Malgasto de tiempo y plata para nada
Habían pasado cinco años desde que Evo Morales cambió su postura personalista de andar de ñañas con Chile, cuyo mayor logro fueron “movimientos sociales” chilenos, quizá aleccionados, gritando ¡mar para Bolivia! en su Estadio Nacional. Luego el jefazo giró a egocéntrica denuncia a Chile en la CIJ de La Haya. De poco sirvieron 20 doctorados honoris causa, ni la impostura sabihonda de su Vice, para soplarle que dicho tribunal es de índole jurídica. Saltó el trasfondo politiquero al incluir a dos acosados exPresidentes, que amenazados con la cárcel lograron hasta una amnistía de sus líos.
Tanto mayor fue el porrazo del resultado adverso en La Haya, cuanto mayor fue el triunfalismo presidencial antes del 1 de octubre: “Evo tiende la mano a un Piñera en la defensiva”, “seguro que habrá buenas noticias”, etc. Tanto más penoso desmantelar inmensos equipos de música y retirar banderas, que ahora era el turno de la variante chilena de chovinismo popular.
De nada serviría el lamento boliviano del injusto encierro con el cuchillo mapochino en el coto en el Tratado de 1904; contraproducente fue la presencia del mandatario mismo, ¿a quién le gusta esa forma de presión?; ofensivo fue su canciller ensombrerado, despreciando el protocolo internacional de vestimenta; faltó nomás que la presidenta de la cámara de Diputados boliviana vistiese de tipoy.
Algunos ilusos pensaban que el lamento boliviano en La Haya llevaría a un país enclaustrado a despertar con grúas, espigones, dársenas y almacenes como en Rotterdam, el puerto más grande de Europa. La plata se malgastó en multitudinarios viajes de Juan, Sancho, Pedro y Martín, en costo de pasajes, hoteles, comidas y otros, rifando al menos un pie para obras en Ilo o en la Hidrovía Paraguay-Paraná: la visión pionera de Joaquín Aguirre Lavayén en Puerto Aguirre.
Es lamentable la ausencia de una política de Estado en cuestiones marítimas. Tal permite que un prorroguista Evo Morales sea presidente autoritario y canciller irresponsable, como Hitler. Fíjense en el cuarto de conversión de escarceos iniciales de besos y abrazos con Chile, para mostrar después las garras con un contencioso proceso en la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Hablan que el meollo actual del tema es reducir la dependencia de puertos chilenos. Aparte de la complicidad de bolivianos y chilenos en el contrabando delincuencial hacia Bolivia, está la realidad de la demanda de narices santiaguinas para la oferta de cocaína boliviana, tanto más favorecida por un Gobierno presidido por el jefe máximo de los cocaleros. ¿Acaso gran parte de la frontera bipartita, y con Perú, no está poblada de gentes que hacen del matuteo contrabandista la fuente de su fortuna?
Pero la cosa es aún más grave. Bolivia tiene accesos al mar. No es solo el andinocéntrico y también llorón como mujer de lo que no se supo (previó, diría yo) defender como hombre (la madre del último rey islámico de Granada, dixit): el Litoral perdido. Para mí es cosa de andinocentrismo, aunque para muchos al fondo yace un “Evo cumple” que opta por canchitas de fútbol y escuelas derrumbadas, a invertir en Ilo y otros puertos peruanos. Ni amazónicos de la beniana provincia Vaca Diez opusieron el pachamamismo oportunista de un canciller preocupado del efecto medioambiental en las represas hidroeléctricas brasileñas en el río Madeira y sus pares binacionales, con esclusas para llegar al río-mar, el gran Amazonas y al océano Atlántico.
Recién se acuerdan del único logro a cambio de miles de muertos en la Guerra del Chaco. Muchos la conocen como Punta Man Césped, honrando al poeta sucrense-cochabambino, aunque su artífice fue Dionisio Foianini, cruceño, en 1937. Es acceso soberano al Atlántico sobre la Hidrovía Paraguay-Paraná: Puerto Busch. He ahí una secuela de iniciativa privada en Puerto Aguirre, Quijarro y Jennefer, pero que dependen del paso por río brasileño, antes nuestro y cedido por otro “capitán del siglo”: Melgarejo.
Todo cuesta dinero, tanto más difícil ahora que el régimen de Evo Morales desperdició años de vacas gordas con inéditos excedentes de altos precios del gas natural y de los minerales bolivianos. La oposición debe concentrarse en el Plan B del Gobierno. Evo Morales debe ser la primera víctima del “peor fracaso histórico”, según el aimara Víctor Hugo Cárdenas, por enfoque prorroguista, soberbio y “parador” del proceso en La Haya. Quizá un lúcido cruceño como Óscar Ortiz sería una opción viable para Vice. Son mejores que, digamos, algún cocalero locuaz y alguna cruceña que menos tenga de bella médica y más de populista obsecuente al jefazo.
El autor es antropólogo.
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