La “patria” que arde
Qué cuadro más dantesco aquel de las montañas en llamas y en las que cientos de personas impotentes nos movíamos como hormigas en pleno temporal. Abajo, aún retumbaban los ecos de los “festejos” a la “patria” que arde
Viniendo “patria” de patriarcado, pocos conceptos son tan evidentes en el grado de despotismo, inequidad y verticalismo que conllevan. Por ende, las guerras se constituyen en el principal cimiento que erige las identidades nacionales y los cultos militares, acríticos, dogmáticos y autoritarios, se perfilan como su alimento vital.
Los desfiles cívicos representan un símbolo estremecedor de eso. En Bolivia, la cuestión suele presentarse todavía peor, porque la cultura militarista del desfile viene acompañada de una casi nula asimilación real del bien común. Para percatarse de ello, sólo basta mirar cómo quedan las calles luego de los “patrióticos” espectáculos.
Igualmente, cual cruel e ilustrativa paradoja, es una constante que en el mes del aniversario de Bolivia, y en medio de los “festejos”, la “patria” sea devastada a partir de los enormes incendios que asuelan diversos rincones del país.
Tendrá que ver con los chaqueos, insana práctica que conlleva más contras que beneficios para la agricultura, no obstante, dado que el cortoplacismo y egoísmo colectivo impera, no merman. Detrás de las quemas estarán los loteadores y especuladores de tierras, cabal prototipo de lo más depredador, desconsiderado y nocivo de la comunidad. Tampoco faltan los irresponsables y mal entretenidos que provocan los siniestros por dañinería, estupidez y/o descuido. En todos los casos, está por demás delineada esa tendencia de desprecio y maltrato no solamente al entorno natural del cual dependemos, sino al bien común.
Adicionalmente, no es dable que generándose año tras año estos atentados a la naturaleza y a los más vitales derechos, no exista la capacidad institucional para prevenir y/o actuar con seriedad frente a esas calamidades. Así, mientras las autoridades gastan los recursos públicos en proyectos “estrella” que simbolizan el extractivismo desmedido e insensato, y lo más execrable del imaginario consumista y desarrollista, a consecuencia de la misma lógica, la “patria” se incinera sin que autoridad alguna haga algo oportuno y suficiente.
Lo acontecido en Cochabamba hace unos días, cuando el Parque Tunari, nuevamente, se vio envuelto en llamas, demuestra con creces esa precariedad institucional. Por ejemplo, no es posible que, con pompa y sonaja, se haya anunciado la compra de helicópteros “Bamby Bucket” para aplacar estos siniestros, pero a la hora de necesitarlos, resulte que ¡ni siquiera hay un piloto apto para operarlos! Si eso no es incapacidad institucional, ¿de qué otra forma la llamamos?
Ni qué decir de la lamentable inopia del equipamiento de policías, bomberos, soldados, lanzados a su suerte para contener el incendio, casi con las mismas limitadas herramientas que los ciudadanos, desesperados, improvisamos para actuar. Porque se comprende que el vecino desprotegido agarre humildes baldes y ramas para luchar contra el fuego, empero que ello ocurra con las instituciones que administran los recursos públicos, toman las decisiones en relación a la ejecución de las políticas públicas y manejan el aparataje institucional, una vez más, no denota otra cosa que una profunda desidia y negligencia gubernamental.
Por último, lo rescatable de las negras cenizas del suceso es la acción y solidaridad ciudadana que se movió a fuerza de desinteresado compromiso, dando cuenta de que no todo está perdido. Sin embargo, qué cuadro más dantesco aquel de las montañas en llamas y en las que cientos de personas impotentes nos movíamos como hormigas en pleno temporal. Abajo, aún retumbaban los ecos de los “festejos” a la “patria” que arde.
La autora es socióloga
Columnas de ROCÍO ESTREMADOIRO RIOJA




















