Quemen todo
Esto es común en Bolivia: “Quemen la casa de la periodista opositora, y la del exrector contrario a nuestras ideas”, “Quemen ese hotel fuera de nuestros límites”, “quemen tierras vírgenes para darles tierra a los interculturales, y ahí tengan nuevos cultivos de coca”, “aprobemos un decreto para la quema controlada”, “encendamos un fuego el primer viernes de cada mes, nos irá bien en los negocios”.
¡Vaya vocación de piromaniáticos! Quedando demostrado que el fuego es la única herramienta para que ciertos sectores “se salgan con su gusto”.
La ley indica que se debe quemar mercadería incautada al contrabando ¿No habrá mejores maneras de deshacerse de esa mercadería, como donarla al Banco de Alimentos?
Resulta curioso que éste y el anterior Gobierno defiendan a capa y espada a la Madre Tierra y aprueben un decreto de quema controlada ¿No sería mejor trabajar con tecnología apropiada para sacar mayor provecho de los campos de cultivo, en lugar de quemar tierra virgen?
Está visto que en 15 años de un supuesto proceso de cambio hay un retroceso a un estado primigenio de salvajismo, donde quemar todo es perpetuar un estado infantil donde el niño terco y caprichoso es incapaz del diálogo y concertación, y sólo sale con su gusto cuando destroza y quema.
De ahí que quemar a un gato en un martes 13, degollar a un perro vivo, o sepultar a una oveja en los cimientos de un edificio esté bien visto porque se trata de respetar las costumbres de un pueblo. Esa lógica perversa nos permite mirar de soslayo, y socapar la barbarie.
Por eso, estimado lector, no se extrañe que en agosto comiencen los grandes incendios en la Chiquitanía y pidamos auxilio internacional para sofocar los fuegos provocados en el lugar. De nada valdrán las lamentaciones, ni los pedidos de algunos influencers. Ellos serán pasto de las llamas de fuego digitales emitidas por los guerreros digitales que crecen en cantidad, pero no en neuronas.
Si algún agricultor está leyendo esta columna le pido que cambie su mentalidad y deje de creer que el fuego es su aliado. Si algún comerciante lee este artículo, le pido que haga su mejor esfuerzo para vender mejor y no use al humo y a las k’oas para convencer a una deidad de que mejore sus ventas.
Y si tanto uso se quiere hacer del fuego ¿Por qué no tomar el ejemplo de Singapur, un país que incinera la basura todos los días, y la energía generada por ese fuego sirve para generar electricidad? ¿O es muy complicado seguir buenos ejemplos?
La autora es periodista
Columnas de MÓNICA BRIANÇON MESSINGER















