Apuntes sobre la crisis autonómica
No solamente nuestra UMSS atraviesa una profunda crisis política en torno al sentido de su propia existencia en la sociedad boliviana, pero sólo vamos a dedicarnos a la cuestión UMSS.
En efecto, las vehementes interpelaciones a la autonomía y el cogobierno universitario como el instrumento institucional óptimo apuntando a producir conocimientos científicos –precisamente la misión central de todo universidad–, o siquiera impartir las pericias técnicas propias a los estilos modernos de la vida entre cierta masa estudiantil, que hegemoniza el discurso político de docentes y estudiantes, caen en saco roto viendo los hechos.
Contextualicemos antes de analizar rápidamente algunos ejemplos. Durante sus orígenes a inicios del siglo XX, la reforma universitaria –inicialmente circunscrita a la autonomía– tuvo como propósito disociar a la ciencia de la religión, siendo entonces la dirección universitaria una potestad absoluta de la iglesia católica, y lógicamente, en la “casa de dios”, los dueños, es decir, los curas, no promovían –ni promueven– a “herejes” y “herejías” (justamente la ciencia pretende hallar una explicación para los fenómenos prescindiendo de dios).
Posteriormente, a la liberación del conocimiento científico ante la opresión de los dogmas de la fe, la autonomía universitaria incorporó al cogobierno docente-estudiantil adquiriendo un sentido más amplio: evitar injerencias políticas propias de los intereses coyunturales de los gobiernos de turno sobre la realización de sus fines científicos, mediante la libertad y pluralidad de las cátedras, como también, su asignación por meritocracia.
No obstante, como ya lo han señalado numerosos analistas independientes, sobre todo mediante columnas de prensa o en las redes sociales, en Bolivia, y sobre todo la UMSS, la autonomía universitaria ha trasmutado de paradigma libertario, a discurso oscurantista. Trotskistas, masistas y rosqueros la pregonan y comparten, todo puede ser menos someter a juicio la “santa autonomía”, aunque por supuesto, cada uno a su turno con intereses muy diversos.
Podríamos establecer una tipología tentativa de cuatro grupos en torno a dichos intereses 1. Ritualistas: elección tras elección interpelan el discurso institucionalista de la autonomía, jurando y perjurando defenderla a muerte, pero sin ningún afán de aplicarla una vez en el poder. Prevalecen en la UMSS, lo suyo cinismo y pura hipocresía.
2. Autoengañados: también numerosos, aducen que la crisis institucional y el modelo autonómico carecen de cualquier relación causal. Mientras tanto, el modelo de autonomía y cogobierno, sería un sistema idóneo de gestión universitaria pero para “el futuro”. Entre sus filas prevalecen los elementos con ribetes izquierdistas de la “pequeña burguesía autoengañada”.
3. Trostkistas y otras variantes fundamentalistas del marxismo: compuestos por minorías bien organizadas, viven igualmente autoengañados, interpretando la realidad mediante categorías conceptuales unívocas, impermeables a la experiencia personal u a todo pensamiento reflexivo capaz de poner en duda o amenazar sus propios dogmas. No obstante, a diferencia del segundo grupo, pregonan discursos academicistas –como realizar exámenes de competencia– con deliberada hipocresía buscando captar prosélitos para sus fines “revolucionarios”, sin percatarse, por supuesto, de que su realización implica liquidar a la universidad “del pueblo”.
4. Remanentes que no clasifican en los grupos anteriores, y aquí me incluyo. Si bien no somos muy numerosos ni homogéneos, ciertamente las esperanzas por una praxis y discursos congruentes radicaría sobre nuestra pronta articulación orgánica perseverando contra las morsas de colmillos largos. Eha, bastante improvisada esta nota pero sin duda promisoria… seguiremos.
El autor es economista.
Columnas de JUAN JOSÉ ANAYA GIORGIS

















