Relaciones entre Iglesia y Gobierno
La reunión del presidente Morales, la Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB) y el Cardenal, y la posibilidad de generar espacios de diálogo y de intercambio, parecen dar cierta apertura para superar la distancia y las diferencias que se han generado desde la postura gubernamental de menoscabar y menospreciar el aporte de la Iglesia sobre las diferentes obras sociales, principalmente en salud y educación, que se implementan en el país como acción supletoria que le corresponde al Gobierno.
Tal parece que la relación de simpatía entre el presidente Morales y el Cardenal Toribio Ticona, que se han declarado como “amigos e indígenas”, logra ese acercamiento con la jerarquía de la CEB para allanar el camino y coordinar acciones que contribuyan a mejorar las relaciones entre Iglesia y Gobierno. El nombrado delegado de Gobierno seguramente será el intermediario para limar asperezas y llevar a cabo un trabajo conjunto en bien de la sociedad boliviana.
Lo que no cambia es la posición de la CEB, en su criterio ya expresado, sobre el respeto a los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016, además de su respaldo a monseñor Jesús Juárez arzobispo de Sucre, que también manifestó su postura de respeto por el 21F ante la actitud descarada del Gobierno y de los movimientos sociales que insisten en la postulación de Morales y García Linera, en el intento de violentar la Constitución del Estado, desconociendo los resultados del referéndum y asumiendo la sentencia del Tribunal Constitucional que no tiene competencias para dar vía libre a una nueva repostulación de los mandatarios en función de poder.
En esta relación de tensión y de conflictos que enfrenta el gobierno, los movimientos sociales con la oposición y las plataformas ciudadanas, el Cardenal Toribio Ticona Porco se queda en desventaja en la percepción ciudadana cuando dice “soy Cardenal de todos los bolivianos”, “no puedo defender a unos y dejar de lado a otros” y de solicitar que la Iglesia no haga política. Aunque esa actitud tibia e indiferente sobre el respeto del 21F le genera simpatía y respaldo de los movimientos sociales y del propio Gobierno que afirma que porque es un Cardenal indígena se lo “margina y desprecia”.
La Conferencia Episcopal de Bolivia, desde la Doctrina Social de la Iglesia, asumió siempre una posición crítica frente a grupos que detentan el poder violentando la democracia con golpes de Estado, conculcando los derechos humanos, cerrando el parlamento, los sindicatos y partidos políticos, como ocurrió en la dictadura militar y el cardenal Ticona lo sabe desde que fue sacerdote y después obispo de Patacamaya. Por eso extraña esa conducta evasiva de no asumir posición alguna en un tema que afecta al sistema democrático de todos los bolivianos.
La iglesia católica del país, tanto su ala conservadora como la progresista, asumió una actitud valiente y contestataria en la derrota de la dictadura del septenio de Banzer, apoyando la huelga de hambre de las cinco mujeres mineras a través de Luis Espinal, Xavier Albó, Julio Tumiri, presidente y fundador de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos de Bolivia, entre otros sacerdotes comprometidos con la doctrina social que desde el evangelio conduce a la defensa de la democracia, los derechos humanos, civiles, económicos y políticos que deben preservarse por encima de intereses personales o de grupos de poder que quieren perpetuarse indefinidamente.
Es de esperar que la acción del Cardenal Toribio Ticona, de aquí para adelante sea un factor de unión entre la Iglesia y el Gobierno y no de división o de tensiones a las que la jerarquía eclesiástica se vio sometida en el gobierno de Morales.
El autor es periodista y docente universitario
Columnas de CONSTANTINO ROJAS BURGOS


















