajo la gestión del capitán y abogado Mario Borda —uno de los pocos pilotos bolivianos habilitados por la FAA para volar aeronaves de gran porte como los Boeing 787 y 777—, BOA ha demostrado que con liderazgo, disciplina y compromiso es posible transformar una empresa estatal. En apenas siete meses se recuperó la confianza de los usuarios con atención renovada, mejoras en el servicio, un clima laboral más saludable y, sobre todo, una puntualidad que parecía imposible hace apenas un año. Se acabaron los retrasos interminables y las quejas constantes: hoy los pasajeros perciben a una BOA diferente, eficiente y seria.
Los resultados están a la vista: se abrieron rutas internacionales estratégicas hacia Santiago de Chile, Arica, Iquique, Asunción, Lima, Cuzco y Washington, y ya se anunciaron nuevas conexiones hacia Barcelona, Panamá y México, además de la histórica ruta Miami–La Habana, posible gracias a los derechos de 5ª y 6ª libertad aérea que solo Bolivia posee en esa franja. Todo esto representa un salto cualitativo en la integración del país con el mundo, pues ahora los bolivianos pueden volar con su propia aerolínea pagando en moneda nacional y accediendo a tarifas más accesibles frente a las que imponen compañías extranjeras.
Sin embargo, lo que más ilusiona a la población no son únicamente las rutas ni los aviones, sino el ambicioso plan de integración: una sola empresa que reúna a BOA y al legendario LAB. Esta fusión tendría un valor simbólico inmenso, pero también un peso económico y estratégico de primer nivel. Significaría fortalecer el servicio aéreo nacional, aumentar la competitividad y evitar la fuga de divisas.
Imaginemos lo que significaría ver de nuevo el emblema del LAB compartiendo identidad con BOA, recuperando casi un siglo de tradición y combinándolo con la proyección internacional, Sería un mensaje de unidad y resiliencia.
Columnas de Constantino Klaric


















