Atacar la estructura
Los bolivianos hemos sentido como el cambio climático afecta nuestras vidas. Lo que era un fenómeno lejano, al que no contribuíamos en forma sistemática ni cuantitativa ha llegado con graves consecuencias para la vida de los ciudadanos, para la economía del país, y golpea con fuerza el proyecto anunciado respecto a la soberanía alimentaria.
La sequía está presente en todo el territorio. En 10 años su impacto está en el 67 por ciento de los municipios y en la actualidad son más de 131 de ellos los que sufren el fenómeno. Los habitantes sentimos que el calor es mayor al de años anteriores, dos grados más que están presentes en occidente, en los valles, oriente y la zona amazónica que rompe con la tradición de la sequía sólo en algunas regiones.
Esto tiene su impacto en las cuencas, en las vertientes y por supuesto que habrá una consecuencia en la dotación de agua potable en muchas ciudades, caso Cochabamba que ya sufre por la escasez de ese líquido vital.
Los 22 decretos dictados por el Gobierno del presidente Morales atacan lo que deja como saldo la sequía, los incendios causados por irresponsabilidad de habitantes que juegan con fuego, lo cual conlleva la quema de pastizales, de bosques. Así se contribuye al calentamiento como a la contaminación ambiental, a la pérdida acelerada de cultivos.
Lo aprobado ayuda a los sectores económicos afectados, y eso es positivo, más es vital que Bolivia piense cómo atacar las causas estructurales del problema. Y eso es una tarea que no puede ser politizada por ningunos de los actores políticos a nivel nacional o en los gobiernos subnacionales.
Debemos trabajar en la preservación de las cuencas, de los acuíferos. Salvar los bosques es un imperativo para que el agua siga presente y se puede llevar adelante los proyectos de riego. Las cabeceras de los ríos tienen que ser catalogadas, inventariadas y por supuesto mantenidas ecológicamente. Los militares y las gobernaciones deben tener un rol preponderante en este cometido. El uso del agua de los ríos, los trasvases, los desvíos de cauces no puede llevarse a cabo a gusto y sabor de algunos.
El cambio climático está presente y las previsiones son de una visita permanente, así que a trabajar para adaptarnos y combatirlo en casa.
¿Cómo podemos producir más y mejor? Hay que garantizar la alimentación de los bolivianos a un costo accesible a nuestro poder adquisitivo. La importación de alimentos debería ser coyuntural ya que implica salida de divisas.
Hace poco más de 100 premios Nobel lanzaron una carta pública en la que se pronuncian a favor de los alimentos transgénicos, basados en estudios científicos que sostienen que su consumo no ha dañado la salud de nadie. En Bolivia debería llevarse adelante una discusión al respecto. Se cuenta con entendidos a favor y en contra de la idea.
Los transgénicos pueden ser una solución para enfrentar el fenómeno que estamos viviendo, y podrían ser la base para hacer posible la idea del presidente Morales de transformar a Bolivia en un proveedor de alimentos. Con cultivos tradicionales no será posible y quizás tampoco se pueda abastecer la demanda nacional.
Claro que debemos preservar nuestras semillas autóctonas. La inmensa variedad de papas cuyas semillas deben rescatadas y mejoradas en los centros especializados, como un ejemplo.
Esto también nos lleva mirar la Constitución Política del Estado que entra en contradicción respecto a los transgénicos, pues por un lado los prohíbe y por otro los permite.
El autor es periodista.
Columnas de JORGE MELGAR RIOJA




















