Consejos al Zar-Putin
A veces resulta instructivo sintetizar puntos de vista políticos e económicos. No será mala idea darlos para el camarada el Zar-Putin. Por puntos:
Primero.- Una sociedad moderna requiere de instrucción y medicina públicas y gratuitas. Naturalmente que las limitaciones económicas en el cuarto mundo, como en Haití por ejemplo, no permiten esto; pero en el tercer mundo es necesario implementarlo. En nuestra sociedad hay educación pública gratuita, pero no va lo mismo para la medicina; eso hay que remediarlo. En Rusia tienen ambas cosas desde tiempos de Stalin; en Europa es de norma. En Estados Unidos no es así, al menos en cuanto a la medicina y a la carencia de universidades gratuitas.
Segundo.- Los pudientes tienen capacidad de ahorro, mientras que la mayoría de la población no la tiene en muchos períodos económicos. Consecuentemente, es necesario que el estado, mediante lo mecanismos financieros que tiene bajo su control, incentive la redistribución.
Tercero.- El crecimiento económico, así como las grandes crisis y la guerras, facilitan la redistribución económica; pero no debe esperarse a las crisis, sino que tiene que preverse cuando la economía no crezca suficientemente.
Cuarto.- La planificación económica por parte del gobierno central puede ser importante para impulsar el desarrollo económico. Winston Churchill, por su experiencia como ministro de armamentos británico durante la primera guerra mundial, juzgó que si la planificación podía dar grandes logros en las guerras, también lo podría hacer en tiempos de paz. La economía stalinista se basó en esto y el gobierno de Putin lo debe tomar en cuenta.
Quinto.- Excesivas regimentaciones económicas pueden frenar y hasta ahogar el potencial de desarrollo económico de una sociedad. Consecuentemente, dejar accionar al libre mercado bien que facilita a la economía. Con esto como principio, es importante que un gobierno dirija la economía, pero sin coartarla en sus impulsos e innovaciones.
Sexto.- No es conveniente pretender que una economía sea plenamente estatizada ni plenamente privatizada; ambos extremos no son los adecuados.
Séptimo.- La religión debe estar en el ámbito privado, fuera del público. La experiencia es que el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, son tiranías en la medida en que pretenden abarcar al ámbito público. Y el que crea que el hinduismo, por ser politeísta es mejor, se engaña. Está bien que Putin se apoye políticamente en los conservadores rusos, pero el fantasma de Stalin, tan presente en Rusia, se opone con sus bigotes. Véase cómo en Estados Unidos la religión calvinista termina siendo un lastre, bien dispuesta a hundir a ese país; pero es largo que explique cuáles son los principios que cimentan el calvinismo. En otros países, la iglesia católica es el lastre, del que se han liberado checos, holandeses, cubanos y uruguayos.
Octavo.- Diferentes sociedades dan distintos énfasis a la sexualidad o a su represión. El camarada Putin y los rusos en general, requintan contra la militancia homosexual en muchos países. Aun así, hay que convenir que en Rusia hay más libertad sexual que lo usual en los demás países.
Noveno.- Es un verdadero escándalo cómo en Rusia las leyes no permiten la poligamia legal, siendo que cosa del 20% de su población es culturalmente musulmana. En esto no sólo ha intervenido la ortodoxia cristiana, sino que ha agravado las malas exposiciones de Engels en su libro sobre el origen de la familia, pese a que él mismo era bígamo. Ramzán Kadýrov, que es presidente de Chechenia en la Federación Rusa, ha determinado que la poligamia musulmana es legal en su país y punto. Es tiempo que los rusos se civilicen, adopten la poligamia y la adapten a los preceptos civiles del derecho que emerge del código napoleónico.
Décimo.- Del punto anterior sale lo obvio; que la mayoría rusa, de cultura cristiana, se impone sobre las minorías. En eso se debe volver al stalinismo. Deben recordar los rusos que la pechoñería rusófila de los dos últimos zares, Alejandro III y Nicolás II, fue un factor bien importante para llevar a la revolución de 1917. Es un etnocentrismo que debilita a Rusia.
Columnas de BERNARDO ELLEFSEN

















