Entrañable cataluña española
Lo que sucede hoy en Cataluña es la expresión inequívoca de las acciones sediciosas de partidos minoritarios clasistas que pretenden imponer a la mayoría sus designios de independencia de España; es además una manipulación de políticos inhábiles para dirigir a un pueblo que ostensiblemente no desea separarse de España.
Es inconcebible el lirismo de los separatistas catalanes que, ante una hipotética separación que debería surgir de una reforma de la actual Constitución y del voto de la mayoría de los catalanes, creen y hacen creer malévolamente que serán admitidos inmediatamente en la Unión Europea, sujetos de credibilidad y crédito como nación; un dislate de los separatistas que eligen la dirección contraria pues el mundo asume en la actualidad una tendencia hacia la unión de los países y al consenso.
Continuando la línea de pensamiento de una hipotética separación de España, los separatistas no han meditado la incontrovertible realidad de devolver, previos avalúos, todas las multimillonarias inversiones e industrias asentadas en tierra catalana surgidas con el erario del gobierno central y que provienen de los impuestos de todos los españoles.
Obtener credibilidad como nación independiente es un proceso que insume decenas de años, sin la consideración importantísima que esa facultad se restringe significativamente en función al territorio, la demografía y los antecedentes como nación independiente. No disponer del aval de una nación consolidada política e internacionalmente constituye un gran escollo para acceder a ayudas internacionales y financiamientos, además que la propia historia como tal constituye una formidable referencia.
Los intentos disociadores, ahora con violencia, están engendrados por partidos políticos minoritarios que todavía mantienen en su espíritu la semilla perniciosa del racismo y la discriminación, deben producir una reflexión seria y muy meditada sobre la cardinal importancia de la unidad en la diversidad plasmada en Bolivia, salvo grupúsculos impenitentes en su racismo, lo contrario sería una apología al caos y una desconsideración histórica a los pueblos que son los que al final recogen todo el castigo de la impericia de los políticos.
Aquéllos no pueden desembarazarse todavía de sus sentimientos de superioridad enfrentados a la inclusión de todos, la falacia de una raza privilegiada y el desprecio a la diferencia.
Ineluctablemente es una realidad que toda Latinoamérica cultiva un profundo afecto y respeto por España, además de gratitud, pues el coloniaje con sus inmensas injusticias y arbitrariedades posibilitó la transición o el puente cultural que nos unió al mundo existente de la época.
Hoy el mundo es impensable sin el descubrimiento de América, aunque en un principio se observó a América Latina como el patio trasero, empero, la acción, fortaleza y progreso de todos los pueblos de América Latina se encargaron de arrojar por la borda tal prosaica calificación.
El autor es abogado
Columnas de RAÚL PINO-ICHAZO TERRAZAS




















