Trascendental inauguración
Pasadas las emociones que provocaron ayer los actos de posesión de los nuevos presidente y vicepresidente de Bolivia, quedan las ideas que ambos formularon en sus discursos –especialmente Rodrigo Paz– y la percepción generalizada de que la asunción del nuevo Gobierno inicia un cambio que se insinúa trascendental.
Millones de bolivianos asistimos, mediante las pantallas, a una sucesión de actos protocolares organizados en detalle, con una cuidadosa coordinación de imágenes y discurso transmitidos de manera impecable.
Desde las lágrimas del Vicepresidente –que escuchaba con los ojos cerrados las notas del minuto de silencio– hasta los arranques oratorios del Presidente que abandonaba a momentos la lectura de su discurso para pronunciar frases espontáneas con inequívoca convicción, el espectáculo de los ritos republicanos de la trasmisión del poder político tuvo un impacto emocional innegable.
Los actos en el Parlamento y en la plaza Murillo se desarrollaron en un ambiente tan solemne como cálido. La presencia de cinco presidentes, embajadores y misiones de decenas de países y organismos internaciones tuvo un significado que trascendió las formalidades.
No se trató sólo de la relevancia que dieron los jefes de Estado al acto, sino que la presencia de esos líderes políticos y de tendencias ideológicas distintas, sentados a lado a lado, en una ceremonia trascendental para los bolivianos, fue también la expresión del impacto internacional del cambio de Gobierno.
Un impacto reflejado luego por la prensa mundial y concretado en encuentros y anuncios importantes, como el restablecimiento de relaciones diplomáticas plenas con EEUU –20 años después de su interrupción–, y el compromiso de retomar una agenda común con Argentina.
En el plano nacional, Rodrigo Paz y Edmand Lara se refirieron en sus discursos a los temas urgentes que importan a los bolivianos, y el Presidente mencionó también otros, cuya trascendencia política, económica, social e institucional se perfila en el mediano y largo plazo.
Todo ello en discursos impregnados de voluntad de conciliación y unidad, sin hostilidad –excepto para la corrupción– ni referencias prolongadas a las anteriores gestiones de gobierno.
"Todo presente y futuro es mejor que el pasado", exclamó Paz Pereira en su discurso inaugural. Ese presente se anuncia auspicioso –como lo deja esperar el cálido entusiasmo de la gente que aclamó a las flamantes autoridades en la plaza Murillo– y la actitud propositiva y edificante que mostraron los parlamentarios al elegir, días antes, las directivas de las cámaras legislativas. La inminente posesión de los ministros es otra señal alentadora.
"Hoy festejamos, mañana descansamos y el lunes comenzamos nuestro duro trabajo. Ya estamos organizados, ya tenemos un gabinete, ya sabemos cuáles son las leyes, los decretos y la ruta", proclamaba ayer el Presidente en el balcón del Palacio Quemado.
Es un tiempo nuevo para el país.
















