Agosto, la Pachamama entre ritos y ofrendas
Hoy inicia el mes dedicado a la "Pachamama" o Madre Tierra, donde creyentes, con rituales ancestrales para agradecer por los bienes logrados en el último año, piden una renovada prosperidad.
Agosto es el mes elegido para las ofrendas porque concluye la primera temporada agrícola en el mundo andino y, según las comunidades indígenas, en este momento del año la Madre Tierra "abre la boca" para alimentarse con ofrendas que retribuyan los frutos dados y los que dará en el futuro.
En La Paz, los elementos para hacer las ofrendas se encuentran en los mercados donde venden hierbas tradicionales, sobre todo en el llamado "Mercado de la Brujas" ubicado en la calle Linares y Santa Cruz, en el barrio El Rosario.
Las ofrendas se entregan para agradecer por lo recibido o para pedir que funcione bien un negocio, que vaya bien el trabajo, para tener buena salud, para viajar, entre otros, explicó a Efe Rosa, una vendedora de 36 años.
"Para todo hacemos, es una tradición, una costumbre de La Paz", manifestó la mujer, que vende en la calle Santa Cruz desde hace quince años.
Lo primordial en una ofrenda es la llamada "mesa" con dulces de distintas formas "para endulzar la tierra donde andamos", además de nueces "para pedir deseos", explicó la vendedora.
También incluyen la k'oa, grasa de llama, pequeñas láminas de papel dorado llamadas "pan de oro", incienso, trozos chancaca y palo santo, detalló.
Sobre un trozo de papel se coloca primero la k'oa rodeada por lanas de colores, luego se acomodan los dulces, el incienso, la grasa de llama, el pan de oro y algunos brillos.
Algunas personas también ponen hojas de coca e incluso canela, y la coronan con un feto de llama o de cerdo.
Los fetos de llama son para agradecer o hacer alguna petición a la "Pachamama", mientras que el feto de cerdo "es para empezar un nuevo negocio, para prosperar, para que haya trabajo, más clientes y más suerte", sostuvo la vendedora.
Cuando la ofrenda ya está armada, se la debe "ch'allar" o bendecir con ser vino o destilados de uva, para luego colocarla al fuego.
Los elementos ofrecidos deben quedar reducidos a cenizas que, una vez enfriadas, se entierran o se guardan en una caja.
"En el caso de las tiendas, cuando ya se enfría, lo guardan en una caja y en un rincón de la tienda, eso protege de todo lo malo. En las casas se entierra donde haya espacio", explicó Rosa.
Los precios de una ofrenda varían según el tamaño, desde las más chicas que tienen un costo desde los 20 bolivianos hasta las más grandes que pueden llegar a costar más de 500 bolivianos.
Estos rituales se celebran en el país desde hace siglos en las comunidades indígenas, aunque con los años se han ido adaptando y en la actualidad se realizan también en las ciudades.
En las áreas rurales, se acude a los lugares más altos, conocidos como "apachetas", para hacer las ofrendas de agradecimiento por la fertilidad de la tierra e iniciar un nuevo ciclo agrícola igualmente próspero.
En las ciudades, la gente celebra las llamadas "k'oachadas" o peticiones a la Madre Tierra para bendecir vehículos, casas o negocios y pedir salud, dinero y bienes, una tradición que se verá sobre todo en las noches durante todo el mes.


























