Transformando huellas de dolor en huellas de amor
Devolverles la sonrisa, los sueños y esperanzas y asegurarles un futuro, pese a los difíciles momentos que han sufrido y deben seguir viviendo a causa de las quemaduras, es el objetivo del Centro Médico de Atención Integral Mosoj Phunchay, entidad especializada en la atención de niños, niñas y adolescentes víctimas de este tipo de accidentes.
Testimonios de muchos de los menores que vivieron esa tragedia y están superando esa realidad, son prueba del trabajo de Mosoj Phunchay.
Lena Callejas, de 13 años, sufrió hace un año quemaduras que le exigen someterse a 11 cirugías. Hasta la fecha, atravesó cinco operaciones. “Me faltan seis y es importante hacerlas porque si no aparecen queloides (lesiones en la piel) y no paran de crecer”, dijo la adolescente.
Agregó que muchos niños se quedan sin ser intervenidos y pierden la movilidad de partes del cuerpo.
La situación de los niños quemados en Cochabamba es alarmante. En 2016, más de mil pacientes llegaron hasta el pabellón de quemados del hospital del niño con la urgencia de someterse a decenas de cirugías y secuelas de quemaduras. La mayoría de los casos se dio por descuido en los hogares. Un gran porcentaje de los afectados no continúa con su rehabilitación a través de fisioterapia y cirugías por falta de recursos.
El Centro Mosoj Punchay, edificado en 2010 con fondos de la Telemaratón, alberga a los menores afectados por estos accidentes y les brinda apoyo escolar, atención médica, fisioterapia y cirugías de forma gratuita.
Pero por sus limitaciones de infraestructura y recursos se ve imposibilitado de recibir una mayor cantidad de pacientes y darles una oportunidad, como a Lena y muchos otros niños, de recibir toda la atención que requieren.
"Ellos merecen nuestro cariño, nuestro esfuerzo, porque están luchando para salir adelante, soportan cirugías y terapias dolorosas, están muchos días, semanas postrados en la cama, ellos necesitan de nuestra ayuda y que se termine de construir el Centro Integral, el hospital. No hay mayor y mejor causa que los niños y niñas", manifestó la presidenta de la Fundación Telemaratón, Angélica Lazarte, al convocar a la ciudadanía, entidades y empresas a sumarse a la cruzada a favor de Mosoj Phunchay.
Agregó que el centro integral tras la emergencia, la crisis y el dolor que han sufrido a causa de las quemaduras de piel, se preocupa de la cicatrización de las heridas y de su rehabilitación, en el alberque brinda a los pacientes apoyo pedagógico, fisioterapia mientras esperan sus cirugías. "Esperas que muchas familias no están en condiciones de cubrir, por el elevado gasto económico que representa el traslado, la logística para el transporte de los pacientes y abandonan la recuperación. Por eso de la importancia de construir esta segunda fase del centro y de que este proyecto sea realidad. Es un sueño grande que sabemos que los vamos a lograr", aseveró.
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LA LABOR "TITÁNICA" DE ROMERO
El médico Óscar Romero, además de ser uno de los pocos especialistas en el país en la atención de los pacientes más pequeños que sufrieron quemaduras, es un ejemplo de entrega de muchos años, haciendo posible que muchos de los niños se rehabiliten.
“Los niños quemados en Bolivia son una prioridad. Es exagerada la cantidad de niños que se queman en Bolivia. Sobre todo la gente que vive en el campo. Es por eso que nosotros hemos creado este centro, Mosoj Phunchay. Tenemos un lugar donde los niños se quedan semanas, meses, a veces hasta años, hasta rehabilitarse. Aquí los niños no pagan nada, viven. Se rehabilitan físicamente, intelectualmente, fisiológicamente, estéticamente y nutricionalmente", señaló el galeno, fundador de Mosoj Phunchay y director del pabellón infantil de quemados del Complejo Hospitalario Viedma.
"Son 6 millones de dólares que necesitamos ahora, es una inversión grande, pero estamos felices porque sobrevivimos y seguimos adelante y esta manito que nos dan es importante para financiar el proyecto. Bolivia es país con más personas quemadas del mundo. Hemos iniciado con las gobernación departamental programas para educar y enseñar a prevenir, es lo que único que se puede hacer: prevención", expresó Romero.
HISTORIAS DE VIDA
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JULIA
De 7 años, en mayo pasado se quemó el rostro y parte del cuerpo, el accidente ocurrió cuando se encontraba con su mamá, hermanas y tía en la cocina, en su casa que está en la provincia Arque. Preparaban el almuerzo en la cocina, había pasado el mediodía. La manguera de la garrafa estaba en mal estado y dejaba escapar gas.
Julia cuenta que sintió un olor a gas y alertó a la tía, pero igual encendieron el fósforo lo que ocasiono una explosión.
La tía perdió la vida en ese suceso y Julia salió con quemaduras de tercer grado en el rostro y gran parte del cuerpo.
Vecinos llegaron y la socorrieron. La hermana cuenta que cuanto vio a Julia toda quemada se desmayó al no saber qué hacer.
Julia fue traslada desde Arque en ambulancia para que pueda ser atendida, ahora recibe aún tratamiento en Mosoj Phunchay y todo el apoyo que necesita para superar los momentos trágicos que vivió y los difíciles que todavía deberá enfrentar.
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ESMERALDA, LUCY Y MUCHAS MÁS
Los testimonios de Lucy, Janeth, Esmeralda, Limbert, Elena y muchos otros más reflejan como estos niños y niñas por situaciones fortuitas sufrieron graves quemaduras que marcaron sus vidas y ahora deben enfrentarlas.
En las historias destacan la fuerza de voluntad y valentía de estos menores, de 6, 4, 12 años, que pese a su corta edad tienen toda la fortaleza de seguir adelante y superar esas huellas de dolor.
Lucy sufrió quemaduras en el rostro y el cuerpo cuando tenía cinco años, Janeth que ahora tiene cinco años, se quemó el brazo y el tórax cuando apenas tenía un año; Esmeralda también se quemó el rostro y sus brazos cuando tenía seis años, ahora tiene 12 y aún debe continuar con los tratamientos y proceso de rehabilitación. Limberth se quemó parte del rostro y el cuerpo hace cuatro años, cuando tenía ocho.
Todos ellos asisten a diario al Centro Mosoj Phunchay para realizar fisioterapia, que ha quedado pequeño para albergar a más menores que necesitan atención y van llegando.
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CECILIA
Tiene 17 años y está cursando el nivel secundario en el colegio, aspira poder seguir la carrera de psicología después de salir bachiller para poder ayudar a quienes hayan sufrido accidentes similares al que ella tuyo.
Sufrió el accidente cuando tenía 13 años y desde entonces ya no vive con sus papás.
El 14 de abril de 2013 quedó muy marcada en la memoria de Cecilia, día que sufrió el accidente. La manguera de gas de la cocina ocasionó una explosión. Cecilia sufrió quemaduras de tercer grado en gran parte de su cuerpo y rostro.
Recuerda que la manguera se hinchó y no había asegurado bien la garrafa y dejó escapar mucho gas. Esa noche, cuando encendió el cerillo se produjo una explosión y se encendió su cuerpo.
Se encontraba sola en la casa, sus papás estaban de viaje y ella había quedado al cuidado de su hermanito, quien gritó.
Los vecinos la socorrieron y la llevaron en taxi al hospital Viedma, donde el doctor Romero la atendió.
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Su sonrisa y forma de hablar soñadora resaltan la esperanza del día, para recuperarse del accidente que sufrió.
Luz Clarita, de cinco años, actualmente está en el kínder. Dice que le gusta ir allí porque allí se divierte, pues le gusta dibujar, cantar y bailar.
Sus papás viven en Aiquile, se dedican a la agricultura y la elaboración de chicha.
Para jugar se puso una bolsa en la cabeza y al no poder ver cayó sobre el agua que estaba hirviendo. Se cayó al perol en el que elaboraban la chicha.
"Al fuego me he metido, fue muy doloroso y se salía mi piel. Lloraba y lloraba", recuerda la niña.
Después del accidente la llevaron a la posta de salud de Aiquile y de allí la derivaron al Pabellón de Quemados, donde recibió atención de emergencia.
Hace casi dos años llegó al Centro Mosoj Phunchay, la niña había sufrido quemaduras de segundo y tercer grado en el 60 por ciento de su cuerpo: piernas y manos.
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OPTIMISTAS
Para cada uno de los niños y niñas afectados por quemaduras, el recibir el tratamiento adecuado es la oportunidad para vivir.
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FORTALEZA
Pese a las cicatrices que marcan sus vidas, secuela del trágico accidente que sufrieron, se mantienen firmes.

























