Día Internacional para la Tolerancia
Ayer, 16 de noviembre, se celebró el Día Internacional para la Tolerancia, establecido por la ONU hace 25 años, en 1995, cuando los países que conforman la Unesco adoptaron y firmaron la Declaración de Principios sobre la Tolerancia.
En Bolivia, ayer, esta conmemoración fue recordada solo por la oficina local del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH-Bolivia), de manera discreta, pero significativa, especialmente en las circunstancias actuales marcadas por acciones de abierta intolerancia motivados por intereses individuales o grupales.
“La Misión rechaza los recientes incidentes de violencia, hostilidad e intolerancia que se han presentado en oficinas, espacios públicos y redes sociales en contra de servidores públicos, exautoridades, periodistas, activistas de derechos humanos y algunos actores políticos”, enuncia esa entidad de la ONU en uno de los tuits publicados a propósito de la celebración.
Y tiene razón la OACNUDH-Bolivia en rechazar esos actos, pues ellos conllevan a perturbar la paz social, tan necesaria en estas circunstancias en las que el país intenta sanar las heridas abiertas hace un año, en la convulsión social poselectoral. Y, además, se enfrenta a la incertidumbre de un rebrote de la pandemia de Covid-19 y a las consecuencias de la contracción económica mundial, cuyos efectos en nuestro país apenas comienzan a ser evidentes.
La mencionada Declaración establece que “Luchar contra la intolerancia exige un marco legal: Los Gobiernos deben aplicar las leyes sobre derechos humanos, prohibir los crímenes y las discriminaciones contra las minorías y debe garantizar un acceso igualitario a los tribunales de justicia, a los responsables de derechos humanos y a los defensores del pueblo”.
Pero detener la escalada de intolerancia en la sociedad es también responsabilidad de los grupos organizados, especialmente aquellos ligados a la actividad política, pues es en ese ámbito donde se exacerba con mayor facilidad las conductas hostiles. Así, esa celebración tendría que servir para motivar la reflexión de los líderes políticos y de organizaciones sociales, respecto de la necesidad de imponer el diálogo y la apertura para resolver conflictos.
Asimismo, como lo señala la ONU, “La intolerancia es más peligrosa cuando se usa con fines políticos o territoriales. Se usan argumentos falaces, se manipulan los hechos y las estadísticas y se miente a la opinión pública”.
Finalmente, “luchar contra la intolerancia requiere una toma de conciencia individual: La intolerancia en la sociedad es la suma de las intolerancias individuales. Por eso, debemos examinar nuestro papel en el círculo vicioso que lleva a la desconfianza y violencia en la sociedad”.





















