Kalimán y el rol de las FF.AA.
Declararse un soldado del proceso de cambio forma parte del derecho individual que cada quien tiene de adscribirse a un proceso, movimiento o causa alguna, independientemente cual fuere. En este caso, el eslogan “proceso de cambio” tiene una serie de particularidades de naturaleza no solo política, sino también partidaria. Está intrínsecamente ligado al partido de gobierno, el cual, con indudable destreza, ha sabido posicionar en el escenario nacional y, después, en sus adeptos, que toda gestión emprendida a cargo del gobierno como parte de un proceso (de cambio) debe diferenciar lo acontecido en gobiernos pasados.
Bajo esa tónica, el propósito ha sido dejar una marca indeleble como parte de dicho proceso a fin de encasillar la gestión del MAS y mostrar que con ella sí se hacen obras y que en el pasado, la realidad era otra. Evidentemente ese razonamiento es muy simplista y sirve para ciertos auditorios que no ingresan a una valoración más sesuda y de fondo respecto al comportamiento del Estado en el plano social, judicial, económico, etc. desde mucho antes a la asunción de Evo al poder.
Por tanto, así como existen grupos sociales populistas con tendencias políticas radicales que adoptan la imagen del Che Guevara por ejemplo (un liberal probablemente no lo haría, a más de haber apreciado el rolex o el habano que acostumbraba en la época), existen también otros que adoptan la frase “proceso de cambio” como parte de un discurso que identifica el andar de un partido político como es el MAS.
A vuelta de página, ha aparecido el ciudadano Williams Kalimán, General él, quien ha asumido el cargo de Comandante en Jefe de las FF.AA. Recordemos que esa institución es medular en la estructura del Estado boliviano, y que su misión fundamental está identificada en la Constitución. Dicho esto, lo primero que uno entiende es que no son parte de la estructura de un partido político, que las autoridades castrenses se deben profesionalmente a su institución y que la obediencia y dependencia a la Presidencia de la República no genera deber alguno a responder por códigos de militancia partidaria.
Si amas y admiras el “proceso de cambio” siendo autoridad castrense, díselo a Evo en su oreja si crees que con eso evitas te jalen las patillas, y si realmente estás convencido del proceso, no lo digas en público siendo autoridad, porque no solo pasas un papelón personal y familiar, también, le haces daño a la institución a la cual te debes.
Después de que dejes el cargo, si deseas ser activista político o tatuarte el rostro del Che en el pecho, hazlo. En todo caso, siempre he creído que hasta para “llunkear” hay que tener clase. Uno puede ser un “llunku” (algo abominable, sin duda) y ejercer ese derecho porque eres libre de hacerlo. Sin embargo, mientras cumples una función al mando de una institución como las FF.AA, guarda respeto, compostura, ubicuidad, sentido de oportunidad y por sobre todo, sentido común. Al hacerlo, incluso ayudas al partido en función de gobierno, porque evitas se vea en figurillas tratando de clarificar el bochorno de la “militancia castrense”.
Finalmente, el ciudadano Kalimán le ha hecho un flaco favor a su institución. Su adherencia como soldado del “proceso de cambio” ha ocasionado que se abra un debate (seguro que así será el 2019 hasta antes de octubre) respecto a cuál el verdadero rol de las FF.AA en un Estado declarado constitucionalmente pacifista. En este momento, la gente y el ciudadano de a pie se pregunta exactamente cuál el aporte de las FF.AA. al desarrollo nacional y de qué manera su rol constitucional son determinantes en el día a día de cada boliviano. Esa la contribución de declaraciones poco afortunadas e irrespetuosas de un marco institucional que exige un comportamiento cercano al de la esposa del César: no solo hay que ser, también hay que parecer.
Feliz año nuevo para todos.
El autor es abogado.
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