Nietzsche: Eterno Retorno a 116 años de su muerte
Fue Diógenes el Cínico quien, movido por las convenciones sociales, se propuso, casi como forma de vida, hacer frente a las reglas que la sociedad tiene para jugar a la rueda sin fin: la riqueza, las costumbres. Y lo hizo frente a Alejandro Magno. Diógenes salió por las calles a plena luz del día con un farol para buscar a hombres honestos, pero cuando Magno se le acercó, el habitante del tonel le pidió amablemente que se retirara, pues su presencia le impedía ver con claridad esa búsqueda que afanosamente se convertía casi en una obsesión. La búsqueda de ese hombre al cual las raíces naturales le hacían ser lo que era. La esencia de un ser que, a pesar de tener la mortalidad, también cobijara en su espíritu la inmortalidad del superhombre.
El hombre pertenece a la tierra, dice Nietzsche, él es terrestre, sus pies deben estar fijados en terreno firme. “El Superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de la tierra!”
Cuando se descubre la luz en la obra nietzscheana, se hace forzoso establecer tres puntos equidistantes en cuanto a su contenido y su fondo interpretativo: el hombre, el humano y el orgullo. En cuanto a su contenido, fluye una vitalidad paradójica, pues al tiempo de ser un thanatos, también es un eros.
Lo interpretativo constituye una referencia de la vida, no es esa descripción didáctica de la existencia, es más que todo una sinfonía metafórica que juega con la ironía, la parábola y la Voluntad de Poder, de no ser un Decadente, de vivir la vida sin ser un amanecer ni un crepúsculo, sino, de poseer el fuego que nace del hombre, de la tierra y se convierte en el “Superhombre”.
Cuando se hace un alto en Zaratustra, se arrastra hacia sí el más profundo de los pantanos y la más elevada de las cimas, se transporta en el subconsciente ese amanecer kafkiano que sobrevive a expensas de la imaginación y el duelo constante entre el Espíritu de la Pesadez y el porvenir de la esperanza, la pesadez es quien devora la luminosidad. Zaratustra es el nacimiento a una nueva felicidad, similar a “Ecce homo”, anuncia al más común de los mortales en medio de la multitud. Sí, Zaratustra es la construcción más elevada del hombre, fue dada a luz, o más bien construida “a 6.000 pies más allá del hombre y del tiempo” en esos paseos forzados y cortos por las márgenes del lago de Silvaplana, rodeado de bosques.
Cuando el 15 de octubre de 1888 Friedrich Nietzsche cumplía 44 años, ya existía dentro de él una necesidad indulgente de contar y contarse su vida. Ecce homo es la confesión más resonante del Ser. “He ahí al hombre”, al más frágil de los mortales, al corazón de hierro. ¿Pero, le fue lícito exclamar con vanidad desmedida que era el inicio de la sabiduría?. ¿No es verdad que es propio de dementes decir: “Por qué soy tan sabio”, “Por qué soy tan inteligente”, “Por qué escribo tan buenos libros”, “Por qué soy un destino”? Un loco, sí, pero un loco genial.
Ese mismo 1888 que dio luz a Ecce homo, también sirvió para que Vincent Van Gogh se autorretratara y se liberara de esa fatalidad sin testigos. Fue el regalo de aniversario para su madre. Ella, recibió el presente como la más desgarradora de las imágenes, como si ante sus ojos se anunciara que un año más tarde Van Gogh se suicidaría. Un loco, sí, pero un loco genial.
¿Existe algo en común entre la clínica de nervios de Basilea y el hospicio de Saint-Rémy, en Provenza? ¡Sí! Ambos sanatorios, respectivamente, cobijaron los cuerpos de Nietzsche y Van Gogh.
En 1889, Friedrich es internado en la clínica de Basilea. El diagnóstico, “parálisis progresiva”. Aunque no paralelamente a Nietzsche, Van Gogh se internó voluntariamente en el hospicio de Saint-Rémy pero no por mucho tiempo, a escasos 15 meses fue dado de alta y sin más reparo en su delicada existencia, se quitó la vida de un tiro.
1879 es la época en que la salud de Nietzsche se encuentra en pésimas condiciones, los dolores de cabeza y de ojos se hacen más agudos y persistentes. Su vida se hace más crepuscular.
“En el fondo, quien tiene sobre su consciencia este libro es el señor Peter Gast, que entonces estudiaba en la Universidad de Basilea y que se hallaba muy ligado a mí. Yo dictaba, con la cabeza dolorida y vendada; él transcribía, él corregía también. Él fue, en el fondo el auténtico escritor, mientras que yo fui meramente el autor”.
Sus veranos celestiales los pasa en la Alta Engandina, donde el Ocaso de los Ídolos se va convirtiendo en la más nueva de las verdades, también para Nietzsche es una verdad esperada, reveladora, que tiene que gritar y combatir contra todos los que echaron fuego sobre sus escritos. La verdad ante todo, sí, pero la verdad no como un inicio transitorio, sino como una infinita renovación.
El aire frío y familiar del invierno de Naumburgo, sumen al anticristo en ese recuerdo alejandrino, en esa fuerza juliocesarina que no se desvía de los fantasmas que le había dejado su padre, por supuesto, una relación extremadamente unida.
Del 3 al 7 de enero de 1889 envía una serie de cartas y postales a diversos amigos, manifestándoles sobre su demencia. En 1892, su fiel amigo Peter Gast (Pedro el Grande) comienza a preparar una edición de las obras completas de Nietzsche; luego de un largo período se presentan las primeras manifestaciones paralíticas cada vez mayores. Es irreversible su recuperación, él reconoce que ya no podrá aliviarse. En 1897 se lamenta la muerte de su madre Franziska, un hecho concretamente sin importancia para Friedrich, pues casi nunca habló bien de ella.
A tres años de la muerte de su madre, el 25 de agosto de 1900 y, acompañando también el deceso de Oscar Wilde, el velo de la eterna voluntad se desgarró y el llanto del superhombre ascendió hasta el infinito para estremecer los huesos del espíritu de la pesadez. Friedrich Wilhelm Nietzsche había dejado de existir.
El autor es comunicador social.
Columnas de RUDDY ORELLANA V.





















