Procesos involutivos
Ellos son el principal rasgo del auto denominado “proceso de cambio”: la involución política, intelectual, institucional, jurídica y moral de la sociedad boliviana.
Un síntoma de la primera, la degradación de la política, es cuando vemos cómo, en nuestras narices, de lo que se trata para el partido gobernante, antes que nada, es de una repartija de puestos, sueldos y tajadas. En este desgraciado país, o país de desgraciados (en ambos sentidos) la repartija siempre fue otra causa eficiente –en todos los gobiernos– del eterno retraso y tercer mundismo nacional. El país de los buscapegas.
Pero lo de ahora, con el MAS, rebalsó todos los colmos. La competencia, la capacidad que teóricamente se exigen para designar a un puesto, a estas alturas simplemente no importan un solo comino. Lo único que cuenta es el grado de vasallaje y sumisión del posible funcionario público. Y de lo que se trata entonces es de capturar el Estado y sus dineros, no con tal o cual proyecto de país sino, y directamente, para beneficio propio y material. La eterna historia de que nada funcione bien. Así todo tiene algo, además, de cínico desprecio por el ciudadano. ¿Que si el Ministro de Educación –entre muchísimos ejemplos– sin duda será de lo peor? Pues tráguensela.
La degradación intelectual, a su vez, se da en dos niveles. Da la impresión, en primer lugar, que todo el aparato estatal estaría ocupado, de cabo a rabo, por personas de escasa inteligencia y que jamás leyeron un solo libro en su vida. El bajo nivel de las “autoridades”. En segundo lugar, esa degradación se da en el contenido ideológico discursivo bajo el que teóricamente se ampara el MAS. Este es el de una izquierda reaccionaria, arcaica (se quedó en la “revolución” cubana de hace medio siglo) ciegamente estupidizada e incapaz de ver males tan obvios, conocidos y que saltan a la vista, como los crímenes de lesa humanidad, cometidos por personajes tan payasescos y macabros como Maduro y Ortega –vergonzosos amiguetes de Evo el Fraudulento. Y todavía, aparte de esa izquierda reaccionaria, están los discursos indigenistas y telúricos de quienes nunca invirtieron un cinco en arqueología, es decir en conocer la historia de sus antepasados “originarios”.
La degradación institucional, a su vez, es lo que se da cuando una institución pierde toda independencia, autonomía, y se desconoce de principio la inamovilidad de un funcionariado público competente, entrenado y de carrera. Las instituciones fuertes e independientes son la condición sine qua non de cualquier desarrollo o progreso social. Las instituciones del primer mundo, recordemos, hacen igual su trabajo con cualquier gobierno y sin cambiar mucho. Ahí están, firmes, sólidas y aseguran las mismas naciones ante los embates difíciles. Gracias a ellas un país deja de ser un terreno baldío. Como lo es éste. Con duras penas estaban despegando algunas (Banco Central, INE, ABC, Cancillería) pero todo ese esfuerzo institucional, anterior a 2005, fue totalmente demolido. No queda una sola institución estatal digna, independiente y haciendo bien las cosas. Exceptuando posiblemente el TSE.
En cuanto a la involución moral, esta no sólo se origina en el hecho de que el anterior gobierno de Morales haya sido el más corrupto de la historia nacional, sino, y más preocupante todavía, que esa corrupción no pese ni importe ni espante a nadie. La gran votación obtenida por el MAS es prueba de ello. Ni el robo ni el fraude ni el abuso a menores le importa gran cosa a un buen porcentaje de la población boliviana.
De la absoluta degradación de la función y el poder jurídicos ya ni hablar. La “justicia” boliviana, como todos lo sabemos de memoria, es de las más apestosas del planeta. Siempre olía mal, pero creo que a partir de las “redes de extorsión” de 2012, esa distorsión típicamente masista, y luego con el uso de vasallos/fiscales/sabuesos todo acabó por hundirse en la más pestilente de las alcantarillas: exactamente donde está ahora.
Como ven, pues, el “proceso de cambio” derivó, en los hechos, en un peligroso proceso de degradación del país entero. Lo malo es que este clima de involución y retroceso generalizado, si bien fue alentado, propiciado y llevado a su cumbre por el MAS, igual concierne a porciones aún mucho más grandes de la sociedad boliviana. ¿Alguien se cree, por ejemplo, que el menos mal extinto Creeemos hubiera sido diferente en función de poder?
El gran problema de estos movimientos involutivos y retrógrados, cuando calan hondo, es que un país queda arruinado por décadas. ¿Volverán un día Cuba o Venezuela a ser países “normales”, en que el Estado deje de programarles las peores pesadillas a sus ciudadanos?
Para comprender la gravedad de esto, además, es necesario desembarazarse de la tonta, o ingenua idea, de que el alto porcentaje obtenido por Arce significara alguna bondad intrínseca del masismo, o que certificara de alguna escondida verdad de lo ‘nacional-popular’. En absoluto; lo que se ha hecho, más bien, fue condonar los múltiples destrozos.
¿Y alguien cree que Arce enmendará algo en los puntos señalados? ¿Con Evo incordiando eternamente en sus espaldas y en las del país entero? Bueno, si alguien lo cree, dejémoslo feliz con su esperanza.
El autor es escritor
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.


















