Jóvenes líderes que transforman su unidad educativa
Para muchas familias la adolescencia suele verse como una etapa compleja, marcada por desinterés o rebeldía. Sin embargo, cuando se brinda un espacio seguro y una responsabilidad, los adolescentes sorprenden. Ese es el caso del trabajo que impulsa el Instituto para el Desarrollo Humano (IpDH-Bolivia) con jóvenes líderes de 15 a 17 años, que se formaron en prevención de acoso escolar para realizar actividades en sus unidades educativas en el Distrito de Colcapirhua.
Este año, la Dirección Departamental de Educación y el IpDH capacitaron a 45 jóvenes líderes en una jornada presencial llena de juegos, aprendizaje y risas y cuatro sesiones virtuales, enfocadas en comprender el acoso escolar y crear materiales digitales en el tema, para ser publicados en las redes sociales de la institución.
Directores y profesores de unidades educativas realizan la selección de los líderes, no con el propósito de buscar “al mejor estudiante”, sino a quienes necesitan hablar del tema, a aquellos que a veces son considerados estudiantes difíciles. Convertir esa energía en liderazgo positivo hace la diferencia.
Los jóvenes líderes son responsables de socializar el lema que ellos mismos eligieron para 2026 fue “Por más defensores que víctimas y agresores”, lo compartieron en actos cívicos, en los recreos o en otros cursos.
Las entrevistas realizadas por el IpDH a cuatro jóvenes líderes muestran el impacto personal y comunitario de esta experiencia.
Jhuster, de la U.E. Pablo Cano Galvarro, asegura que aprendió que “todos podemos colaborar desde donde estemos” y que es posible pasar de ser solo observadores a convertirse en defensores.
Valentina, de la U.E. Bojanowsky, describe su liderazgo como “pasión” y destaca la satisfacción de ver que muchos compañeros ahora se reconocen como defensores.
Ismael, del colegio Don Bosco, cuenta que al inicio dudaba, pero el proceso le dio confianza para hablar frente a sus compañeros. Incluso destaca una estrategia creada por su curso, que es responder un insulto con un cumplido para frenar la agresión y mejorar la unidad.
Lissy, de la U.E. Max Fernández, resalta lo que esta experiencia dejó en su vida: mayor empatía, escucha activa y la convicción de seguir ayudando a otros.
La experiencia en Colcapirhua demuestra que cuando se confía en los jóvenes, ellos generan cambios significativos en sus vidas y en la comunidad. Apostar por su energía, su creatividad y su voz no solo previene el acoso escolar, también fortalece su crecimiento personal y la comunidad educativa.
La autora es facilitadora del Instituto para el Desarrollo Humano - Bolivia
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