La infancia perdida, invisible para el Estado
En Bolivia hay niños y niñas que pierden su infancia. Esta dura realidad la plasmó el pasado domingo este periódico en un reportaje sobre la niñez en Tapacarí, un municipio con elevada pobreza que está apenas a unos 60 kilómetros de la ciudad de Cochabamba.
Después de conocer las historias de pequeños que se convirtieron en padres y madres de sus hermanos o simplemente se quedaron solos al amparo de quien quiera cobijarlos, sólo se puede concluir que Bolivia no es ese país que las autoridades nos pintan.
De los testimonios sale a la vista que la migración campo-ciudad de los adultos en busca de trabajo es el factor preponderante para el abandono de los niños.
En declaraciones recientes, el vicepresidente Álvaro García Linera afirmó que “mientras en el resto de los países la población rural disminuye, en Bolivia comenzó a suceder un proceso diferente: la población rural se ha incrementado”. Tapacarí, que no parece ser la excepción sino la regla en el área rural, lo desmiente y hace visible lo que se quiere ocultar.
Los Tiempos comprobó que niños de 10 y 11 años se convierten en “la cabeza de la familia” y asisten a la escuela cargando bebés.
Quedarse solos o al cuidado de familiares además ha derivado en algo mucho más grave, la violación sexual que crece por la ausencia de los padres y goza de impunidad.
Todo esto ocurre a sólo 60 kilómetros de la ciudad y es real.
Jefa de Redacción de Los Tiempos
Columnas de María Julia Osorio M.



















