Mochilas
Cochabamba es el centro de la noticia por un supuesto caso de corrupción que involucraría a las autoridades del Gobierno Municipal, por la compra de mochilas destinadas a los escolares. Adquisición que, según la denuncia, tiene un sobreprecio. Es posible que así se lo demuestre o quizás el Alcalde de esa ciudad pueda desvirtuar la acusación, pero detrás de ésta y otras compras –en diferentes puntos del país– queda la certeza de que no se hacen las cosas bien.
Cuando se dictó la Ley de Participación Popular se reconoció a los gobiernos municipales y se los dotó de recursos económicos para que, desde el poder local, se incentive el desarrollo de esos territorios. Había que ponerse al día en muchas demandas insatisfechas por el Estado, pero no se lo debería hacer sin tomar en cuenta a los ciudadanos, a los profesionales, a los emprendedores locales; y en eso se ha fallado.
Las autoridades, los miembros del control social, usted, yo, poco hacemos para revertir una práctica que se lleva a cabo en todos los municipios: la compra de bienes y servicios en otras ciudades. Y el principio de la Participación Popular es que los recursos circulen en el área de influencia del Gobierno Municipal, pues de esa forma se dinamiza la economía por el apalancamiento de dinero de otras instancias.
No sé si habrá corrupción o no en la compra de mochilas chinas, pero sí sé que hay un cambio del principio mencionado. Unos dirán que es porque el coste es menor, otros por la calidad y algunos por la informalidad de los nuestros. Pero ese dinero que llega al municipio de Cochabamba, o al de Tarata, a cualquiera de nuestra geografía política, debería ir a las fábricas locales, a las pequeñas empresas.
Si los emprendedores no tienen la capacidad de hacerlo por sí solos, es posible que si se divide el lote se puedan adjudicar, la confección de las mochilas u otro bien, a contribuyentes con sede en algún municipio. Y si no hay un material como el importado, especificar en el pliego que el mismo sea algo que exista en el mercado. Un buen yute reforzado, un tocuyo, pero que el dinero sea para apoyar al ciudadano que invierte en casa y que paga sus impuestos municipales y nacionales.
Los proveedores locales podrán ofertar mejores productos en la medida que las compras de las entidades nacionales prefieran lo fabricado en casa. Así empezó la historia en todas partes, inclusive en la China que mejora la calidad de su producción en diferentes rubros. Y aquí el Estado tiene la palabra para adecuar la normativa con ese fin.
Mientras tengamos esa mentalidad y demos preferencia a lo foráneo, seguiremos siendo subdesarrollados con gobiernos municipales pobres, porque si sus ciudadanos lo son no habrá riqueza generada en casa y tan sólo se gastará lo que se recibe por las exportaciones de materias primas.
El autor es periodista.
Columnas de JORGE MELGAR RIOJA














