Anuario 2017 de Los Tiempos: un año demasiado intenso
En el primer editorial de este año que termina escribimos que "la única certeza que hay (en 2017) es que en el planeta y en el país reinará la incertidumbre y tendremos que dotarnos de novedosos instrumentos de análisis y reflexión para poder determinar corrientes de acción".
Y realmente ha sido un año lleno de eventos que, si bien su trascendencia es difícil de determinar, permiten afirmar que se trata de signos de los tiempos sobre la transición a una nueva etapa de la historia de la humanidad. Nueva etapa en la que, como siempre, conviven en fricción permanente lo viejo, que no termina de morir, con lo nuevo, que no termina de nacer, como dice una ya antigua frase recurrentemente utilizada.
Una tensión planetaria es que los mecanismos de representación política gestados desde el fin de la segunda guerra mundial del siglo pasado y que con diversa densidad se fueron extendiendo por el mundo no responden ya a las demandas ciudadanas, razón por la que en vez de generar nuevos paradigmas acordes con los cambios que se han presentado particularmente en el campo de las comunicaciones y la economía, muchas miradas -tal vez demasiadas- se vuelcan hacia el pasado y nuevamente se sienten atraídas por proyectos autoritarios que tanto daño han hecho al ser humano.
Adicionalmente, surgen liderazgos antidemocráticos que se han hecho del poder en las principales potencias del mundo, preocupantemente en EEUU, Rusia y China, que parecería que avanzan hacia una nueva forma de guerra fría como forma de expandir su dominio mundial. Quedan atrás en este escenario propuestas ideológicas y más bien dominan el espacio corrientes autocráticas en expansión que las utilizan de acuerdo a sus necesidades e interlocutores.
En el país se está forzando la creación de un escenario de esta naturaleza. El desconocimiento a la voluntad ciudadana democráticamente expresada en dos procesos electorales (el referendo del 21 de febrero de 2016 y el resultado de las elecciones judiciales de este año) para que el grupo político en el poder se prorrogue en forma indefinida en la administración del aparato estatal, es una muestra clara de regresión, como lo es el copar todos los espacios de poder.
Probablemente, por la decisión de dar prioridad a buscar la habilitación indefinida del Primer Mandatario como candidato, la ineficiencia en la conducción de la administración del Estado ha sido la constante. No sólo que no se está adoptando medidas precautorias para enfrentar los efectos de la crisis económica mundial (otra cosa había sido gobernar con menos recursos), sino que la corrupción ha invadido el aparato estatal y se expande en la misma medida en que las autoridades quieren negar su existencia. Además, 2017 es el año en que con más decisión el Gobierno ha decidido incumplir sus principios de respeto al medio ambiente y a la participación de las comunidades originarias a ser actores principales de su desarrollo.
Asimismo, 2017 muestra a una sociedad desorientada que, si nos atenemos a diversos análisis socioculturales, intuye lo que quiere, pero no sabe cómo lograrlo porque no encuentra pilares que la sostengan detrás de un objetivo común.
De una u otra manera, este anuario, lamentablemente, refleja ese estado de situación.
Nuestra esperanza es que, como en otras épocas de transición, vayan surgiendo acá y en el mundo nuevas opciones dirigidas a hacer de este mundo un espacio incluyente.
A continuación, el detalle. Haz click en la imagen:



























