Peor imposible
En algunas familias criollas cochabambinas se estilaba hasta no hace mucho, las visitas sorpresa, que consistían en que un familiar o amistad se presentaba en la puerta de casa de su anfitrión, sin invitación ni aviso previos, acompañados de un buen plato de chicharrón, la célebre ch’ánka de conejo, o algún picante valluno. No podía faltar la tradicional damajuana de chicha. Así, sin protocolo, se armaban unas farras de padre y señor mío. Tampoco faltaban aquellas otras visitas inesperadas, motivadas por una “denuncia”, sobre algún mal comportamiento conyugal, en este caso, padres o padrinos se presentaban por sorpresa y enderezaban a sus miembros a fuerza de reflexión o castigo. Actualmente, aparecer por sorpresa, para bien o para mal, ya no es bien visto, además de incomodar al visitado, uno corre el riesgo de no ser bienvenido o simplemente recibir un portazo. Es mejor anunciarse.
Si tenemos presente, que así como en la sociedad doméstica, existen mínimas reglas de conducta, en la sociedad internacional en la que uno de los actores más importantes son los Estados a través de sus representantes, las reglas de cortesía y el protocolo no sólo son necesarios, son imprescindibles.
Me valgo de esta introducción, para referirme a la “visita inspección” efectuada en días pasados, por una nutrida comitiva de autoridades y parlamentarios bolivianos, que a la cabeza del Canciller boliviano, se presentaron en instalaciones portuarias de ese país, con el propósito de constatar in situ, los abusos y actos discriminatorios que sufren nuestros operadores del comercio internacional, la cual pudo verificar que efectivamente, especialmente los transportistas y la carga boliviana, desde y hacia ultramar, sufren muchas trabas y deben sortear serias dificultades y sufrir penurias en territorio chileno.
Como conclusión general de la visita, me permito afirmar que el Gobierno araucano, vía privatización, supo no sólo deslindarse de la responsabilidad de garantizar el “perpetuo, libre, irrestricto e irrecíproco” tránsito, que está obligado a darle a Bolivia a través de su territorio y puertos. Chile, no sólo le quitó el cuerpo a la obligación emergente del Tratado de 1904, sino que encontró la fórmula para lucrar con el pretendido libre tránsito. Los concesionarios le pagan por explotar los puertos, y en los casos de Arica y Antofagasta, a costa de nuestros operadores. Debe quedar claro, sin embargo, que el tratado no contempla gratuidad, especialmente por las operaciones portuarias.
Debemos ser conscientes de que, si no se hacía la “visita inspección” en la forma en la que se hizo, los hallazgos y las constataciones pudieron haber sido distintos y el trato dispensado al Jefe de la Diplomacia boliviana y los miembros de su comitiva hubiesen sido diferentes.
Cabe acá un paréntesis autocrítico necesario, respecto a los transportistas bolivianos, producto de su conducta en nuestras ciudades y carreteras. El comportamiento de muchos, dentro de nuestro país es deplorable, especialmente en lo que a respeto de las normas de tránsito y reglas de urbanidad se refiere. Una vez cruzada la línea de la frontera, las normas a respetar y sus autoridades ya no son las nuestras y es probable que ello los violente, pero no les queda otra. Esto no da derecho a las autoridades del vecino país para abusarlos o discriminarlos.
Haciendo relación con la valluna introducción de este artículo, todas la visitas por muy inesperadas que fueran, debieran considerarse bienvenidas, si anunciadas y respetando protocolos mejor. Así: a) las formas de la “visita inspección” a puertos chilenos fueron desastrosas en términos de conductos y cortesía internacional, b) los hallazgos y las constataciones ponen en evidencia a un vecino cuyas autoridades le mienten a la sociedad internacional cuando afirman que Bolivia goza de libre tránsito, y c) Chile incumple de manera flagrante el Tratado de 1904, especialmente en lo que a libre tránsito se refiere.
Para finalizar, la molestia de las autoridades chilenas es comprensible, especialmente por las formas de nuestra inesperada “visita inspección”, pero la reacción de su diplomacia, traducida en la denuncia del tratado sobre exención de visas, particularmente a diplomáticos bolivianos, es, por decirlo en términos diplomáticos, un soberano despropósito. Peor imposible.
El autor es abogado.
Columnas de WILLY WALDO ALVARADO VÁSQUEZ

















