No nos doblegaremos
Los Tiempos ha establecido una posición clara con respecto a la artera y nociva campaña de asfixia económica que se ha aplicado en su contra: no se dejará doblegar. Es decir, este diario está consciente de que el propósito de estos ataques es cercenar el derecho a la libertad de expresión y dejar que esta acometida siga su curso afectará no sólo al diario, sino también a la sociedad y, en consecuencia, a los fundamentos de la democracia.
No es solamente que este diario rechaza el uso político y arbitrario de la pauta publicitaria pública, lo cual vulnera la Constitución Política del Estado y la Convención Americana sobre Derechos Humanos, porque es instrumentalizada como un mecanismo para premiar a aquellos medios que reproducen, como correas transmisoras, el discurso del poder y castigar a aquellos que practican un periodismo independiente, crítico y que busca informar y denunciar los excesos y abusos del poder, sino que fundamentalmente ha denunciado que se aplican medios indirectos, bajo el control del Estado, que vulneran, como expresa el citado Pacto de San José, el derecho humano y constitucional a la libertad de expresión.
Hemos identificado esos medios indirectos: fiscalizaciones impositivas, una tras otra, con el fin de establecer cargos y penalizaciones; fiscalizaciones de la autoridad empresarial del Estado, AEMP, con el mismo fin y también presiones de la justicia sumisa al MAS. Esta estrategia de acoso y de asfixia se ejecuta con el fin de lograr el traspaso del control de la compañía a un empresario vinculado al MAS, Eduardo Valdivia Zambrana, quien ha demostrado que puede manipular tales medios indirectos y, además, interponerse en la venta de los bienes improductivos que posee la empresa editora de Los Tiempos, con el inequívoco fin de impedir que mejore la situación financiera del diario y, en consecuencia, consolidar la propiedad a su favor, para transformar al periódico en una caja de resonancia del poder.
Lo que Los Tiempos considera inaceptable es que Valdivia Zambrana active, mediante la compañía ICC, que compró las acciones minoritarias del exsocio Mauricio Canelas Montaño, esos medios indirectos para consolidar su actitud hostil, con el objetivo de tender un cerco e impedir que esta casa periodística venda bienes improductivos para sortear la crisis. No es cuestionable ser un medio aquejado por la crisis, agravada aun más por la pandemia: ¿no comparte nuestro periódico esta difícil situación con otros medios del orbe y otras empresas del país, periodísticas o no, que experimentan los mismos problemas? Lo cuestionable es que se activen medios indirectos de presión, como las fiscalizaciones impositivas y de la autoridad estatal de empresas y hasta de la justicia, muy bien calificada como “podrida”, para impedir que nuestra empresa matriz salga a flote.
La jurisprudencia interamericana es clara al vincular la manipulación de estos medios indirectos con la vulneración del derecho humano y constitucional a la libertad de expresión. Los medios informativos tienen derecho a realizar su labor en forma independiente. Al restringir la libertad de expresión de un medio, también se lesiona el derecho de las personas a recibir información. Y es por esa razón que Los Tiempos no se doblegará y mantendrá su línea de casi 80 años de periodismo libre, en búsqueda de la verdad, para fortalecer a la democracia.





















