Libre comercio
La discusión, que se da en estos momentos a nivel de gobiernos, de las empresas y de la sociedad civil, parece girar en torno de dos conceptos opuestos: soberanía nacional vs federalismo
Durante los tres últimos años los Estados Unidos y la Unión Europea han tratado de negociar una zona de libre comercio que abarca casi la mitad de la economía mundial. El plan era de concluir las negociaciones este año, pero las diferencias siguen sin resolver y las negociaciones sobre el tratado comercial (TTIP) se encuentran con serios cuestionamientos en Europa y también en los EEUU.
Las negociaciones son difíciles y las circunstancias políticas adversas. Últimamente el gobierno francés pidió la suspensión de las negociaciones y gobierno alemán expreso serias dudas sobre la posibilidad de su conclusión exitosa. Las exigencias francesas de protección de sus productos agrícolas se conjugan con la salida de Barack Obama de la Casa Blanca junto con el equipo negociador norteamericano, subsiguientes elecciones en Alemania y Francia así como la inseguridad de la ratificación del tratado por el Parlamento Europeo y los 28 parlamentos nacionales. Del otro lado del Atlántico ninguno de los dos candidatos presidenciales norteamericanos se declaró en favor de TTIP. Además, las posiciones negociadoras difieren entre los países europeos y crece la ola de protestas en Europa en contra de TTIP. Es prácticamente imposible lograr el acuerdo este año, dicen los expertos.
TTIP, que parece la madre de todos los acuerdos comerciales futuros, se negocia dentro de un secreto relativo, lo que preocupa porque tendrá un impacto sobre la protección del medio ambiente, salud y otras reglas sociales muy arraigadas en las sociedades europeas y americanas. Greenpeace por ejemplo teme que con el nuevo acuerdo las corporaciones podrán reescribir las reglas ambientales, de salud, las normas de los productos e incluso desafiar a las políticas de los gobiernos.
El otro tratado transatlántico CETA, que debe ser firmado a fines de este mes entre Europa y Canadá también se encuentra fuertemente cuestionado. Los críticos de CETA consideran que el acuerdo va a destruir más empleos de las que creará, porque amenaza demasiado las normas de protección al medio ambiente, sanitarias o sociales europeas. Otros temen que las multinacionales agroalimentarias americanas que tienen su sede en Canadá podrán, gracias al acuerdo, penetrar los mercados europeos para inundarlos con la carne con hormonas y otros alimentos chatarra. Al mismo tiempo, los quesos franceses siguen prohibidos en los Estados Unidos por los reglamentos sanitarios. En el contexto de las negociaciones con los Estados Unidos la firma de CETA aparece como un globo de ensayo.
Es legítimo preguntarse ¿qué es “libre comercio” en tiempos de globalización?, ¿qué ventajas y desventajas ofrece? y ¿a quién? En primer lugar se trata de suprimir entre los países concernidos los aranceles y tarifas que se cobra en frontera para así proteger la competitividad de los productos nacionales. Es evidente que la “libertad de comerciar” beneficia en primer lugar al jugador más fuerte, capaz de conquistar más fácilmente nuevos mercados, instaurar el monopolio de facto, imponer la uniformización del producto y eliminar la competencia con el riesgo de eliminar a las marcas tradicionales. Con el comercio liberalizado los ganadores se volverán aún más poderosos mientras los agricultores europeos, ya en dificultades económicas, se pueden ver seriamente amenazados en su existencia. La real ventaja es que los precios para el consumidor pueden bajar, pero también la calidad del producto. La discusión, que se da en estos momentos a nivel de gobiernos, de las empresas y de la sociedad civil, parece girar en torno de dos conceptos opuestos: soberanía nacional vs federalismo.
Los futuros beneficios financieros del TTIP se calculan en 120 mil millones de Euros para la UE y 95 para los Estados Unidos, pero la conclusión del acuerdo no parece muy cercana, pues las diferencias y la confusión sobre sus implicaciones son demasiado grandes. El cambio que implicarían los acuerdos es importante y sería mejor saber de antemano a quién en última instancia beneficiara el “libre comercio”.
El autor es comunicador social.
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