Secreto de gigantes: Parque Nacional Amboró
// Texto: Alicia Cortés Soruco
Fotos: Andres Mac Lean y Kev Alemán //
Imaginemos por un momento un paraíso, ¿qué se nos viene a la mente? Kilómetros de tierra oscura y fértil, cubierta completamente de vegetación, donde todos los tonos de verde se mezclan. Las altas puntas de los árboles, asomándose por encima del bosque húmedo, iluminados por la luz del sol. Donde miremos, hay naturaleza. Caminos que nos llevan hacia escondites hermosos, de largas cascadas y profundos manantiales de agua cristalina.
Rodeados de hojas, entrevemos a los animales que comparten el espacio con nosotros. Monos, aves, insectos, pequeños roedores. Ojos brillantes que nos miran con curiosidad para después desaparecer entre los árboles. Sobre el sonido del agua corriente, el canto de un pájaro, un sonido que jamás habíamos escuchado antes. Plumas de colores brillantes y pelajes de diseño único. Aire cálido, rico, lleno de los olores de la naturaleza.
Esas imágenes componen el cuadro ideal. Algo tan perfecto que es casi inexistente. Algo que tal vez podemos ver en películas o documentales. Pero… ¿qué pasaría si te decimos que ese paraíso está a tres horas de Santa Cruz?
Desde hace tiempo, Una Gran Nación había escuchado sobre un emprendimiento. Sobre un lugar tan hermoso que parecía inventado. Así, decidimos salir en su búsqueda. El equipo compuesto por Carla Anze, Alex Perez, Gonzalo Larserna, Diego Bilbao y Pablo Vidal inició un viaje para descubrir esta leyenda, un escondite único, donde la naturaleza es reina y la belleza se encuentra en cada rincón.
Entrar a la zona del Parque Nacional Amboró es una experiencia que todos debemos vivir por lo menos una vez. De un momento a otro, pasamos de las carreteras que conocemos, a una dimensión extraña y preciosa, de caminos delgados, montañas descomunales y vida rebosante. Pasando esta entrada, llegamos al refugio Los Volcanes, el Eco Lodge donde la experiencia del Amboró se perfecciona. Desde aquí, emprendimos la verdadera aventura, a través de las sendas, circuitos y visitas que este destino tiene para ofrecernos.
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Es una sensación especial caminar entre los árboles de nuestro bello parque nacional. Es un momento profundo de reflexión, en el que nos vemos empequeñecidos por la imponente fuerza de la naturaleza que nos rodea: indomable, salvaje y poderosa; pero a la vez serena, bella y maternal. Durante este tiempo, dejamos atrás las costumbres y reglas que la vida cotidiana establece. El tiempo parece bajar su velocidad, los apuros y preocupaciones se convierten en cosa del pasado y la mente se aclara, dejándonos ver realidades que tal vez estaban ocultas.
Las cosas que en nuestro día a día parecen pequeñas, cobran mayor importancia y nos encontramos a nosotros mismos valorando detalles. ¿Un ejemplo? Lo brillantes que son las estrellas sobre la tierra boliviana. O la hermosa simplicidad de sentarse a respirar aire puro en un edén intocado por el smog. Tal vez incluso un encuentro fortuito con un animal, una mirada rápida a la libertad que ellos disfrutan aquí, sin miedo a ser cazados o traficados.
Porque esa es la verdadera belleza a la que nos enfrentamos. Una belleza terrible, porque solo existe sin nosotros. Sin nuestra mano causando destrozos en la tierra, un espacio donde los pocos seres humanos que han ingresado han tenido cuidado, han sido respetuosos, se han alejado del fuego y de la destrucción para crear un espacio de equilibrio, paz y armonía entre la naturaleza y nosotros.
El Amboró es muy amplio, pero al reflexionar sobre él, parece una cuna. Protegida por gentiles gigantes, antiguos volcanes que todavía recuerdan la furia de sus días de gloria. Cubierta de altos árboles de profundas raíces, memorias antiguas de tiempos anteriores a los nuestros. Y en el medio, un pequeño refugio, donde nosotros tenemos el privilegio de observar y disfrutar de la naturaleza libre, sin desafíos, sin miedos o peligros.
Hoy, Una Gran Nación ha visto mucho. Desde la belleza impresionante del altiplano hasta la enormidad y fuerza del trópico, pasando por los serenos y sabios valles. Y en todos estos lugares, hemos encontrado una sola verdad: Bolivia es grande, magnífica y extremadamente rica. Llenos de vitalidad y fuerza, incluso en tiempos oscuros, nuestro país y nuestra gente trabajan incansablemente para demostrar y visibilizar el valor que nuestra tierra tiene. El Amboró y el refugio Los Volcanes son un excelente ejemplo de lo que el país puede ser: un paraíso armónico, de paz entre nuestra riqueza natural y nuestro desarrollo cultural y tecnológico. Un ejemplo de avance para otros. De espacios verdes, naturaleza rebosante, personas plenas y dignas, orgullosas de la tierra que los vio nacer.
Ahora, es nuestro trabajo ayudarlos. Reconocer la grandeza de nuestra Bolivia y dar de nuestra parte. Olvidemos los estereotipos, las historias de que “afuera todo es mejor”. Viajemos por nuestro territorio, porque solo así descubriremos toda la maravilla que significa ser boliviano. Es en esta verde tierra donde nació nuestra premisa, que cada día se afianza más: la creencia de que Bolivia fue, es y será Una Gran Nación.

























