Un año de Trump…
“Un año de Trump es suficiente” se han dicho los demócratas en el Congreso y han paralizado el funcionamiento del Gobierno federal americano en un llamado “shutdown” –cierre– presupuestario. En los Estados Unidos el Gobierno no puede funcionar sin presupuesto aprobado anualmente por el Congreso, que hasta el 19 de enero no pudo reunir los votos necesarios. El “shutdown” duró sólo tres días, durante los cuales a unos 800.000 funcionarios federales no-esenciales se les prohibió trabajar. Los senadores finalmente votaron un nuevo alargamiento presupuestario, sin avanzar nada sobre el controvertido asunto de inmigración ligado al debate. El acuerdo logrado a la rápida entre los dos partidos del Congreso prolonga las negociaciones presupuestarias hasta el 8 de febrero, pero la alianza de los moderados de los dos partidos debilita al presidente Trump.
El punto central del desacuerdo se refiere a la situación de los “dreamers” (soñadores) o sea unos 690.000 jóvenes inmigrantes ilegales que han llegado a los Estados Unidos con sus padres cuando eran menores de edad. La administración Obama les otorgó un estatus temporal de excepción que les permitía trabajar y estudiar en los Estados Unidos hasta regularizar su situación. La administración Trump revocó este arreglo en septiembre del año pasado con amenaza de expulsión a partir de marzo 2018, si el Congreso no decida de otra manera. Además de perjudicar al Gobierno, el “shutdown” arruinó las celebraciones previstas para el primer aniversario de la presidencia.
¿Qué logró Trump en el primer año de su mandato? Por un lado, logró hacerse acusar de colusión con la interferencia rusa en las elecciones presidenciales, retirarse del acuerdo climático mundial y del acuerdo nuclear iraní, poner al rojo vivo las relaciones israelí-palestinas y por el otro lado decretar una reforma fiscal, cambiar varias regulaciones específicas y realizar nominaciones masivas de los jueces federales, que se quedarán por docenas de años. Su mayor acierto es posiblemente estar a la cabeza de una economía floreciente, lo único que puede ser su mérito compartido con Barak Obama.
Trump no logró incrementar la popularidad que tuvo durante su elección. Tradicionalmente, los presidentes llegan a la cima de su popularidad poco después de haber llegado a la Casa Blanca y los sondeos de opinión les quedan favorables en el curso del primer año en el poder. Pero Trump no tuvo este periodo de gracia. Sólo de 35% a 45% de los electores están satisfechos de su trabajo.
El “shutdown”, por más corto que sea, ilustra hasta la caricatura el funcionamiento caótico de la presidencia de Trump, el mismo que desde los 12 meses está en campaña electoral permanente y prefiere exaltar sus electores más, que representar el conjunto de la sociedad americana. El equipo que lo acompaña está en un constante alboroto, cambio e improvisación. Trump se hizo conocer como un líder narcisista, con lenguaje vulgar e insultante, irrespetuoso de los hechos y de los medios de comunicación. Y más peligroso aun, como un belicoso comandante en jefe de un ejército más poderoso del mundo.
Entre bambalinas existe un debate sobre la salud mental de Trump y sobre la eventualidad de un ‘impeachment’ (destitución) o aplicación de la enmienda 25 de la Constitución, que dispone que el Presidente pueda ser reemplazado por su vicepresidente cuando se encuentre en la incapacidad de ejercer sus funciones. Esta eventualidad no se puede excluir. Trump es un presidente controvertido, que toma decisión a su antojo y gobierna sólo para una sola parte de los americanos.
El autor es comunicador social.
Columnas de STANISLAW CZAPLICKI

















