Cábalas y música: la pasión por Wilstermann
Banderas, música y cantos es la manera en que la barra brava "Gurkas" anima a Wilstermann durante sus encuentros.
"Tenemos como pasión la música y Wistermann", señala un miembro de un escuadrón de la barra brava "Gurkas", Andrew Caballero.
Caballero es un joven universitario que combina su tiempo con trabajar en la instalación de gas a domicilio y sus ensayos con los músicos que dan ritmo a los encuentros deportivos del Aviador.
"Siempre me saco tiempo para los ensayos para lo que es la banda, los partidos de Wilstermann que es muy fundamental para nosotros como banda, estar siempre presentes", cuenta con convicción.
Para estos fanáticos del Rojo, el partido de ida de cuartos de final de la Copa Libertadores con River Plate de Argentina es un sueño y se preparan para dar "el mejor recibiendo a Wilstermann".
Su pasión y entusiasmo llevó a la banda a grabar un disco con 12 canciones coreadas en su barra.
El 14 de septiembre, el día del encuentro pondrán a disposición mil discos que tendrá un costo de 15 bolivianos. Con el dinero recaudado piensan comprar más instrumentos musicales cuando visiten Buenos Aires, ya que acompañarán a Wilster en el partido de vuelta programado para el 21 de septiembre.
"Nosotros siempre viajamos como barra, no como gente común", dice el joven fanático que comparte la pasión con sus hermanos y su papá.
El joven está consiente que vivir el partido de la competencia internacional es un evento histórico y que todas las anécdotas que vivió durante la campaña de los "aviadores", que acompañó, formará parte de su propia historia.
"Cuando tenga mi familia, pienso traerlo a mi hijo aquí y enseñarle que es Wilstermann, contarle las historias, las derrotas, las experiencias buenas y malas que hemos pasado igual viajando", señala Caballero.
Para este hincha su gran pasión es su equipo y le genera todo tipo de sensaciones: "Yo daría mi vida. Cuando lo veo perder, duele igual. Cuando gana, me alegra mucho, son sentimientos que solo un hincha puede sentir".
Caravana a un día del partido
El festejo de los hinchas por el partido histórico comenzará hoy con la "caravana y banderazo", al que convocó mediante las redes sociales.
Esta actividad se llevará a cabo a las 19:00 en la plaza Tarija, ubicada en la zona de Tupuraya, final este de la avenida América.
Sin embargo, aunque está el entusiasmo, la hinchada en esta oportunidad se maneja con suma cautela en cuanto a las cosas que pueden o no hacer en el partido, para evitar las sanciones económicas de la Conmebol, que podría llegar hasta los 50 mil dólares.
Hincha

El ritual de un hincha
Desde usar la misma vestimenta en cada partido o cargar con algún objeto con el que creen que dan suerte al equipo, son diversas las cábalas que tienen los hinchas y con ellas dan explicación a los diferentes resultados de un encuentro deportivo.
Daniel Siles es un fanático de Wilster y tiene un ritual peculiar. Ataviarse con diferentes camisetas del Aviador.
Daniel llega al campo de juego y se despoja de su indumentaria, extiende las piezas en el campo de juego, son siete "porque es el número de la suerte", aunque tiene una colección de más de dos decenas.
Luego se arrodilla frente a las poleras les da un beso y se va poniendo una a una.
Su papá le regaló su primera camiseta cuando tenía 12 años, durante una maratón del club Aviador en el año 1994.
Desde entonces, sus amigos le obsequian las poleras o él se las compra, pero sin duda las más preciadas son las que algún jugador le otorgó.
"Nace de querer demostrar a toda la gente cochabambina el amor, la pasión, que yo siento por Wilstermann y quiero demostrar a la gente lo lindo que es deporte", señala el hincha.
Desde alentar con más entusiasmo cuando se ve a los jugadores perdiendo en cancha, cuidar las banderas, hasta colocarse poleras dándoles un beso son muchas las manifestaciones de una pasión que para algunos no puede ser entendida.
Sin embargo, las pasiones que despierta un equipo de fútbol también está envuelta en un manto de misticismo, en el que el aficionado no quiere quedarse en un simple observador, y desde sus espacios crean una quimera que reconforta su anhelo de formar parte de los once que defienden sus colores.





















