El carnaval de Oruro
El Carnaval de Oruro, Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, tiene su origen en las invocaciones andinas a la Pachamama (madre tierra), al tío supay (diablo) de los parajes mineros y la Virgen Candelaria; integra devoción religiosa, cultura, arte, folklore y mística.
Este mágico sincretismo, entre la fe y devoción a Nuestra Señora del Socavón y manifestaciones folklóricas, tiene su mayor manifestación en un recorrido de miles de devotos danzantes en la entrada del Carnaval, desde tiempos prehispánicos y coloniales.
Diversidad de leyendas, ritos y tradiciones explican los orígenes de esta gran celebración. Existen al menos cinco versiones sobre la aparición de la Virgen de la Candelaria. La mitología andina habla de que Huari, un semidiós del fuego, envió víboras, hormigas y sapos contra el pueblo Uru, contra quienes se enfrentó una bella Ñusta que bajo del cielo y convirtió a esos animales en piedras y arena. La Ñusta era la Virgen de la Candelaria.
Los historiadores sostienen que a Huari, los mineros que entraban en las vetas, por temor, lo llamaron "Tío". De esta manera, se ganaron el beneplácito de la divinidad y obtienen su recompensa con la entrega de las riquezas terrenales, pero cuando está enojado ocasiona derrumbes dentro de la mina. Y para congraciarse con la Virgen, invocan su protección al ingresar a la mina.
Otras dos leyendas, del Nina Nina y del Chiru Chiru, se refiere a la aparición de la imagen de la Virgen a estos personajes en una cueva en el cerro Pie de Gallo, momento a partir del cual se la reverencia durante tres días al año, usando disfraces que representaban la figura del diablo.
LEYENDA DE TATA SABAYA
La imponente montaña Tata Sabaya es la Jach’a Pukara (fortaleza sagrada) de la comunidad aymara de Sabaya en la provincia del mismo nombre.
Según la leyenda, vivía en esa región una doncella, Kariquima, de la que se enamoraron por su belleza los mallkus Sabaya y Sajama. El primero animado por los yatiris enamoró a la doncella; en tanto, el soberbio Sajama, al enterarse del idilio rompió en cólera y tramó una emboscada en la que utilizando su honda hirió a Sabaya, le destrozó los dientes. Sabaya huyó por el extenso salar de Coipasa, donde escupió sangre, con el tiempo cada escupitajo se convirtió en aislados y pequeños cerros (llamados hoy "Sikaa Qullu Qullunaka")
Sin embargo, Sabaya no se rindió y, en venganza, envió conejos silvestres para que comieran la espalda de Sajama. Éste envío a su sirviente a buscar un antídoto donde su hermano Illimani. A su retorno, encontró a Sajama moribundo, le cubrió la espalda con densa niebla que luego se convirtió en nieve, congelando a los conejos.
LEYENDA DEL NINA NINA
Cuenta la leyenda que en el año 1789, cuando la minería estaba en su auge y Oruro se proyectaba como una ciudad ambiciosa de prosperidad, acechaba en esa ciudad un ladronzuelo de triste figura, pero con una picardía encendida por lo que los pobladores le apodaron el Nina Nina.
Este bribonzuelo tenía la costumbre de robar en las noches las casas de los acaudalados y la policía nunca podía atraparlo, y cuando lo hacía, éste desaparecía del lugar.
El fruto de sus fechorías, Anselmo Belarmino repartía entre los menesterosos.
Pero por la ambición, un día entró a robar a la casa de una familia necesitada, perdiendo la gracia protectora. Fue sorprendido por los dueños de la casa, quienes lo hirieron con un puñal y le dejaron en la calle, dándole por muerto.
Arrepentido, el joven invocó a su protectora, la Virgen de la Candelaria, quien compadecida del dolor de su hijo lo llevó hasta su guarida, muy cerca del socavón de la mina, en el cerro Pie de Gallo, y le asistió en su agonía.
Los pobladores, extrañados por la desaparición de Nina Nina, le buscaron por todos lados y cuando lo encontraron grande fue su sorpresa, su cuerpo sin vida estaba a los pies de un retrato pintado de la Virgen de la Candelaria.
A partir de ese día y por la cercanía a la bocamina del yacimiento de plata, los lugareños la llamaron la Virgen del Socavón y resolvieron reverenciarla durante tres días al año.
LA LEYENDA DE HUARI
El semidiós Huari había hecho su guarida dentro los cerros de Uru Uru, en cuyas proximidades habitaba un pueblo Uru, fiel al dios Inti (Sol). Todas las mañanas, Huari era despertado por la primogénita y bella hija de Inti, Huara (Aurora), enamorándose de ella. Al intentar tomarla a la fuerza provocó la ira de Inti, quien le encerró en su guarida.
Huari tomó la forma humana e inculcó odio y envidia a los Urus, quienes abandonaron el trabajo y dejaron de orar a Inti. Además, en venganza, desencadenó cuatro plagas sobre el pueblo: una víbora, un sapo y un lagarto de tamaños descomunales e innumerables y voraces hormigas.
Pero, después de copiosa lluvia, se abrió el cielo cortado por un arcoíris, de donde salió una Ñusta de singular belleza que se enfrentó, en batallas épicas, a las plagas, dejando los rastros de los monstruos petrificados por diferentes sectores. El pueblo, en agradecimiento, decidió vestirse de diablos, personificando a Huari, dando origen así al Carnaval.
LEYENDA DEL QUIRQUINCHO
En épocas, cuando las plagas atacaban a Oruro, muchos quirquinchos habitaban en las riveras y faldas de los cerros Pie de Gallo y Pampas Arenales en representación de la Virgen del Socavón. Vivían felices y tranquilos, hasta que percibieron que algo catastrófico iba a pasar.
Los quirquinchos sostuvieron un gran cabildo y decidieron irse al oeste donde se oculta el sol, junto al Tata Sabaya y Sajama. La noche del Sábado de Tentación dejaron su habitad, tenían que marchar sin darse la vuelta.
Cuando llegaron al lugar llamado "Vito", el anciano jefe decidió descansar un rato y le dio un profundo sueño. Se quedó al centro de los cerros detrás del río Chusaqeri mientras los demás siguieron caminando sin descanso. Pero, desesperados por la falta de un jefe, se empezaron a diseminar por el lugar y ante el susto, a escarbar para ocultarse bajo la tierra.





























