¡Ubiquémonos!
En otros tiempos se requerían horas de estudio en una biblioteca que no existe, o no es accesible, en Bolivia. Hoy en día, ni siquiera largas horas de lectura en alguna celda, para luego alardear de 25.000 libros. Supongo que muchos de ellos leídos, dejando para simpatía o antipatía del lector discernir cuántos fueron entendidos. Hoy sostengo que la sabiduría es saber buscar, en vez de almacenar el dato trivial de miles de millones de neuronas cerebrales. Un buscador, y ¡zas!, informarse en la pantalla de mil fuentes, así apenas se tenga 76.000 millones de neuronas de monito culo rojo o de vicepresidente sináptico.
Tanto tira y afloja sobre el asunto de reservas de gas natural del país, que resolví desasnarme sobre el tema. En efecto, el senador Oscar Ortiz de la oposición “sunchó los petos”, que en camba quiere decir azuzar el avispero, alegando que alarma el bajo nivel de 4,48 TCF de reservas probadas. El Ministro de Hidrocarburos le acusó de “conducta antipatriótica, asegurando que el Gobierno garantiza la seguridad energética al disponer de reservas de 10 TCF en 2006, 10,45 TCF en 2013. Con el 1,2 factor de reposición citado, cinco años más tarde, en 2018, se tendrían algo más de 10 TCF adicionales a los del año 2013: más de 20,45 TCF, si mi penosa aritmética no me falla. La cosa es más seria. El Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla) alerta de una caída abrupta en reservas. Llegarían a 7,4 TCF de gas y condensados. ¡Alaríla!
El año 2002, Bolivia tenía 52,3 TCF de reservas certificadas. Un ingeniero de la entonces prefectura chapaca hablaba de 150 TCF. Santa Cruz y Chuquisaca ni tironeaban Incahuasi. Todavía me quedan dudas sobre lo que pasó. ¿“Mamaban” las petroleras foráneas? Bastó la Nacionalización de Hidrocarburos para que reventara el globo en lo que respecta a reservas. Pero estoy seguro de que las palomas volaron a Camisea, Perú, ahuyentadas quizá por la jeta mussoliniana de Evo Morales que al frente de tropas militares ocupó campos “brasileros”.
Tal vez la clave está en entender cuánto gas hay en un trillón de pies cúbicos, “TCF”, y la diferencia entre reservas probadas, probables y posibles. ¿Qué significa TCF? Es abreviatura de “trillion cubic feet”, una medida de volumen de la industria petrolera angloparlante equivalente al billón o millardo castellano. Apelando a cifras del Sistema Internacional (SI), un cubic feet equivale a 0,028318846592 metros cúbicos. O sea, 1 TCF es igual a 2.831.684.659,2 metros cúbicos. Muchos ceros y decimales para mí. En cuanto a reservas, las probadas son aquéllas de las que se sabe a ciencia cierta; las probables quizá existan, todo depende de pozos exploratorios que requieren inversiones millonarias, carreteras y pistas de acceso de por medio; las posibles, porque tal vez hay gas en el altiplano, en Pando, en Cuchupunata, ¿quién sabe?
No tengo tiempo ni espacio para hurgar proyecciones propias que hice en el pasado. Apelo a cifras peruanas, que “actualmente tiene reservas de gas certificada de 11 TCF”, tiene un potencial de 50 TCF y “haciendo una regla de tres simple, resulta que el Perú tiene reservas potenciales mucho mayores a 50 TCF. Es decir, el potencial de reservas desde el punto de vista geológico es tremendo, pero faltan facilidades para los inversionistas”. Las reservas de gas “certificadas” son las probadas; las probables dependen de pozos exploratorios onerosos; las reservas “potenciales” son posibles desde el punto de vista geológico.
Con similar operación, según cálculos pesimistas del Cedla tenemos 7,4 TCF de reservas probadas de gas y condensados; según el Ministro, siguiendo “el plan de exploración y explotación de YPFB, hay 136 TCF en recursos convencionales” que, digamos, equivalen a reservas probables; las reservas “potenciales·, en este caso equivalentes a las posibles. Se tienen menos TCF que en el Perú.
Según un reputado análisis, “la producción sigue bajando”. Si el contrato con Brasil es de poco más de la mitad de la producción, el acuerdo con Argentina casi 40 por ciento y el consumo interno casi 26 por ciento, entonces faltaría gas natural para cubrir la demanda.
La clave, en mi opinión, es que “la historia reciente muestra que con las políticas actuales, Bolivia no logró interesar inversionistas en exploración ni siquiera cuando el precio del petróleo estaba en 140 dólares el barril”. Encima, el país es un piojo tuerto en reservas de gas natural. Un 80 por ciento de ellas está en otros continentes. A la cabeza, Rusia tiene 1.688 TCF de reservas probadas; Irán 1.187 TCF; Qatar otros 885,3 TCF. Otros 7 países forman el resto de los primeros 10; Bolivia brilla por su ausencia. ¡Ubiquémonos!
El autor es antropólogo win1943@gmail.com
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