¿Fue la Magdalena una prostituta?
María Magdalena, así, con su nombre completo, aparece en varias escenas de los cuatro evangelios. Todos los evangelistas la mencionan como una de las mujeres que están presentes en la crucifixión y también encabezando el grupo de mujeres que fueron a ungir el cuerpo de Jesús y descubrieron la tumba vacía
Hace pocos días leí en este periódico una separata sobre la vida de Santa María Magdalena. La Magdalena es quizás la figura más calumniada y malentendida desde el inicio de la cristiandad. Desde el siglo VI, ha sido presentada como una prostituta y pecadora pública quien, después de encontrarse con Jesús, se arrepintió y pasó el resto de su vida en oración y penitencia. Quisiera en este escrito despejar un poco la maraña de confusiones, a veces intencionales, que ha cubierto la figura de María de Magdala a lo largo de veinte siglos de cristianismo.
María Magdalena, así, con su nombre completo, aparece en varias escenas de los cuatro evangelios. Todos los evangelistas la mencionan como una de las mujeres que están presentes en la crucifixión y también encabezando el grupo de mujeres que fueron a ungir el cuerpo de Jesús y descubrieron la tumba vacía.
Además de esto, hay otros dos textos sobre ella en los Evangelios: Lucas, en el capítulo ocho, la menciona especialmente como una de las mujeres que acompañaban a Jesús y sus discípulos y le servían con sus bienes. De ella se añade que Jesús había expulsado siete demonios… lo que no quiere decir que fuera una pecadora, sino más bien una mujer muy enferma. Por otra parte, el evangelio de Juan muestra a Jesús enviando a María Magdalena a anunciar la buena nueva de su resurrección a los demás. Esto hizo que los padres de la Iglesia la nombraran “apóstol de los apóstoles.” En ninguno de estos textos María Magdalena es descrita como una prostituta.
Entonces, ¿qué sucedió para que hoy tengamos de ella esa imagen distorsionada? La explicación más común es que se confunde a la Magdalena con la mujer anónima del capítulo siete de Lucas. Esta mujer, una pecadora conocida, baña los pies de Jesús con sus lágrimas, los seca con sus cabellos, y derrama sobre ellos un perfume caro, dicho sea de paso, en ninguna parte dice que sea prostituta. A su vez, la pecadora anónima es confundida con María de Betania, hermana de Marta y Lázaro, quien protagoniza otra unción a Jesús poco antes de su crucifixión. El juntar estos relatos ha llevado a muchos a asociar equivocadamente a María Magdalena, “de la que habían salido siete demonios” con la mujer arrepentida y con María de Betania.
La identificación final de María como una pecadora reformada se da en las homilías del Papa Gregorio Magno (540-604), quien la llama “ejemplo de perdición” y “esclava de lujuria”… y como no existían Biblias impresas para el uso de todos, nadie podía constatar si era cierto lo establecido por el Papa. Habría que esperar hasta el Concilio Vaticano II (1962-1965) para que la Iglesia empezara a hablar de un error histórico. Pero a pesar de estos cambios, la mayoría de los católicos la siguen considerando una prostituta arrepentida.
La autora es teóloga y biblista
Columnas de CORINA VARELA GARCÍA





















