La colina y ermita de San Sebastián
La Coronilla también es conocida con el nombre de Colina de San Sebastián. “Cerro de gran valor histórico, por ser teatro de sangrientas luchas durante la guerra de la Independencia”. En la cumbre se ha erigido un hermoso monumento, que perpetúa el valor y el heroísmo de las mujeres cochabambinas, de la inmortal hazaña del 27 de mayo de 1812”. (Macedonio Urquidi. “El Origen de la Noble Villa de Oropesa”.
“En la guerra, la geografía y el medio son decisivos; pero como no toda batalla se convierte necesariamente en ícono, tampoco toda tierra es de por sí sagrada; en rigor se la construye (o anula) como tal. El pasado no habla por sí mismo, se lo hace hablar; tampoco tiene valor de manera espontánea; se le otorga o se lo niega. La memoria se construye; la historia se descubre”, escribe el historiador Gustavo Rodríguez en su obra “La Batalla de las Heroínas de la Coronilla, 200 años de coraje”, en alusión a la colina de San Sebastián, uno de los lugares más emblemáticos e históricos de la ciudad de Cochabamba, identificado por el monumento a las Heroínas de la Coronilla que sobresale en su cima.
Según el historiador, la colina de San Sebastián –probablemente un centro ceremonial religioso preincaico e incaico– “tuvo su bautizo de fuego al ser ocupado por los mestizos en rebelión a fines de 1730; desde allí, donde se sentían seguros, se desplazaron hacia el centro urbano del poder.
Por aquella proximidad a la ciudad y por su estratégica ubicación de control sobre los caminos de acceso a la ciudad procedentes del valle alto y bajo, fue también tomada el 27 de mayo de 1812, para repeler a las fuerzas del arequipeño José Manuel de Goyeneche”.
“Jaya Uma”, nombre indígena y primitivo del cerro o colina de San Sebastián o Coronilla, que también se llamó “Kanata” y zona honda, anegada, porque en sus orillas crecían “yerbas amargas” por lo que también se la conoció como la región contigua al noroeste de “Jaya Huaykjo” (en aymara). En todas las zonas que contornean al cerro moraban los indios “Urus”, mitimaes venidos de las regiones lacustres del altiplano, describe José Macedonio Urquidi en “El origen de la Noble Villa de Oropesa”.
El cerro emblemático se encuentra enclavado en pleno corazón de la ciudad de Cochabamba, como una obra caprichosa de la naturaleza aislada de las montañas vecinas que circundan el valle fértil de Cochabamba, que ha sido mudo testigo de asentamientos sociales de diferente origen étnico-cultural, de acontecimientos político-militares y de tesoros ocultos como las piezas de oro encontradas de Tiwanaku de un gran valor y riqueza única en su género, escribió Rosa Elena Novillo Gómez sobre el significado de Jaya Uma (Coronilla) y su historia.
Carlos Lavayén Mendoza, por su parte, recorre minuciosamente la suerte de la colina desde la Batalla de las Heroínas de la Coronilla (1812) hasta el presente. Sus principios mundanos con la construcción de El Acho (1892), destinado a la corrida de toros, a la inauguración del monumento (1926) y la conformación de un espacio cívico, hasta su actual abandono.
Ermita de San Sebastián
Se desconoce la fecha exacta en que se construye la pequeña capilla de la “Ermita” o “Capilla Solitaria” consagrada a San Sebastián, al pie del flanco oriental del cerro de este nombre, originariamente llamado “Jaya Uma” o “Kanata” y al sud de la actual Plaza Esteban Arze o San Sebastián.
Un antecedente podría ser la noticia de la peste que flageló entre 1560-1561 a la opulenta villa potosina y zonas circunvecinas devastando a gran número de su población, principalmente española, trascendió a toda la región de la jurisdicción de la provincia de Charcas y el virreinato del Perú causando pánico ante la posible propagación de esta mortal enfermedad entre todos los pobladores de la región de Charcas, llegando seguramente la aciaga noticia hasta los valles de Cochabamba, región con la que mantenía un constante flujo comercial principalmente agropecuario, y ésta haya sido la probable causa para que en el lugar se edifique la insigne capilla como protección contra la peste. Y hasta podría asegurarse que el nombre de cerro o colina de San Sebastián la haya adquirido por haber estado emplazada a sus pies en homenaje al patrono de Orellana la Vieja, de donde era originario Garci Ruiz de Orellana, San Sebastián, invocado como defensor contra la peste, siendo actualmente la festividad religiosa más popular que se celebra en esa localidad española cada 20 de enero. (“Yo soy el primer poblador que entró en este valle. Garci Ruiz de Orellana. Orígenes de la Villa de Oropesa del valle de Cochabamba. 1548-1593”. Rolando Balderrama).
José Macedonio Urquidi sugiere que fue erigida en el mismo año de la fundación de la Villa de Oropesa por el Capitán Gerónimo Osorio.
“En varios expedientes se hace constar el hecho de su erección, y circunstancialmente en las declaraciones de Andrés de Estrada, hijo de Pedro de Estrada, hasta el número de tejas y ladrillos y demás materiales empleados en su construcción. Estuvo en pie algo más de dos siglos, y sus campanas, pequeñas y sonoras, durante ese tiempo resonaron plácidas, convocando al culto divino en estos deliciosos y perfumados ámbitos; y su eco cadencioso repercutía en las altas montañas y bajas serranías circunvecinas. Sólo una pequeña iglesia, o UN TEMPLETE SE HABÍA ERIGIDO por la piedad religiosa y el esfuerzo plausible de los habitantes cristianos de este Valle, junto al pueblo de indígenas de Canata, según reza en la preciosa documentación compulsada, al promediar dicha centuria”.
Sin embargo, el mismo Urquidi, en su “Toponimia Indígena de “Canata o Qjochapampa”, contradice su anterior afirmación al referirse al vocablo Lajma, que esta edificación fue construida el año de 1561. Se cree que en la edificación religiosa se emplearon ladrillos y tejas provenientes de esta zona situada en la parte meridional de la antigua Kanata y a orillas del Río de la Tamborada, prolongación del Rocha, donde desde aquellos tiempos ya existían fábricas rudimentarias de artefactos de alfarería, ladrillo y tejas.
Es posible, según Balderrama, que la ermita haya sido erigida por Garci Ruiz de Orellana o Pedro de Estrada, debido a que ésas fueron sus tierras y el primer cabildo de la Villa de Oropesa funcionó en casas de Estrada ubicadas en el flanco occidental de la actual Plaza Esteban Arze o de San Sebastián, que su hijo Andrés de Estrada la remodeló en el año de la fundación de la villa por Osorio.
La colina y ermita de San Sebastián

Destrucción de la ermita
Según algunas referencias recogidas por varios historiadores, la Ermita de San Sebastián fue destruida en 1731 después de que clavaron allí, el brazo derecho del caudillo Alejo Calatayud, mientras otras partes de su cuerpo eran repartidas en sendas picas clavadas en Jaihuayco y los caminos a Tacaparí, Arque y Sacaba. Además de la destrucción de la capilla, se ordenó que en el sitio donde estaba fuera rociado con sal, para que jamás creciera allí la hierba.
A la noticia de haberse nombrado un visitador de la provincia de Cochabamba, Manuel Benero de Balero, con la obligación de exigir a los mestizos el pago de contribuciones que se imponía a los indígenas, se sublevaron todos los pueblos y campos precisamente como una defensa de los mestizos que alborotaron en la agitación también a los indios. Así nació la subversión liderada en 1730 por Alejo Calatayud. Alzamiento en campos y villas; es decir, de indios y mestizos, desde Pocona, Arani, Punata, Cliza y Tarata hasta Queruqueru, Calacala, Sipesipe y Tiquipaya. Desde Sacaba, Quillacollo y Vinto hasta Carasa, Capinota, Arque y Tapacarí, señala el historiador Augusto Guzmán.
“Luego de varios días de agitación con tumultos que atacaban domicilios de españoles, victoriosos los alzados en el combate a las faldas de la colina de San Sebastián, Calatayud, como jefe del pronunciamiento, dictó al Cabildo reunido el 1º de diciembre, las capitulaciones que firmaron los cabildantes: y asumió el mando militar de la ciudad. Según el tenor de las capitulaciones don Juan José Mariscal Guerrero quedó de justicia mayor a la cabeza del Cabildo con descartamiento del corregidor titular don Pedro de Rivera”. (A. Guzmán).
Traicionado por su compadre, Rodríguez Carrasco, Calatayud es apresado el 31 de enero de 1731, bajo acusación de que “pensaba tumultuarse para el jueves de carnestolendas” y luego de una información rápida mandó darle garrote el mismo día del apresamiento. El estupor de la Villa subió de punto con la exhibición del cadáver de Alejo Calatayud en la colina de San Sebastián pendiente de una horca y con su bastón de mando sujeto a la mano en señal de irrisión póstuma. Por la tarde el cadáver fue reducido a cuartos y colocados los despojos en sitios de acceso a la colina. La cabeza del caudillo, conforme a la macabra usanza de la justicia española, se despacho a la Audiencia de Charcas, en muestra irrecusable de expiación y escarmiento.
“Adictos de Calatayud, que intentaron reaccionar contra Rodríguez Carrasco desde el cuartel de San Sebastián y la Ermita de la misma colina, fueron batidos y dispersados habiéndose incendiado ambos recintos en señal de liquidación total del alzamiento. Remitida la cabeza de Calatayud a la Audiencia de Charcas, Rodríguez Carrasco organizó un batallón de 500 hombres para aniquilar todo intento de reacción por parte de los amigos del infortunado platero” (A. Guzmán).
Según Roberto Querejazu Calvo en su libro “Chuquisaca 1538-1825”, la capilla fue derruida por 70 indios a sugerencia del oidor Manuel Isidoro de Mirones. Los bienes de Calatayud fueron confiscados, demolida su casa (que se dice estaba ubicada en la actual calle Nataniel Aguirre, frente al templo San Juan de Dios) y rociada con sal. Todos sus parientes fueron declarados “traidores, infames y rebeldes perniciosos”.
Desde entonces, el culto a San Sebastián, se trasladó a la Catedral de Cochabamba que lleva el nombre de este santo.
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