Obras que no son amores
Se repite hasta el cansancio que las obras entran por los ojos y es por eso que cada año, cuando se aproxima cualquier efeméride departamental, a la velocidad del rayo se terminan plazuelas, puentes, carreteras y varios edificios que son entregados al son de fanfarrias musicales.
Están también obras como la futura sede del Gobierno Departamental, que no ha sido contemplada en el Plan Operativo Anual, pero a fuerza de torcer un poquito las leyes, ingresó a último minuto al plan para que se ejecute este año.
Al margen que sea una obra necesaria o que se justifique su construcción, está el hecho de que no es una obra que genera amores, sino, más bien provoca rechazo.
Hace poco estuve en Lima, y además de envidiar sus bien conservados monumentos y edificios patrimoniales admiré su Gran Teatro Nacional. No sólo porque permite que 1.493 espectadores puedan asistir a conciertos de Jonas Kauffmann o Joaquín Sabina, sino porque ha sido pensado para el pueblo.
Allí se nota que la inversión estuvo pensada en las personas y no en endiosar a figuras políticas de turno. Es un lugar que, con seguridad, trascenderá a presidentes y alcaldes. Funciona para y por los artistas. Por tanto se nota una inversión pensada en términos de valores intangibles y no tangibles, porque el arte es algo que se puede consumir en ese momento y en ese espacio.
La inversión en arte proporciona altos réditos. En menos de cinco días Lima tuvo dos óperas, Alcira y La Boheme, y el concierto del cantante Roger Waters. Todos llenos. Con personas satisfechas. Tanto las de escena como el gran público.
Y no se trata sólo de alegría momentánea, sino de pensar en una ciudad que quiere y brinda espacios de esparcimiento para una población tan similar a la nuestra. Con sus grandes diferencias económicas, brechas sociales y corrupción.
Daría mucho porque hubiera una sub sede de la fundación cultural del Banco Central en Cochabamba, o un fondo cultural dedicado al estímulo de las artes en todo el país y no sólo en La Paz o, soñando más alto, como comentábamos con Marcelo, un 10% de las noticias de los informativos televisivos dedicados a varios aspectos culturales y no sólo a resaltar a morenos y caporales durante el carnaval.
Cuán útil y gratificante sería para mi maestra de danza tener un ítem cultural, dependiente de la gobernación, para dedicarse a sus coreografías… y así miles de ejemplos que beneficien a todos y no sólo asfalto y cemento transformados en obras, que, al final de cuentas, son una obligación de las autoridades.
La autora es magíster en comunicación empresarial y periodista
Columnas de MÓNICA BRIANÇON MESSINGER




















