Visiones con dos anteojos
El año 1967, surgió en una región del país un movimiento subversivo protagonizado en mayoría por elementos extranjeros, con propósito de establecer entre nosotros un régimen de gobierno análogo a otro consolidado en Cuba desde tiempo atrás, bajo visión doctrinal contraria a la predominante bajo el marco de un Estado de derecho.
Para ese efecto se organizaron previamente grupos armados irregulares bajo influencia externa denominados “ejércitos de liberación” que actuaron en su momento bajo la modalidad de guerrillas.
Iniciada la alteración mencionada, los gobernantes de la República cumplieron estrictamente su obligación de reprimir tal alzamiento armado que atentaba contra la seguridad y soberanía del Estado, pues tenía el propósito de sustituir radicalmente el orden social imperante para instaurar otro en su reemplazo con sistema de gobierno totalmente opuesto al consagrado por la Constitución Política del Estado.
Por censurable decisión contraria a normas propias de un Estado de Derecho, habiendo el Ejército nacional vencido a los revoltosos, esa legítima reacción fue mancillada por el asesinato del comandante del insurgente grupo guerrillero, Ernesto Guevara, apodado el “Che”, argentino nacionalizado en Cuba.
La acción legal que al respecto correspondía era someter a la jurisdicción ordinaria tanto a él como a los otros supervivientes, de conformidad a lo establecido en el artículo 115 del Código Penal, entonces vigente, que dio carácter delictivo a los actos de quienes intenten modificar la Constitución Política del Estado o transformar su sistema de gobierno.
Actualmente, la mayor parte de quienes sostienen o simpatizan con esa ideología, resolvieron dar adiós a las armas e imponer sus doctrinas por la vía electoral, como los nicaragüenses que llegaron en su país al poder por ese procedimiento, los actuales gobernantes del nuestro, y el reciente caso de guerrilleros colombianos.
En este mes se cumplen 50 años de esa muerte. Es comprensible que quienes se identifican con quien dio la vida en aras de su ideología conmemoren con respeto ese aniversario.
No es aceptable que sea precisamente el Presidente de la República quien organice una conmemoración que, por su magnitud, con invitaciones a delegados de gobiernos aliados suyos, no tiene cariz de remembranza discreta a una persona por él admirada, sino festejo en grande de una incursión armada procedente del extranjero que tuvo el ánimo de cambiar por la fuerza un régimen de gobierno establecido en la Constitución Política del Estado.
En enero de 2006, los que hoy nos gobiernan iniciaron su mandato (al que dieron carácter mayestático) prestando un juramento en sentido de que ejercerán sus funciones cumpliendo y haciendo cumplir la Constitución Política del Estado y nuestras leyes. Entre esas leyes están las que declaran delictivas en alto grado las acciones guerrilleras que se produjeron en nuestro país el año 1967.
Actúan a su antojo con visiones contrapuestas, en contra y a favor de atentados a la soberanía de los pueblos, haciéndose portavoces del siguiente epigrama:
En este mundo traidor
nada es verdad ni es mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.
El autor es abogado.
Columnas de JOSÉ LUIS BAPTISTA MORALES






















