Perú, golpeado por la violencia
Perú, un país con el que compartimos historia, identidad y dinámica comercial, se debate en una crisis social debido a la creciente criminalidad y consecuente inseguridad que provocan un hartazgo social.
La destitución de la presidenta Dina Boluarte, el pasado 10 de octubre, al parecer avivó los conflictos y protestas sociales callejeras, esta vez contra el nuevo Gobierno presidido por José Jerí, y la de hace una semana que derivó en detenciones y un fallecido.
La tensión y el aumento de la criminalidad en la capital, Lima, y en la vecina ciudad portuaria del Callao han llevado a que el Gobierno de Jerí declare estado de emergencia en esos territorios con énfasis en el control de las cárceles, donde se cree que se planifican extorsiones y ejecuciones.
Desde hace varios años, el Perú vive en una prolongada crisis política marcada por enfrentamientos entre el Legislativo y el Ejecutivo.
Y la inseguridad se ha convertido en un fenómeno que aflige constantemente a la población, según la prensa peruana.
La alternancia de presidentes que se han dado en Perú y las denuncias de corrupción que han manchado a los gobernantes como Ollanta Humala, Alejandro Toledo y recientemente Pedro Castillo, han contribuido a la inestabilidad.
¿Cómo afecta la inestabilidad institucional al Perú? Uno de los impactos es el cambio de ministros, lo que impide encarar una política seria de seguridad ciudadana.
Cada que cambia un Gobierno se remueven a los responsables de seguridad, justicia y la policía con las consecuencias.
Al igual, que muchos países, Perú está afectado por la corrupción. Ese cáncer que afecta a casi todos los Gobiernos y que ha profundizando la desconfianza en la clase política.
Lo que el Perú vive no es una situación aislada; sino, un flagelo que afecta a todos los países, a unos más que a otros.
Sin embargo, esta problemática debe servir para reflexionar sobre dónde se incuba esta violencia e inestabilidad.
No es sencillo para el Perú y tampoco para otro país luchar contra la inseguridad y la violencia, porque se requiere de un reajuste a todo nivel.
De momento las medidas como la declaración de emergencia con un primer paso; pero, puede convertirse solo en un parche si es que no logra equilibrar su política y gobernabilidad.
El país está ante problemas complejos como el narcotráfico que ha herido a las ciudades portuarias.
Perú es mucho más que la violencia criminal por la que ahora está en el foco de atención y, a lo largo de su historia, ha superado muchos desafíos hasta convertirse en una potencia gastronómica y turística.
Por ello, la comunidad internacional no puede mirar la crisis que vive solo como una observadora; sino, que debe ayudar a salir de este difícil trance social y de seguridad que está atravesando.

















