Latinoamérica y la hegemonía de EEUU
La hegemonía de Estados Unidos está siendo recelada en un sector modesto de este mundo, pero mucho más significativo de lo que se piensa: Iberoamérica o, como se dice, Latinoamérica. Aclararé lo del sector modesto. En la Wikipedia, que es la verdadera enciclopedia, hay más de 900.000 entradas en inglés, pero sólo más de 90.000 en castellano. Puestos intermedios corresponden a otros idiomas, como el francés y el alemán. Saquen sus conclusiones.
Respaldo de Estados Unidos
El recelo iberoamericano es cauto, funcional. El ejemplo lo hemos tenido hace muy pocos años cuando el presidente uruguayo José Mujica visitó Washington.
Por parte de un jefe de Estado, toda visita oficial a Washington es una muestra de servilismo. Al jefecito lo reciben altos funcionarios, pero va en auto a visitar al Oberpraesident en la Casa Blanca. Hace medio siglo, De Gaulle, siendo presidente de Francia canceló un viaje a Washington al saber que el presidente americano no lo recibiría en el aeropuerto. Sólo la reina británica y el rey de Arabia Saudita son recibidos solemnemente en el aeropuerto. En el caso del saudita, es el jefe del jefe, porque es el vicario del dinero, que es el dios verdadero.
José Mujica estuvo 13 años preso, en una represión intercontinental innecesaria que organizaron los gobernantes americanos y sus burócratas. Pero igual Mujica fue a hacer pasacalles en la Casa Blanca, lo que justificó diciendo que era necesario para su pueblo. ¿Era necesario? Sí, porque Uruguay necesita del respaldo de Estados Unidos frente a Argentina. Un respaldo abierto de Brasil resulta impolítico, no hace buena vecindad con Argentina. Tras este ejemplo tenemos cómo Filipinas e India se apegan a Japón y a Estados Unidos para hacer frente a la incómoda hegemonía china.
Estados Unidos tiene una buena y una mala cara, esto porque el mundo es dialéctico, lleno de contradicciones. Así como Iberoamérica se separa cautamente de Estados Unidos, esto se complementa con una unión tan estrecha, que los votantes identificados como anglosajones tienden a apoyar a Donald Trump para contrarrestarla. Los mexicanos claman con eso de que invadir a Estados Unidos está en su derecho, para ser ciudadanos americanos de raigambre.
Decadencia de EEUU
Pero veamos la mala cara de Estados Unidos, porque esto es necesario para comprender por qué el mundo se halla en crisis de orientación. Sin pretender meternos a juzgar la confrontación del mundo marxista con el liberal-capitalista, limitémonos a aceptar que la decadencia de Estados Unidos se inició en la década de 1980 con el Gobierno de Ronald Reagan, cuando se reorientó la política social al neoliberalismo preconizado por los Chicago Boys, muchos de ellos nobeles de economía.
Pero quizá el mal viniese de antes, con la guerra de Vietnam iniciada por John Kennedy. Fue en esa guerra que la aviación americana arrojó perdigones y gas naranja, para matar todo en los bosques. Un crimen de lesa naturaleza, imperdonable. Con crímenes como esos, una nación se condena. Más o menos como ahora la nación boliviana si no rectifica lo de los bosques. ¿Se corregirá el mal?
Luego vino la injustificada invasión a Irak, el desorden de la economía americana con las importaciones masivas de China, por ser mercaderías más baratas, y la importación de profesionales por ser más económicos que la fabricación de propios, en universidades pagadas.
Escepticismo y cautela
Pero la decadencia americana no está consumada; supongo que demandará todo el siglo XXI, aunque soy un lento de mente y usualmente los acontecimientos son más ágiles. Porque a cómo van las cosas, pocos son los países que quieren adscribirse al liderazgo chino. Para asegurarse el futuro, el Gobierno americano ha planificado debilitar a la única nación que realmente puede plantarse, que es Rusia. Nación que no dice haber mandado gente a la Luna, pero que sí es pionera en el espacio y que hace los motores de los grandes cohetes, y que para colmo tiene un arsenal nuclear que no permite que se la intimide con eso. Primero se alabó la disolución de la Unión Soviética, luego se pasó a buscar cómo cercar a Rusia de nuevo.
Con la pequeña guerra de Ucrania las cartas fueron puestas sobre la mesa. Todo “Occidente” se ha manifestado contra Rusia, como el enemigo ancestral, en pura cepa hitleriana pero con mucha más astucia. Sin embargo, no todo ha salido bien, porque como lo dice Hitler en su meme y como más realmente se queja el Gobierno lituano, la gente hace más caso a la opinión rusa. Como se dice, Putin está ganando la guerra mediática.
Este asunto es grave y así lo ha afirmado Henry Kissinger en sus libros: se subestima la importancia de la intervención rusa en la historia. No nos resulta clara la importancia que tuviese que los rusos hubiesen derrotado al rey prusiano Federico el Grande a mediados del siglo XVIII. Lo que sí es claro es que, tras derrotar a Napoleón en Rusia en 1812, el Ejército ruso continuó la guerra hasta entrar en París en 1814. El mariscal Kutúsov fue del parecer que no se debía derribar al régimen napoleónico; bastaba con demostrar que se había aniquilado a la Grand Armée, de los ejércitos de Francia, Austria y Prusia. Mal o bien, Napoleón era instrumento de la expansión del liberalismo. Al derrotarlo en vez de apoyarlo, la Rusia zarista se constituyó en el gendarme del conservadurismo, hasta hacer estallar la compresión social con la revolución rusa.
En 1941 el Ejército alemán invadió Rusia. La victoria total se daba como un hecho. Empero se puso de lado la advertencia del almirantazgo alemán, en sentido que una guerra en Rusia daría más motivaciones a Gran Bretaña para continuar la guerra; así como a la advertencia del Ministerio de Relaciones Exteriores, en sentido de que las reservas militares soviéticas eran mucho mayores que las que se creía.
Nadie quiere desestimar la importancia de la acción del imperio británico y de Estados Unidos en la segunda guerra mundial, pero no debe dudarse que la guerra en Rusia fue una moledora de carne. Los números cantan como las Musas. Dando cifras globales y genéricas, Alemania sufrió uno o dos millones de muertos civiles, más ocho millones de soldados en guerra y quizá hasta dos millones en manos de los americanos tras la guerra. De esos ocho millones de soldados alemanes, siete murieron en el frente ruso. A su vez de estos siete millones, dos millones murieron entre mediados de 1941 a mediados de 1944, mientras que cinco millones murieron entre junio de 1944 hasta empezar mayo de 1945. Los rusos tuvieron varios millones de muertos civiles, quizá menos que los que dice; de soldados, perdieron siete millones, buena parte durante el primer año de guerra y comparativamente pocos cuando su Ejército pasó a ser altamente eficiente. Esto se vio cuando terminando la guerra con Japón, el Ejército soviético conquistó Manchuria, que defendía un millón de soldados japoneses, y conquistó el sur de la isla Sajalín. Japón se rindió confrontado con la realidad de las bombas atómicas y, lo que se consideró peor, que los soviéticos ocuparían la isla de Hokaido triunfalmente.
Esto lo traigo a colación porque en este siglo XXI, tal como Putin lo informó a su pueblo, los rusos consideran que el occidente europeo y anglosajón es su enemigo en un nivel atávico.
Con este panorama, ¿qué debemos pensar? En primer lugar, adoptar escepticismo y cautela, lo que significa en no creer en las mentiras que se nos dice. Los pueblos aman las mentiras. Ahora que nos consideramos mayores, al menos como para comer hasta engordar, ya no tenemos que tragar tantas mentiras como las que se nos inculca. Luego viene eso de la cautela. Por ejemplo, podemos oponernos al belicismo e imperialismo americanos, pero no por eso meternos en enemistades innecesariamente, y sobre todo en todo y por todo.
Y algo más debemos apreciar, que es la libertad de expresión, la libre crítica. Ya Marx afirmó que la libertad de prensa es un gran logro en la civilización moderna. Mucho antes, hace ya unos dos mil años, el emperador Tiberio afirmó que entre hombres libres había libertad de palabra; esto salvando la difamación en lo que las leyes la definen.
Finalmente, siguiendo a Mujica, debemos analizar las doctrinas políticas y económicas, o al menos interesarnos por los buenos análisis que se hagan, siguiendo lo preceptuado por el economista Keynes, que hace mucho daño la fe en los preceptos económicos errados. Nosotros estamos llenos de dogmas económicos errados, y por nosotros me refiero a la civilización en general.
“Estados Unidos tiene una buena y una mala cara, esto porque el mundo es dialéctico, lleno de contradicciones. Así como Iberoamérica se separa cautamente de Estados Unidos, esto se complementa con una unión tan estrecha, que los votantes identificados como anglosajones tienden a apoyar a Donald Trump para contrarrestarla”.
(*) El autor es escritor.























