Otro gran legado de don Werner Guttentag
Raúl Rivero Adriázola (*)
La afirmación de que don Werner Guttentag (1920-2008) fue un bibliógrafo en toda la acepción de la palabra, es hoy más cierta que nunca. Durante su fructífera vida como editor y librero, no solamente enriqueció el acervo literario boliviano, con más de un millar de títulos editados bajo el hoy icónico sello Los Amigos del Libro, sino que, con dedicación de orfebre, durante más de 40 años se ocupó de plasmar toda la producción bibliográfica nacional en su monumental “Bio-Bibliografía Boliviana”, ineludible referente para cualquier estudioso de lo escrito al interior de nuestras fronteras la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, nuestra admiración por este gran hombre de las letras no se agota ahí.
En estos días, Ingrid Guttentag, la hija y custodio de la biblioteca y archivos de don Werner, está concluyendo la clasificación de la ingente colección de papeles dejados por el infatigable bibliógrafo. A los casi 60 mil títulos que componen su biblioteca, se suman otros miles de documentos, que comprenden desde incunables y manuscritos, hasta folletos y periódicos, que versan sobre innúmeras materias y abarcan al menos dos siglos de impresiones. Ardua y enloquecedora tarea, pues esa infinidad de documentos y su variedad temática complican sobremanera el ordenar con la necesaria sistemática rigurosidad los inapreciables e invaluables hallazgos.
Y entre lo descubierto, muchas veces oculto en medio de rimeros de papeles comunes o dentro de archivadores o, peor, entre un par de cartones sujetos con ligas, están saliendo a luz sorprendentes y valiosísimos escritos, que dan luces o contextualizan momentos claves de nuestro pasado; obras que, tal vez, no se hallen en otras bibliotecas del país. Mucho de lo encontrado —por sus exlibris que contienen o las firmas que refieren a pretéritos propietarios— fue adquirido por don Werner de librerías de viejo o, en más de los casos, de quienes se deshacían de las bibliotecas o los archivos de sus antepasados —mal cada vez más endémico y que está dispersando o, simplemente, haciendo desaparecer gran parte de nuestra memoria escrita—, respondiendo a ese su admirable e incontinente afán de coleccionista de todo aquello que se haya escrito sobre papel.
Gracias al empeño del Directorio, Ejecutivos y Gerencia de Editorial Canelas, una parte de esos documentos, referidos especialmente a los conflictos de límites de Bolivia con el Paraguay y con el Brasil —en este caso, por el territorio del Acre—, han sido adquiridos para enriquecer el Centro Documental Carlos Canelas de Los Tiempos; material que, una vez clasificado, estará a disposición de los investigadores interesados en conocer detalles desconocidos o poco difundidos sobre ambos litigios, que derivaron en conflagraciones bélicas y concluyeron con sendas desmembraciones territoriales.
También es de incalculable valía lo encontrado referido a la Guerra del Pacífico y los posteriores avatares de nuestra conflictiva relación con Chile, respecto al injusto enclaustramiento y las negociaciones posteriores sobre los intentos bolivianos para acceder a una costa soberana, antes y después del Tratado de 1904. A ello, se suman escritos referentes a remembranzas, testimonios, acusaciones, acuerdos, polémicas, etc., respecto a lo vivido y sufrido en esa malhadada guerra.
Pero, ahí no acaba la riqueza de lo adquirido y guardado por don Werner. Otros miles de documentos, referidos a aparentes trivialidades tales como juicios por herencias o difamación, a memorias de asociaciones o empresas, a programas políticos, discursos parlamentarios, informes de gestión pública, etc., sirven para conocer el cotidiano vivir y, tal vez, comprender mejor lo acontecido a lo largo del arduo siglo XIX en nuestro país; material que hará las delicias de cronistas que se ocupen de contar esos momentos de nuestra historia. Por todo ello es que, una vez más, don Werner nos sorprende y nos obliga a agradecerle con mayor admiración por su incansable dedicación a preservar y difundir lo escrito en Bolivia.
(*) El autor es escritor.






















