Pacifismo, pachamamismo y la demagogia institucional
Esa política moralista pachamamista que asumen nuestras autoridades debe considerarse una burla a los otros países y a los mismos bolivianos, dadas las acciones del Gobierno en relación al medio ambiente
Elogios y loas a la gran capacidad que han mostrado nuestras autoridades, para decir algo y actuar totalmente diferente. Considero que debe resaltarse esta probada habilidad, en el entendido que se ha logrado convencer a la opinión pública internacional de que las transformaciones impulsadas por el Estado Plurinacional son mesiánicas. No pretendo adscribirme a una crítica burda del accionar de nuestras autoridades. Todo lo contrario, el objeto de esta columna es alertar a la comunidad boliviana sobre el establecimiento de la demagogia institucional como política de Estado. Proceso que no sólo representa una burla hacia la verdad, sino que sus consecuencias se expanden sobre la validez y transparencia de nuestras instituciones. Tomaremos dos ejemplos para ilustrar mejor la cuestión: el servicio militar obligatorio y el pachamamismo. Comencemos.
El artículo 10 de la Constitución Política del Estado señala que “Bolivia es un Estado pacifista, que promueve la cultura de la paz y el derecho a la paz, así como la cooperación entre los pueblos de la región y el mundo”. Lo contradictorio de tal proposición, es que pese a declararnos pacifistas, en nuestro país, se presenta el servicio militar como una obligatoriedad inapelable. Es más, el rechazo del amparo constitucional interpuesto en 2015 en contra el ministro de Defensa, Reymi Ferreira, por José Ignacio Orías Calvo, de 18 años, con la finalidad de hacer respetar sus creencias religiosas y ser exonerado de cumplir con el servicio militar, es un precedente nefasto, como lo es la actual convocatoria y reglamentación del servicio premilitar sólo para los mejores alumnos. Porque en verdad, ser buen o mal alumno no se vincula sólo con voluntad, hay otros factores que impactan en el logro académico; escolaridad de los padres, alimentación adecuada, acceso a libros e Internet, al igual que la calidad de la institución educativa. Entonces, en este contexto, la reglamentación en función de las notas es una actitud clasista y racista que impactará sobre los sectores y alumnos más desprotegidos, que tendrán que ir a los cuarteles durante más de un año. Ya que si no saben pensar, que aprendan a marchar. Eso creen nuestras autoridades de un país pacifista.
Segundo, el pachamamismo. Hace unos días, asistí a una conferencia en Ecuador, dirigida por nuestro canciller Huanacuni, la temática era: Vivir bien como política de Estado. Escucharlo fue una maravilla. Comenzó diciendo que en Bolivia se respeta a la pachamama y criticaba fervorosamente a los países imperialistas por destruirla, olvidándose la intransigente posición del Gobierno de atravesar el Tipnis y, es más, atreviéndose a criticar a los Estados que no cumplían tal precepto. Esa política moralista pachamamista que asumen nuestras autoridades debe considerarse una burla a los otros países y a los mismos bolivianos, dadas las acciones del Gobierno en relación al medioambiente.
En conclusión, tanto desde el pacifismo o el pachamamismo, podemos ver que se ha establecido una demagogia institucional, con la finalidad de ocultar los procesos que lleva a cabo el Estado en estos campos. Al respecto, los y las bolivianas, debemos exigir que se obre con verdad, ya que no es sola una demanda ética sino sobre todo, una demanda por la transparencia y el respeto a los otros países.
El autor es sociólogo.
Columnas de CÉSAR AUGUSTO CAMACHO SOLIZ


















