“Mezcla”
Está demostrado científicamente que las “razas” no existen y que cada uno de los seres humanos que habitamos este planeta somos Homo sapiens. Ya se sabe que lo de las “razas” fue una construcción social que servía para justificar el despojo, sometimiento, exterminio y/o esclavitud de Homo sapiens catalogados como “otros” “menos humanos” en la lógica de culturas dominantes. Es más fácil someter y oprimir al prójimo “pensando” y asegurando que es “inferior” a ti.
La “clasificación” antojadiza de seres humanos en “razas” fue parte del pensamiento dominante por mucho tiempo y todavía se resiste a eliminarse del todo. Tanta fue su influencia que hasta las mismas ciencias sociales se crearon bajo las lógicas de ese pensamiento y, por bastante tiempo, estuvieron vigentes teorías antropológicas y sociológicas basadas en una pésima lectura de Darwin y que “enseñaban” que hay culturas “civilizadas” y “salvajes”. “Casualmente”, quienes inventaron esas categorías eran los “civilizados”. Por otro lado, ese pensamiento se imprimió en la conciencia colectiva, al punto que incluso pueden compartir sus pautas los grupos históricamente subalternizados y segregados por él.
Unas de las teorías antropológicas exponentes de ese pensamiento fueron las llamadas “teorías primordialistas de la cultura” que aseguraban que las culturas se edificaban a partir de “patrimonios genéticos” o “biológicos” innatos, en palabras simples, las “razas” u “orígenes étnicos” darían forma a las culturas. Desde esa errada lógica, no sólo habría distintos tipos de Homo sapiens, sino que los “orígenes étnicos” serían inamovibles como piezas de museo, a no ser que se “mezclen”. Empero, hoy, en pleno siglo XXI, cuando ya sabemos que el ser humano del color que sea, de los rasgos físicos que sea, del sexo que sea, de la nacionalidad que sea, del origen étnico que sea, es el mismo Homo sapiens, ¿de qué “mezcla” hablaríamos?
Una cosa es asumir la mezcla como algo genético-biológico y otra como un fenómeno cultural/social. Si bien el ser humano es el mismo animal en todo el planeta, no significa que no sea diverso en prácticas culturales y sociales (¿y acaso eso no es lo más interesante en el Homo sapiens?) y esa “mezcla” de culturas y prácticas sociales es la que se debe tomar en cuenta porque viene sucediendo a lo largo de la historia humana. En ese marco, los latinoamericanos tenemos tres grandes herencias culturales que han edificado y siguen edificando nuestra formación social: lo indígena, lo ibérico y lo afroamericano.
Sabemos que esa “mezcla” cultural deviene de una historia trágica e injusta, estamos conscientes de que resulta del sometimiento y esclavitud de unos sobre otros/as, entendemos que somos hijos/as de una violación. Pero ello no evita que esos tres legados culturales estén presentes en cada poro de nuestra existencia social e individual y de nada sirve negarlo. El asunto es cómo denominamos a esa “mezcla”.
Revisemos el término “mestizo/mestiza” según la RAE. La primera acepción dice: “Dicho de una persona: Nacida de padre y madre de raza diferente”. Es decir, que tal como está planteado ese término, desde el momento que alude a “razas”, está caduco.
Empero, una cosa es que esté caduco el término “mestizo/a” y otra negar una herencia de por lo menos tres vertientes culturales. ¿Por ejemplo, le valió de algo a la élite decimonónica latinoamericana negar su parte indígena y africana, pudo escaparse de ese importante legado en nuestra formación social? ¿Hoy, como reacción defensiva, tendrá sentido negar la presencia evidente de nuestra parte ibérica? ¿Acaso ustedes no me están leyendo en castellano? ¿Se puede escapar de nosotros mismos?
Se comprende la reivindicación de los grupos históricamente subalternizados y también la urgente necesidad de cambiar las mentalizades caducas que servían para oprimir. Pero recurrir a esencialismos étnicos que niegan una de nuestras influencias es también volver a los planteamientos de las “teorías primordialistas de la cultura” que proponían la “pureza” “originaria”, “ancestral” o “racial” por la que algunos abogan cuando no quieren aceptar una de sus herencias culturales.
El remedio ante cualquier esencialismo étnico es escuchar música. ¿Acaso la cueca no es preciosa simbiosis de lo indígena e ibérico? ¿Qué hay de la fusión religiosa y musical que representa la diablada? ¿El taquirari no remite a las cuerdas y cantos españoles entremezclados con melodías indígenas? Yendo un poco más allá, ¿acaso el mariachi o el bolero no expresan esa misma semblanza ibérico-indígena? ¿Qué hay de la indiscutible influencia africana en casi todos los ritmos populares latinoamericanos y en los mundialmente extendidos y masivos pop y rock?
¡Que los encargados del Censo escuchen un poco de música, de “nuestra música”!
Columnas de ROCÍO ESTREMADOIRO RIOJA


















