¿Jodidos pero contentos?
Me cuenta mi suegra que en sus años mozos fundaron una comparsa y le pusieron de nombre de los Jotapece. Eran laS iniciales de “Jodidos pero contentos”. El grupo era tan de avanzada que usaron la mala palabra “jodidos”, un pecado ante tu confesor que daba penitencias por ello. Ni que hablar de las amadas y viejas vecinas del barrio –amantes del buen decir– que rezaban el rosario para librarse de todo mal que emergiera de los JPC.
La definición me pareció muy objetiva para radiografiarnos a todos los que vamos saliendo del túnel. Estamos jodidos porque la pasamos mal, exprimimos ahorros o acudimos a préstamos para sobrevivir, pero estamos contentos porque otra vez se puede circular ¡y hasta las 24.00!
Jodidos pero contentos, era la sensación casi generalizada antes de las elecciones, entendiendo que, saliendo de los meses sombríos y difíciles, íbamos a tener la positiva expectativa de volver a trabajar. Todo lo que se desmoronó, había que volverlo a edificar con esfuerzo, trabajando el doble para ganar la mitad. Pero no es tan así.
La realidad de ahora significa que estamos jodidos “por nuestro pasado que va pasando, pero más que contentos estamos cagados”, con perdón de la palabra, pero esta parte me la dictó mi suegra.
“Sea objetivo y diga que estamos jodidos porque fuimos a votar contra el que no queríamos y el que no queríamos ganó. Diga que estamos jodidos porque nos queda solo una docena de cervezas en la heladera y la doñita de la esquina no fía ni a su nuero que ahora ha vuelto al poder. Estamos jodidos porque los niños no volvieron a la escuela y tu prima soltera está embarazada del vecino. Al que le preparaba su desayuno y de ahí nacerá el ‘Cuarentito”, aclaró.
Bueno, hizo una larga lista más, pero eso de afirmar que estamos “contentos” se va devaluando. Porque estábamos contentos, porque entendíamos que íbamos a tener la oportunidad de volver a trabajar. Pero no hay sonrisa que aguante porque con bloqueos ni paros no podemos volver a producir. “Y no es cuestión de decir que eso está bien o está mal, es aceptar que es real pero lo real es tan surreal, que contentos ya no podemos estar”, según mi amada madre política.
Quedemos en que estamos JPC. No todos. Unos contentos porque volverán a gobernar, otros porque volverán a bloquear. Nosotros somos la lechuguita del sándwich. Los ilusos que tuvimos la razonable idea de que iba a nacer en el país una nueva era, que nos permita reconciliarnos para hacer un puente que nos abra la posibilidad de unirnos para encarar el mañana que vendrá con la pospandemia, el odio, la mentira, la venganza, la intolerancia, la violencia y todo un torrente de males. Ante semejante monstruo de 100 cabezas, sabemos que unidos venceremos, pero separados periclitaremos.
Mientras sigamos mostrándonos los dientes, seguiremos JPC. (No con C de con…sino con C de cagados).
El autor es humorista
Columnas de ADOLFO MIER RIVAS


















