Acerca del festival de piano en Totora
El festival fue de más a menos, desde que la Gobernación de Cochabamba metió su espátula, yendo por otros senderos, hasta convertirse hoy en un festival cantado, bailado, zapateado y zarandeado
En febrero de 2004, junto a los malogrados Hijos Predilectos de Totora, don Hernán Rivera Unzueta y el Gral. Óscar Escóbar Quiroga, asumimos el reto de organizar el Primer Festival Nacional de Piano, sorteando las dificultades y mezquindad de algunos que ejercían cargos en la Municipalidad de Totora y en la Cámara de Diputados, además de otras personas que quisieron aplacar dicha iniciativa.
Tres fueron las razones que nos impulsaron a realizar el festival: 1) Rememorar el pasado esplendoroso de la antigua Villa de Totora, 2) Enaltecer la riqueza cultural y arquitectónica; y 3) Incentivar a niños y jóvenes a dedicarse a cultivar la música, el arte y la cultura; en este último caso, con la creación de la Academia Municipal de Música, que fracasó por la falta de interés de las autoridades municipales que asumieron responsabilidades a partir del año 2005.
La primera edición contó con la presencia de eminentes intérpretes niños, jóvenes y maestros de piano, a dos y cuatro manos, del Conservatorio Nacional de Música, de la Academia Man Césped dirigida por Koichi Fuji, de la Escuela Nacional de Música Adrián Patiño, del Instituto Eduardo Laredo, entre otros, además, de las eximias intérpretes Marianela Aparicio y María Antonieta García Meza, que hicieron que Totora, retorne al escenario nacional, esta vez, a través de la cultura, después del terremoto del 22 de mayo de 1998.
Sin embargo, transcurridos los años, el festival fue de más a menos, desde que la Gobernación de Cochabamba metió su espátula, yendo por otros senderos, hasta convertirse hoy en un festival cantado, bailado, zapateado y zarandeado, con el grave riesgo de que se convierta en algo similar al Festival del Charango que se realiza en Aiquile, donde abunda el excesivo consumo de bebidas alcohólicas, que es alentado por autoridades locales en la mustiamente célebre “Peña de Peñas”, donde servidores ediles venden bebidas sin control alguno, sean mayores, universitarios o colegiales.
El festival del piano tiene otra finalidad, pero si en dicho festival participan violinistas, bateristas, danzarines y cantautores, deja de ser tal, y para evitar que pierda su particularidad y degenere, es necesario que los organizadores reconduzcan sus decisiones, aun haciendo una pausa el próximo año.
Nadie se opone a la participación de violinistas, bateristas, danzarines, cantautores y hasta de grupos musicales de rock o de mariachis, si se quiere, pero esa participación debe darse en otro evento, porque el piano es un instrumento de cuerda percutida y no puede ser contagiada con otros instrumentos de viento, o de percusión, y menos por actos de mona pública.
Haberle ganado a la Alcaldía de Totora y a los alcaldes del MAS, impulsados por un exdiputado del Cono Sur tres juicios que me iniciaron el año 2008 por atreverme, como presidente del Concejo Municipal, a respaldar el Primer Festival de Piano no fue fácil, porque fueron tres años de procesos para demostrar a mis gratuitos detractores que sí valió la pena hacer el Primer Festival y que demandó la puesta en valor del Piano y no de otros instrumentos.
El autor es abogado
Columnas de HENRY GONZALO RICO GARCÍA



















